lunes, 5 de enero de 2015

¿Y si el fin de ciclo no está tan cerca? Por Gustavo Cirelli

Contra todos los pronósticos, el kirchnerismo arranca el 2015 con fuerte capital político para la carrera electoral.

En las últimas horas se cayeron como un débil castillo de naipes expuesto a una simple brisa de verano las profecías catastróficas que auguraban un Fin de Año teñido por todo tipo de desgracias políticas y sociales; y aventuraban un arranque de 2015 con los argentinos expulsados a padecer a la intemperie los avatares de una crisis fulminante, terminal.

Cerró el 2014 sin estrépito social, ni saqueos ni otro tipo de incidentes como los que precedieron en los diciembres de 2012 y 2013, en los que la sociedad debió enfrentar, incluso, hasta la irresponsabilidad criminal de una extorsión de policías acuartelados. Afortunadamente el brindis del 31, ese momento cargado de sensaciones encontradas entre el balance por lo que ya fue y la expectativa por lo que vendrá, se concretó en paz.

Es de imaginar que cada vez sean menos los que piensan en un fin de ciclo que no llega, aunque hagan la mueca pública de contar los días que faltan para el 10 de diciembre. Arrancó el 2015.

Lo que vino de inmediato fue el vencimiento de la clausula RUFO y el mundo siguió andando al igual que la discusión con los fondos buitre, y la instalación y el respaldo en el exterior de la posición soberana de la Argentina de desendeudarse pero "en condiciones justas, razonables y sostenibles" como definió el ministro de Economía Axel Kicillof en sus primeras declaraciones públicas de 2015. Horas antes también, en un hecho inédito, las estaciones de servicio debieron modificar el precio de las naftas, pero esta vez, bajándolos en un 5 por ciento.

Se fue diciembre en calma, con buen nivel de consumo y una perspectiva de crecimiento de un 2% para el año que acaba de comenzar. Hasta los precios defraudaron a los agoreros: la medición pública y las consultoras privadas estimaron una desaceleración en la inflación.

Otro dato de relevancia política: como corolario de 2014, desde la iniciativa parlamentaria se confirmó fácticamente que el kirchnerismo no anda apesadumbrado ni falto de ímpetu ante ese mantra que la oposición político-judicial-mediática repite, una y otra vez: el fin de ciclo. Una fuerza en retirada no tendría la capacidad de sancionar en el Congreso un proyecto de ley que posibilitará que el mismo día de las presidenciales se elijan los diputados para el Parlasur, lo que puede consagrar, una vez más, a Cristina Fernández de Kirchner como la gran electora. Responde a una interpretación bastante ramplona pensar que la presidenta iría a las urnas para integrar el Parlamento del Mercosur por los fueros.

Es apresurado de analizar, quizá hasta de imaginar, pero las boletas electoras con CFK candidata pueden archivar más de una ambición presidencial y descartar varios desafortunados pronósticos: hace tiempo que lo preanuncian, con 2014 ya en pendiente, sin sonrojarse, se pusieron a contar los días que restan hasta el 10 de diciembre de 2015 cuando Cristina pase el bastón presidencial a otro mandatario electo; cuentan como chicos que repasan ansiosos cuánto les falta para las vacaciones.

La sociedad argentina merece algo más de sus dirigentes y periodistas que una cuenta regresiva, que, encima, los puede exponer al ridículo una vez más porque nadie, seriamente hoy, se atreve a aventurar que el Frente para la Victoria no mantendrá el gobierno durante un nuevo período presidencial. En la dinámica política argentina las encuestas a largo plazo son una foto efímera en el mejor de los casos; o en otros, sencillamente, son la consagración de la zoncera de ciertos candidatos que interpretan el pulso social a partir del laboratorio de una consultora.

En ese cuadro de situación, lo contradictorio de las últimas semanas (meses, tal vez) es el empeño por demonizar a Máximo Kirchner desde algunos medios tradicionales con manifiesta intención de horadar su figura, luego de que los sectores concentrados no le perdonaran su aparición pública en el acto de septiembre pasado en un estadio colmado de militantes, en su mayoría jóvenes, en Argentinos Juniors. ¿Por qué, si el kirchnerismo es para los analistas conservadores una fuerza política en inminente diáspora, tanto enseñamiento contra él, que nunca ocultó su dedicación por la política y su condición de referente de La Cámpora? Tampoco la de hijo de sus padres, por cierto.

Quizá en la propia ofensiva de medios y editorialistas hegemónicos se vislumbre el desconcierto que les genera intuir que nada de lo que vienen pregonando es lo que vaya a suceder. Ayer, por caso, Clarín descubrió la pólvora y tituló que "Máximo Kirchner convirtió su oficina en un búnker político". ¿Qué esperan del hijo de Néstor y de Cristina Kirchner, más aún con todos los gestos que tuvo en los últimos tiempos? Antes la estigmatización era porque no hablaba en público. Lo hizo y sorprendió a varios. Ahora es porque habla en privado. El padre de Máximo decía: "Están nerviosos." Frase que no perdió su vigencia. De aquellos nervios a este desconcierto. Lo que se patentiza en la centralidad obsesiva que le han dado a Kirchner hijo frente a la carencia de respuestas y propuestas políticas opositoras ante un kirchnerismo que no afloja ni medio centímetro su estilo de hacer política y ejercer el poder.

Con Cristina recuperándose de una fractura de su tobillo izquierdo, con su actividad pública limitada, la política nacional en los próximos días se dará en una esgrima de declaraciones audaces, obvias, originales o torpes de los precandidatos que se lanzaron a recorrer las playas para darse un baño de roce popular. A algunos, como a Daniel Scioli o a Elisa Carrió, por ejemplo, les sale naturalmente. A otros, en cambio, les queda más forzado andar de campaña con bermudas y ojotas. Son estilos.

Pero en la ansiedad por estar en todos lados se pueden cometer errores políticos, tácticos, que luego requieren de energía extra para remontarlos. Clarín espera el paso en falso para actuar. Y lo hizo. Scioli participó de la inauguración del "espacio" que el multimedio de Héctor Magnetto montó en Mar del Plata y posó junto a famosos diversos para una foto que fue la tapa del diario del ayer con el título "políticos y estrellas", una suerte de túnel del tiempo a los dorados años '90. Pero más allá de cierta dosis de menemismo desteñido que connota la imagen, la jugada maestra de la factoría clarinesca (que hace tiempo se bajó de la lancha naranja para ponderar las ciclovías amarillas del macrismo con rumbo presidencial, incluso por sobre la sonrisa sempiterna de Sergio Massa) expuso a Scioli a enfrentar nuevamente las críticas desde la fuerza orgánica que integra: el Frente para la Victoria.

El kirchnerismo en los últimos seis años le marcó la cancha a Magnetto. Fue una ruptura de época que determinó la vida política y cotidiana de los argentinos. Ningún dirigente argentino lo desconoce. De la foto participaron el precandidato presidencial y senador de la UCR Ernesto Sanz y la vicejefa del gobierno porteño María Eugenia Vidal que, a diferencia de Scioli (que sí está instalado como cada año en Mar del Plata para esta fecha), viajaron expresamente para posar con "estrellas". Para ellos esa postal marplatense no tiene costo alguno. Sus fuerzas políticas jamás osaron enfrentar al conglomerado Clarín. Otra es la coyuntura estival de Scioli y sus consecuencias inmediatas dentro de la interna del FPV. Clarín lo abrazó y las críticas de Urribarri, Randazzo y otros dirigentes del kirchnerismo no demoraron en llegar.

A orillas del mar se calentó la campaña. Pero los precandidatos kirchneristas deberán regular su propia pulseada interna porque en las últimas semanas quedó comprobado que cuando el oficialismo se aboca a la gestión, la oposición se sumerge en una lógica endogámica en la que van dañándose unos a otros: se muerden la cola. Al menos, ese fue el caso del panradicalismo, deshilachado o desorientado, ante la encrucijada que le impusieron desde afuera: perder identidad junto a Mauricio Macri o perder identidad junto a Massa. La interna de ese valioso y centenario espacio político que supo representar a la socialdemocracia criolla se define hoy en relación a figuras públicas o armados electorales con fuerzas que nada tienen que ver con su paladar político histórico. Otro caso de pragmatismo riesgoso, abismal. En esa indefinición, el socialista Hermes Binner anunció que mañana planta bandera en la arena de Mar del Plata y lanza su precandidatura presidencial por el Frente Amplio UNEN.

Mientras el FAUNEN sigue extraviado en su laberinto, Massa hace campaña-selfie con dirigentes de otros partidos a los que va sumando al amplio Frente Renovador; Martín Insaurralde deshoja la margarita para ver a qué espacio político pertenece (¿?), y Macri trata de que no se le desordene la fila luego de la "insubordinación" de Gabriela Michetti; el oficialismo comienza el 2015 con media docena de precandidatos presidenciales en carrera –más allá del chisporroteo marplatense de las últimas horas– y con el peronismo en estado de unidad. Que es como decir, en estado de gracia.

Un escenario que encuentra al kirchnerismo iniciando un año complejo por definición de calendario, en una situación que pocos imaginaron hace un año: con su activo militante intacto, entusiasmado, y lejos del reflujo o repliegue sistémico de una fuerza presumiblemente en retirada, abocado a seguir en su construcción política territorial y social, aún en un período electoral en el que aguardarán orgánicamente la determinación de Cristina para mostrar sus cartas. Además, en 12 años de gestión, el oficialismo llega, por caso, con capacidad de recambios en su Gabinete. Lo demostró con la rentrée ejecutiva de Aníbal Fernández, que sumó otra voz a la del jefe de ministros Jorge Capitanich en las cotidianas pulseadas mediáticas; elenco al que se reincorporó Juan Manuel Abal Medina desde su banca de senador. O la emblemática figura de Alicia Kirchner, laboriosa y orgánica desde el primer minuto, con capacidad de asumir el desafío que la presidenta le indique en cualquier momento. Y más: un dato de la realidad que exhibieron en sus góndolas encuestadoras nada afines al kirchnerismo: Cristina como la persona más influyente del país y con una imagen positiva que ronda el 40 por ciento.

Es de imaginar que cada vez sean menos los que piensan en un fin de ciclo que no llega, aunque hagan la mueca pública de contar los días que faltan para el 10 de diciembre. Arrancó el 2015.

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