domingo, 2 de febrero de 2014

Época de confrontaciones



El Gobierno intenta ponerle límites a la pulseada económica con nuevas reglas para la compra de dólares y se prepara para las paritarias en el contexto más complejo desde 2008. Cristina apuesta a la inversión social con el Plan Progresar y recoge buenas señales y la amistad de Fidel en Cuba.

Por Eduardo Blaustein

Después de largo tiempo de re­sistirse e impugnar los efectos que tendría una devaluación –entre otros impactos negati­vos, el inflacionario– el Gobierno por primera vez desde 2003 perdió una pulsea­da económica importante en relación con el tipo cambiario.

Esa “derrota” tiene alguna semejanza con el desenlace del conflicto con el campo en 2008, que tiempo después el oficialismo remontó de manera admirable.

Este otro escenario es distinto. Si el “enemigo” entonces eran las patronales ru­rales, ahora las broncas vuelven a dirigirse contra los acopiadores de granos que especulan con el precio (el Gobierno debió prever que eso iba a suceder como pasó en años anteriores) y también, como dijo la Presidenta desde Cuba, contra otros especuladores y bancos.

A diferencia del año 2008 el Gobierno no cuenta hoy con el apoyo de muchos sindicatos, que a la vez tampoco es que muevan demasiado el amperímetro en cuanto a opinión pública.

Pero si el efecto de la devaluación se trasladara a precios –cosa que el kirchnerismo hoy dice que apenas debería suceder–, a la hora de las paritarias y después de los endebles acuerdos con las policías, las negociaciones colectivas se pondrán más complicadas de lo que ya pintaban.

Lo que sí es común con el 2008 es que el kirchnerismo, en comparación con ad­ministraciones anteriores, no parece dispuesto al menos desde el discurso a que le manejen la orientación de las políticas económicas ni deja de señalar, aunque confusamente, a los actores económicos o los problemas que lo obligaron a devaluar.

La contraposición, dejando de lado las catástrofes que siempre disfrutan en anunciar los medios conservadores, es la oposición. Su acting consiste en poner ceño fruncido y gesto sufrido, lamentar o torpedear, escondiendo la cabeza y a la vez acusando de todas las responsabilidades al Gobierno. Esto incluye también a consultores y ex funcionarios de varios gobiernos que en el pasado contribuyeron a empobrecer al país y la sociedad, multiplicando por ejemplo la deuda externa que paga este Gobierno (que tanto tiene que ver con la salida de miles de millones de dólares).

Esos opositores, que por supuesto tienen derecho a la crítica, hablan de economía como si no existieran intereses, conflictos, actores económicos que empiojan el escenario. Se muestran padecientes como si dijeran cándidamente “Ay, yo de política no entiendo”. El problema para el oficialismo y para el país es que sectores extensos de la sociedad actúan de un modo similar: cuando perciben el tembladeral, se asustan, echan pestes contra la política que pudo haberlos beneficiado en años anteriores.

Primer round

Los primeros días posteriores a los anuncios devaluatorios y de flexibilización de los mecanismos para la adquisición de dólares al Gobierno no le fue mal: el oficial quedó en ocho pesos y monedas, no se disparó el llamado dólar blue, aunque el Central debió destinar 188 millones para evitarlo. Tal como sucedió desde hace tres años, los anuncios relacionados con la compra de dólares para atesoramiento tuvieron idas y venidas.

Lanzado el anuncio, alguna consulto­ra señaló que el mecanismo es restrictivo. Hay que recordar también de dónde venimos: hasta hace no demasiado tiempo en Argentina cualquier hijo de vecino con buenas espaldas podía comprar dos millones de dólares libremente. Eso no sucede en los llamados “países serios”.

Tras la devaluación, estamos apenas en el primer párrafo de un primer capítulo de una historia que será larga y con desenlace incierto. Algunos empresarios que se pusie­ron contentos con las novedades salieron a decir con prudente optimismo que es muy posible que la economía se estabilice. Seguramente, pero ya los precios dieron un salto notorio entre diciembre y enero.

Una pregunta central es hasta dónde podrán cumplirse los acuerdos de precios, al menos los que se hicieron con paráme­tros de hace pocas semanas. La otra pregunta: hasta dónde se actualizarán los salarios.
Entre Cuba y Progresar

Que el gobierno kirchnerista in­tenta no ceder el rumbo de sus po­líticas centrales, al menos en térmi­nos de evitar ajustes salvajes o de hacer pagar los platos rotos a los sectores más vulnerables, quedó claro con el anuncio presidencial del lanzamiento del Plan Progresar. Más “gasto público” o “inversión social” (según la lupa con que se lo mire) cuando otros gobiernos estarían cerrando canillas a lo pavo. El programa es más que interesante, y se suma, complementa o afina otras políticas sociales como la Asignación por Hijo. Como está destinado a los nichos sociales de pobreza más dura y oscura, con algo de “impenetrables” para el Estado, aquí la sintonía fina deberá ser fundamental. No será fácil llegar a los pibes más excluidos entre los excluidos.

Oque se decidan a estudiar en contextos vivenciales en los que el “estudio” es un imaginario dudoso y remoto. Los primeros resultados fueron promisorios: más de 60 mil inscriptos.

Cristina hizo el anuncio en un regre­so que disparó muchas expectativas, como para mostrar que gobierna, reservándose protagonismo para exhibir cartas fuertes. Las noticias económicas opacaron el anuncio y luego la Presidenta viajó a Cuba para la segunda cumbre de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe), en la que participan 33 países.

Que Cristina almuerce a solas con Fidel Castro, que ande a los abrazos con Dilma Roussef, su par del Brasil o el Pepe Muji­ca, que twitee desde La Habana, es segura­mente también una señal política, la ratificación de su lugar en el mundo.

Esto no niega que el kirchnerismo esté afrontando una de las etapas más delicadas desde su inicio de ciclo. Y esto ocurre, sin paradoja, con un país bastante más jus­to socialmente que el que existía en 2003 y que a la vez teme perder parte de lo que se consiguió a lo largo de diez años.

Vacaciones y remezones, las dos cosas suceden al mismo tiempo.

DZ/rg
Fuente Redacción Z

Diario Z

No hay comentarios:

Publicar un comentario