martes, 31 de diciembre de 2019

CONTRATAPA 27 de diciembre de 2019 Los gorilas no son progresistas

El virtuoso y destacado periodista Luis Bruschtein hizo mención, en su artículo del 11 de diciembre publicado en el diario Página/12, al “progresismo gorila”. Al respecto, nos parece conveniente exponer algunas apreciaciones tendientes a pensar la pertinencia de esa caracterización, señalando --no obstante-- que esa referencia tangencial no invalida, en modo alguno, la certeza central de dicho texto con el cual coincidimos plenamente.
En los países subordinados al imperialismo, posicionarse en rechazo del campo nacional y popular lleva indefectiblemente a la negación de la eventual categoría “progresista”.

De ahí que, en Argentina, los antiyrigoyenistas de ayer y los antiperonistas de ayer y de hoy renuncian objetivamente, aun sin saberlo en muchos casos, al comportamiento presuntamente “progresista” en relación a los proyectos populares concretos, es decir alejados de posiciones abstractas, de principismos estériles, de alegatos y exhortaciones infantiles.
Obviamente, en nuestro país, se puede no ser peronista; pero ser antiperonista (gorila, en su versión más doméstica y cotidiana) niega desde el vamos cualquier pretensión de asumirse como “progresista”.
La incomprensión acerca del carácter y particularidades de los “países oprimidos” (en términos del propio Lenin, el ruso no del lamentable ecuatoriano de hoy) lleva sistemáticamente a los “progresistas” y a los “izquierdistas” a posicionarse en contra del campo popular y, en definitiva y en concreto, terminan abonando el campo antinacional.
Se muestran inhibidos e incapaces de comprender las contradicciones principales por las que atraviesan nuestros países, aún oprimidos y no significativamente libres, en los aspectos cruciales de la soberanía política, de la independencia económica y de la justicia social. Y precisamente (y no es casual) son estas tres las fantásticas banderas nacionales, todavía inconclusas, levantadas y reivindicadas por el peronismo en el caso de Argentina.
Para recordar un solo y grave ejemplo. ¿Dónde estaban los “progresistas” y los “izquierdistas” en la crucial elección de 1946, cuando la contradicción principal era “Perón o Braden (el embajador norteamericano)”. Como es sabido, estuvieron objetiva y concientemente con Braden en la llamada “Unión Democrática”. Los “negros”, los desharrapados del sistema, comprendieron y votaron por la verdadera versión progresista (nacional y popular, aun con limitaciones por supuesto) que era Perón y no Braden. Los pulcros “progresistas”, que habían caracterizado a aquellos peronistas incipientes del patriótico 17 de octubre de 1945 como “aluvión zoológico” o como una “turbamulta con aspecto de murga”, ¿a quién votaron?: votaron sin dudar al candidato que impulsaba abierta y descaradamente el embajador norteamericano Braden.
Lamentablemente, la lucha entre las naciones opresoras y las naciones oprimidas sigue vigente. Disociar la anhelada y futura “liberación social” de la aún pendiente “liberación nacional” es suicida y se distancia desde luego de la perspectiva y del tránsito hacia la liberación total. Y es que el imperialismo y las oligarquías nativas aliadas al mismo continúan siendo el enemigo principal de nuestra emancipación.
Resulta vital poder reconocer el valor y la progresividad histórica de los movimientos nacionales y populares (democrático-burgueses) en nuestros países. Y es bien llamativo cómo la derecha y la “izquierda” suelen coincidir en los hechos en la oposición a dichos movimientos. La derecha actúa coherentemente en función de sus intereses y la preservación de sus privilegios, mientras cierta “izquierda” demuestra su trágica incapacidad para comprender la cuestión nacional en nuestros países.
De ahí que, aunque pudiera parecer como ofensivo, no sólo existen cipayos de “derecha”, sino que algunos otros (aun con las mejores intenciones, pero de principismo abstracto) se transforman en cipayos “de izquierda”. Porque los “izquierdistas”, en nuestra sojuzgada América Latina, son meramente “izquierdistas”: en definitiva, podría decirse que no son la izquierda.

Por todo ello, los “gorilas” --embebidos de una enorme incomprensión y hasta de odio hacia los sectores populares-- no son progresistas. Reiteramos, entonces, que --por supuesto-- se puede no ser peronista, pero en Argentina ser antiperonista (gorila, de derecha o de izquierda) nos aleja irremediablemente de la necesaria construcción de un país más libre y más justo.
Norberto Alayón es trabajador social y profesor consulto (Facultad de Ciencias Sociales-UBA).

ECONOMÍA 28 de diciembre de 2019 Panorama económico El neoliberalismo sigue dando pelea

El fracaso del neoliberalismo no equivale a su derrota. Los ruralistas que se oponen a las retenciones, los sectores que se resisten a la Ley Impositiva de Kicillof, son la expresión de un modelo que aún da pelea.  
Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía
Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía 
Imagen: Leandro Teysseire
El modelo neoliberal fracasó, que no es lo mismo que decir que está derrotado. La sentencia vale tanto para Argentina como en el contexto mundial. Sobran evidencias. En Argentina se sigue discutiendo en los mismos términos en materia de políticas económicas, como antes de que "pasaran cosas" en estos últimos cuatro años. La diferencia es la ubicación de quienes defienden las posturas neoliberales: quienes antes eran oficialistas, hoy son oposición. Pero dicen lo mismo. Incluso son los mismos actores.
Con la misma retórica contra las políticas que supuestamente "desalientan las inversiones", se oponen a que la Ley de Solidaridad Social incluya un aumento de tres puntos (¡Tres puntos!) en las retenciones a la exportación de soja. Como si la lluvia de inversiones prometida en 2015 realmente hubiera existido. Se oponen a tratar en el Senado bonaerense una ley impositiva que aumenta el inmobiliario rural al 7 por ciento de propietarios de tierra más ricos de la provincia, en términos reales, en un 12 por ciento. ¡Apenas 12 puntos reales, sobre una valuación fiscal que, se sabe, está muy lejos del valor real de esas mismas tierras! 


Por otra parte, estas grandes extensiones --el segmento al que se refiere el aumento del inmobiliario rural del 75% es el de propiedades de más de dos mil hectáreas-- usualmente son utilizadas para la explotación agropecuaria, o bien son mantenidas como capital especulativo. En un caso o en otro, el valor con el que miden sus propietarios el rendimiento es el dólar: cotizan sus campos en divisas, venden producción que cotizan en divisas y piensan en una eventual venta de sus activos según lo que le puedan pagar en dólares. 
Esa moneda subió en el año calendario más de un 100 por ciento, medido el precio final por el dólar paralelo ("dólar libre" en el lenguaje de estos afortunados propietarios). Es decir, un patrimonio que aumentó un 100% en pesos contra una actualización de su propiedad para el fisco del 75% en pesos. ¡Un 25 por ciento a su favor! ¿No se habrán dado cuenta y por eso chillan contra la actualización del Inmobiliario?  
Otra franja de sectores acomodados, no casualmente beneficiarios del modelo político y económico aplicado durante el macrismo, el ruralismo más concentrado de la pampa húmeda, encabezó e intentó alimentar una reacción airada y asumió una posición explícitamente confrontativa por los movmientos sugeridos en las retenciones a la exportación de granos. La postura, claramente enancada en la defensa de intereses de clase, fue cuestionar prácticamente de base el derecho del actual gobierno a subir las retenciones, asumiendo que cuando lo hizo el gobierno de Cambiemos fue por una cuestión de necesidad (cumplir con las exigencias del Fondo Monetario). Ahora, en cambio, son motivaciones políticas las que esgrime el actual gobierno (saciar el hambre del 10 por ciento de la población). 
A diferencia de lo ocurrido en 2008, afortunadamente, hoy estos capitales concentrados no logran el consenso de un sector de la población que los crea víctimas de la "confiscación" del Estado, ni logran sumar a un grupo más nutrido de representantes agropecuarios, como los que encolumnaba detrás de sí, once años atrás, la Mesa de Enlace. Este fenómeno se vio reflejado este viernes en la convocatoria del gobierno a sectores empresarios y sindicales a suscribir el Compromiso Argentino por el Desarrollo. La Mesa de Enlace rechazó el convite aduciendo, en forma casi despectiva, que "no había podido leer el documento". Dos de sus cuatro integrantes, sin embargo, prestaron su apoyo y su firma: la Federación Agraria Argentina y Coninagro. 
Para estos sectores, terratenientes que se resisten a pagar un impuesto inmobiliario más caro que el que le corresponde al propietario de un departamento de un ambiente; ruralistas que se asocian a los exportadores de granos para celebrar las megadevaluaciones pero rechazan tener que tributar sobre el excedente, el Estado es "una pesada carga" cuya principal contribución social debería ser reducir a su mínima expresión el gasto público. Consideran que, si hay hambre, lo mejor "para todos" es que ellos tengan las condiciones para producir mucho más y así "derramar" sobre el resto de la población, los necesitados, parte de esa abundancia. 
Es el pensamiento neoliberal llevado a su extremo. Aquí, esa política es la que se aplicó desde 1976 a 1983 con la dictadura de Videla y Martínez de Hoz; de 1989 a 1999 con el menemismo/cavallismo de la convertibilidad, y nuevamente de 2016 a 2019 inclusive. Los interregnos alfonsinista y kirchnerista buscaron revertir las consecuencias pero no lograron modificar las relaciones estructurales de poder (pocos lo explican tan claro como Matías Kulfas, actual ministro de Desarrollo Productivo, en su libro Los tres kirchnerismos). Es decir, que el país está atado al neoliberalismo desde hace 45 años, sometido a él o combatiéndolo. 
Pero no es un problema exclusivo de Argentina. El inicio de los 90 fue el momento de gloria del neoliberalismo. El ensayo había resultado políticamente exitoso (socialmente desastroso) en Argentina (Videla) y Chile (Pinochet). con la llegada de Margaret Thatcher ( Reino Unido) y Ronald Reagan (Estados Unidos) al poder en las principales potencias de Occidente entre 1989 y 1990, el modelo neoliberal adquirió carácter dominante a nivel global. El Tratado de Maastricht en Europa y el consenso de Washington para América eran las Tablas Sagradas del nuevo (o no tanto) dogma. 
En una reciente entrevista para Euronews, el Nobel de Economía Joseph Stiglitz lo explica desde un enfoque global. "La promesa de Maastricht era que si la inflación resultaba inferior al dos por ciento, el déficit era inferior al tres por ciento del PIB y la deuda estaba alrededor del 60 por ciento del PIB, habría crecimiento económico. Hemos tenido décadas de esa política. Y lo que hoy tenemos es estancamiento en Europa. Por lo tanto, debe quedar claro que ese marco de políticas no funciona".
A propósito de los ejes de su reciente libro, "Una era del descontento", Stiglitz llama la atención sobre los sucesos en Francia con los chalecos amarillos, pero también en Chile, además de las protestas contra los aumentos de precios en Líbano o por los derechos ciudadanos en Hong Kong y en India. Todo simultáneamente. 
"Chile es uno de los países que si bien tuvo un desempeño macro muy bueno, fue uno de los países con mayor desigualdad. Y fue sorprendente que parecieran aceptarlo. Hasta que dejaron de hacerlo. Lo que intenté explicar en el libro es que necesitamos un nuevo contrato social entre el mercado, el estado y la sociedad civil. El capitalismo será parte de este contrato, pero no puede ser el tipo de capitalismo que hemos tenido durante los últimos 40 años. No podemos tener el tipo de capitalismo egoísta y sin restricciones donde las empresas simplemente maximizan el valor para los accionistas, independientemente de las consecuencias sociales", explica Stiglitz en la misma entrevista.
Hoy, en Argentina, se asiste a una disputa entre ese capitalismo egoísta e inescrupuloso, y un Estado que intenta restablecer la "tranquilidad económica", la normalidad en base al respeto y protección de los sectores más vulnerables y un Estado presente, muy presente, como lo expresa su discípulo hoy ministro de Economía, Martín Guzmán. 
No hace falta hacer un gran esfuerzo para reconocerse en el espejo de la crisis del neoliberalismo que describe Stiglitz, ni tampoco para reconocer la ubicación de los distintos actores en esa mesa de arena donde se grafica el combate. Pero hace falta hacer ese esfuerzo, para interpretar la actual etapa y para que los sufrimientos que dejó el macrismo no hayan sido en vano. 

EL PAÍS MENDOZAALBERTO FERNÁNDEZMINERÍA 28 de diciembre de 2019 Panorama político Encrucijadas

Imagen: Lucas Elemelaj
Están en peligro los ríos de Mendoza en la precordillera. El Riachuelo, a cuyas orillas viven cinco millones de personas, está totalmente contaminado por metales pesados. En Mendoza hay una protesta masiva. Por el Riachuelo nadie mueve un pelo. Conclusión: la preocupación por el medio ambiente debería ser más democrática. La más perjudicada por el Riachuelo es también la población más humilde y la más vulnerable. No tiene la misma prensa. Los porteños que están preocupados por los ríos mendocinos, naturalizan la contaminación de un río que atraviesa los barrios pobres urbanos de la ciudad donde viven.
El 40 por ciento de la población de Villa Inflamable, en el Polo Petroquímico de Dock Sud, tiene índices elevados de plomo en la sangre, según un estudio realizado por ACUMAR en 2017; la misma fuente de contaminación se detectó en el 30 por ciento de los habitantes de un asentamiento en Lanús; en el 20 por ciento de la villa 21-24 de Barracas, en Wilde y en San Francisco, y porcentajes similares se hallaron en la villa 26, en la margen porteña del Riachuelo.

Hay una discusión hacia el interior de estos movimientos ambientalistas, feministas, identitarios, de ampliación de derechos y otros, en los que cuando el abordaje se realiza en forma parcial, desconectado de las otras demandas de la sociedad, puede disparar escenarios opuestos a los que busca.
Tampoco puede haber un proyecto de país global que no incorpore estas demandas y las articule desde el poder político como parte de ese proyecto. La Barrick Gold es un villano clásico en estas temáticas y ejerce una fuerte presión sobre los gobiernos.
La explotación minera requiere una fuerte inversión inicial, lo que se convierte en su principal argumento de presión, al igual que la creación de puestos de trabajo y activación económica mientras dura la explotación, cuya duración puede oscilar entre diez y veinte años. Después se van y quedan las ruinas de lo que había.
En ACUMAR (Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo) acaba de asumir Martín Sabatella. La limpieza del Riachuelo exige decisión política y poner límites a por lo menos 44 industrias instaladas en sus orillas.
El principal gobierno que debe asumir su responsabilidad en la protección del ambiente en la Cuenca Matanza-Riachuelo, es el de Horacio Rodríguez Larreta, en la ciudad de Buenos Aires. En Mendoza es el del gobernador Rodolfo Suárez. Ambos pertenecen a la alianza de radicales y conservadores del PRO.
Los mendocinos han votado un gobierno que no mostró preocupación ambiental y reclamaron a un gobierno nacional al que no votaron. Los porteños se espantan por lo que pasa en Mendoza, pero no le dan importancia al envenenamiento del Riachuelo en su distrito. Son disonancias que se producen cuando las problemáticas se abordan en forma espasmódica.
Para el gobierno de Alberto Fernández, toda la problemática se potencia por la situación desastrosa que dejó el gobierno de Mauricio Macri. Necesita recaudar para sus arcas vacías y endeudadas y reactivar una economía en caída libre. Es la gran encrucijada: elige el camino largo que fructificará a mediano y largo plazo. O busca atajos que reditúan en el corto plazo, aunque tengan costos altos a mediano y largo plazo. La política será el arte de encontrar senderos intermedios que no afecten el ambiente y que puedan generar resultados en tiempos no tan largos. Las propuestas ambientalistas más efectivas son las que proponen opciones viables que puedan reemplazar las prácticas lesivas.
Esta encrucijada se presenta una y otra vez en cada decisión que toma Alberto Fernández. Cada punto que toca provoca la reacción de algún sector. Antes de irse de vacaciones, Mauricio Macri ordenó a su tropa rechazar a cara de perro la ley de emergencia social. La norma pudo salir después de largas conversaciones con referentes del radicalismo.
Antes de irse a descansar en París, la ex gobernadora María Eugenia Vidal alineó a su tropa en el senado bonaerense para rechazar la reforma impositiva del gobernador Axel Kicillof. Durante los cuatro años de macrismo el impuesto progresivo a los bienes personales aumentó solamente el 55 por ciento. En un contexto de 300 por ciento de inflación acumulada en esos cuatro años.
El impuesto inmobiliario que impulsa Kicillof está muy segmentado para que tenga un efecto progresivo real y es apenas una actualización que para la mayoría será menor a la inflación. Pero la bancada de Cambiemos quiere rediscutir la escala para bajar los aumentos de los que tienen propiedades mayores a las dos mil hectáreas, que conforman el uno por ciento del universo involucrado.
La actualización por inflación de una parte menor de las retenciones provocó la reacción brutal de un grupo de productores rurales “autoconvocados” que funcionan como grupos de choque de los grandes operadores del sector. Los referentes de la Mesa de Enlace negocian con el gobierno y utilizan a estos grupos exaltados como factor de presión.
Los medios macristas calificaron cada una de estas medidas, --que son mínimas en relación con el cuadro ruinoso que deben restaurar-- como “impuestazo” o “ajustazo”. Justificaron los aumentos de 3000 por ciento del gas o de 4000 por ciento en la luz. Inventaron un género del periodismo que se denominó “militando el ajuste”.
Hubo cientos de titulares y noticias sobre las ”nuevas tendencias” como tomarse vacaciones con el pensamiento, aprender a vivir en 18 metros cuadrados, que el pan viejo es más sabroso que el de la panadería, que en Barrio Norte se puso de moda comprar ropa usada porque es de marca y más barata, que es cool compartir vacaciones con amigos o que los cortes de electricidad son beneficiosos porque generan momentos de reflexión. Todos estos fueron títulos que publicaron esos medios. Está la imagen de un economista de la farándula con un pan duro en una mano y pan fresco en la otra. Mete el pan duro en el microondas y después lo prueba con placer para decir que es mejor que el pan fresco.
Los mismos que ahora dicen “impuestazo” y “ajustazo”, participaron de esa inmensa maquinaria de intervención en la subjetividad de la sociedad para aturdir la conciencia de sus derechos y tratar de vender como goce el cercenamiento del goce. Una gran mentira en la que ninguno de los que la fomentaba creía porque en su vida privada hacía lo contrario de lo que predicaba. Pero hubo sectores de la sociedad que fueron atrapados en esa telaraña de un sentido común que se entretejía con la falsa meritocracia.
Con el argumento del “impuestazo”, los radicales y vidalistas, --cuyo gobierno dejó un déficit de 200 mil millones de pesos para 2020 en la provincia de Buenos Aires-- no dieron quórum en el Senado bonaerense para tratar la reforma impositiva del gobernador Kicillof.
El nuevo gobierno tiene solamente diez días días y el escenario de problemas, amigos y enemigos, no parece haber cambiado desde 2015. El punto a favor del oficialismo es que ahora el peronismo está unido y se nota el esfuerzo por cumplir la consigna de “volvimos para ser mejores”.
Hay un cuidado especial en la segmentación de productores para aplicar las retenciones. Y lo mismo puede decirse en la segmentación tan compleja que tiene la actualización del impuesto inmobiliario urbano y rural de Kicillof.
Hay un intento de no repetir errores, de ser más flexibles en la negociación y evitar choques innecesarios. Alberto Fernández estuvo en los programas más macristas de los últimos cuatro años en la televisión. En parte porque le interesa llegar a un público diferente pero en parte también porque le parece necesario como forma de desfantasmizar los odios.
La oposición cerrada de Vidal y Macri junto con los radicales de la alianza, la reacción mediática para exagerar y denigrar las medidas que el gobierno toma para salir del infierno que le dejaron ellos, la reacción desaforada de los productores rurales por una simple actualización de una parte menor de las retenciones que tenían ya con Macri, es una demostración que más allá de los errores propios, no están jugando solos. En la cancha hay dos equipos. Y el enfrentamiento no se da por la forma ni la cantidad, sino por el simple hecho de que no quieren dar nada.

28 de diciembre de 2019 La alegría por lo logrado y la necesidad de defenderlo Un triunfo de la resistencia popular

Imagen: Lucas Elmelaj
Desde Mendoza

Un eufórico grito colectivo retumbó frente a la Plaza Independencia cuando uno de los manifestantes dio a conocer la noticia, y con sus banderas y carteles, sus cacerolas y silbatos, los mendocinos de la capital decidieron seguir caminando rumbo a la Casa de Gobierno. En las calles céntricas el anuncio del gobernador Suárez se vivió en el marco de una marcha autoconvocada, que parecía una de tantas y que no era especialmente numerosa. Pasadas las 19, jubilados, docentes, estudiantes, desocupados, artistas y familias enteras sin banderas políticas se habían encontrado en el nudo vial, con la confianza en la lucha intacta y el cansancio de días acumulados de protestas, asambleas e incluso palos y gases, pero sin sospechar que el anuncio llegaría en cuestión de minutos.
Antes de que se supiera la noticia, esta marcha de “sueltos” contó con adhesiones que llegaban de todos lados: en el nudo vial había olas de bocinazos; luego los comerciantes miraban con rostros de felicidad el avance de la columna y filmaban la escena; los jóvenes que disfrutaban de cerveza en los coquetos bares de San Martín aplaudían. Se veían muchas banderas de Argentina y gran cantidad de carteles en defensa de la Ley 7722 y en reclamo de la derogación de la 9209, que habilita el uso de químicos tóxicos para el desarrollo de la megaminería. Mientras en la calle no aflojaba la presión social --la suspensión de la reglamentación de la nueva norma pareció exacerbar aún más el malestar--, se multiplicaban las comunas que exigían la anulación de la reforma para la realización de la Fiesta de la Vendimia, ascendiendo el número a siete.
“El pueblo unido jamás será vencido”, “El agua de Mendoza no se negocia”, “La cordillera, qué linda está y si la tocan qué kilombo se va a armar”, “Se sabía: a Suárez y Sagasti los compró la minería” eran los cánticos de un atardecer extremadamente caluroso en el que los manifestantes golpeaban lo que tenían a mano: latas, botellas, cacerolas. “No somos violentos, ambientalistas ni piqueteros: somos vecinos de Mendoza. Todos juntos, todo el pueblo defendiendo el agua”, decía José, 31 años, trabajador de una empresa metalúrgica, enojado --como la mayoría de los presentes-- con los medios de comunicación locales. En la concentración coincidían docentes y estudiantes que recordaban cómo en las escuelas, desde cuarto grado, se enseña a cuidar el agua en una provincia en emergencia hídrica hace más de una década. “¡Y de la nada se aprueba esta ley! Siempre nos han concientizado, desde chiquitos”, protestaba Lucía Giménez, estudiante de 24 años.
“Soy docente, vengo enseñando el cuidado del agua desde 1980. No puedo traicionarme a mí misma. Tengo que ser consecuente con lo que he vivido. En la zona de los médanos se ve bien el desierto: pude ver, cuando tenía 20 años, lo que vivía una persona que tenía que trasladarse cinco kilómetros a buscar un tarrito de agua en una lata de dulce, día por medio”, recordaba Mariana de Céspedes, jubilada, 60 años. Al conocerse el giro de la historia, cientos de personas gritaron, saltaron, se abrazaron y aplaudieron en la zona de Plaza Independencia. Alguien mencionó a Chubut, provincia que por estos días se moviliza por la misma problemática. Mariana Rojas, desocupada, 39 años, decía: “Es un gran logro. El gobierno nos subestimó todo el tiempo. Unidos hicimos la diferencia, sin grietas ni banderas políticas, sólo luchando por una causa justa. Algo vital: el agua”.

MEDIOS //// 21.12.2019 "Registramos los conflictos sociales que no forman parte de la agenda hegemónica"

Con el lema "por una comunicación democrática y plural" nació la Red de Medios Digitales, de la cual AGENCIA PACO URONDO también es parte. "Somos trabajadorxs de prensa que integramos los medios autogestivos, comunitarios, alternativos, cooperativos, populares y transfeministas", versa el documento inaugural.
    Por Eliana Verón | Fotografía Red de Medios Digitales
    La Red de Medios Digitales hizo su aparición pública el pasado martes 17 de diciembre en el Anexo A del Congreso de la Nación. Surge con el obejtivo de visibilizar problemáticas comunes y proponer políticas públicas para fortalecer y reconstruir el trabajo en los medios de comunicación. Ante el panorama trágico de la concentración mediática y un contexto generalizado de pérdidas de empleo de nuestro sector que significaron cerca de 4500 despidos entre 2016 y 2019, esta red se propone aunar los esfuerzos en pos de mejorar nuestras condiciones laborales, diversificar la agenda mediática y contribuir al fortalecimiento de una comunicación verdaderamente democrática y plural en nuestro país.
    Es imperioso señalar que somos más de 130 medios a lo largo y ancho del país, con más de 1300 integrantes y colaboradores que construimos cotidianamente otra forma de comunicar. "Somos periodistas, comunicadorxs populares y feministas, fotografxs, productorxs, editorxs, diseñadorxs, gestorxs de redes sociales y documentalistas. Generamos puestos de trabajo en una región caracterizada por una concentración mediática que no solo nos excluye y precariza, sino que sus valores fomentan principalmente el avance de los sectores conservadores y antidemocráticos en toda América Latina y el Caribe", sostiene el documento que inaugura esta etapa de unidad mediática.
    En este primer encuentro se dio a conocer un relevamiento del sector del cual se desprende que el 82% de los medios digitales se formaron luego de la sanción de la Ley de Servicios de la Comunicación Audiovisual (LSCA) en el año 2009, y la mayoría no percibe aún pauta oficial. El informe menciona que el 65% no posee cuenta con una figura legal, el 19% son cooperativas y el 15% asociaciones civiles. La visibilidad y la importancia creciente de este sector en la formación de opinión pública está marcada por el hecho de que entre todos los portales suman 2.191.196 visitas mensuales a las webs, 896.739 seguidores en Facebook, 376.140 en Instagram y 337.394 en Twitter.
    Asimismo se señaló el rol fundamental que cumplieron nuestros medios digitales durante estos cuatro años de macrismo en la denuncia y resistencia ante el retroceso de los derechos conquistados por la ciudadanía. “Una de las enseñanzas que nos dejó el macrismo es ganar la calle y generar mejor organización. Y en esa lucha, el feminismo demostró que dentro del sindicalismo se pueden dar discusiones que de otro modo no se dan. Las feministas creamos medios porque no estamos en los comerciales y hegemónicos, por eso celebro que estemos acá las pibas ocupando tanto espacio”, dijo Lucía Ríos integrante de Matria y periodista de la Agencia de Noticias Télam, despedida durante la gestión de Hernán Lombardi.
    También referentes del mundo académico de la comunicación apoyaron la creación de la Red y sostuvieron la importancia de la generación de propuestas de políticas públicas que garanticen el derecho de los medios digitales a percibir financiamiento e hicieron eco de la necesidad de atender las principales demandas del sector enmarcados en posibles salarios para el fortalecimiento de la comunicación comunitaria, basados en el modelo del porgama de Salarios Sociales Complementarios, redistribución de la pauta oficial y un subsidio no concursable para la compra de equipamientos, entre otros. 
    En este sentido, Damián Loreti, doctor en Ciencias de la Información, desarrolló un punteo breve de un proyecto de Ley de Pauta al Pluralismo y la obligación del Estado de garantizar el derecho humano a la comunicación. En tanto, Diego de Charras, docente e investigador en Comunicación, se refirió a los desafíos de las agendas propias deberá estar contemplado que "al próximo gobierno hay que exigir que se cumpla la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Tenemos que volver a pensar la idea de la comunicación como un derecho humano, exigir que no se vacie más la Defensoria del Público y poner limites a la concentración mediatica", entre otras cuestiones. 
    Por su parte, Cora Gamarnik sostuvo que “los medios digitales que se han creado ampliaron la instalación de nuevos temas de agenda plurales, federales, regionales. Permitieron la emergencia de nuevos gestorxs, periodistas, diseñadorxs. Generaron renovaciones estéticas radicalmente nuevas”, reflexionó la investigadora y doctora en Ciencias Sociales. 
    El periodismo de este siglo implica comunicar desde una perspectiva de derechos, con narrativas enmarcadas en la defensa a ultranza de la libertad de expresión, las diversidades, los derechos humanos, culturales, sociales y políticos. En el marco de nuestro derecho a decir y existir como medios todas estas temáticas son parte sustancial de la agenda cotidiana de nuestros espacios militantes de comunicación alternativa, popular, comunitaria, cooperativa, autogestiva y transfeminista. Registrar y denunciar cada conflicto o acontecimiento de injusticia social es lo que las audiencias lectoras encuentran en el territorio vitual de nuestra existencia.
    Somos parte de la Red: LatFem, Matria, Emergentes, Grito Del Sur, Cosecha Roja, Anfibia, Tiempo Argentino, Marcha Noticias, MU/lavaca, Revista Crisis, Feminacida, Macacha, Cítrica, Comunicadas, La Retaguardia, Agencia Paco Urondo, FutFemProf, Círculo Ecuador, CCP, Resumen Latinoamericano, Revista Mantis, Zorzal Diario, Enfant Terrible, Apostasía de Género en América Latina, Boletín Enredando, Anred, Revista Rea, Infonews, Reveladas, Ponele, Revista Timbó, ANCAP, AnCCom, Colectivo Al Margen, Agencia de Prensa Alternativa (APA!) y Revista Resistencias.