domingo, 3 de agosto de 2014

Pavadas al por mayor


Ya que se habla de si la Argentina está en default o no en default, ¿alguien le preguntó al que se toma el bondi o el tren qué corno es el default? En todas las veces que la Argentina quedó ahogada en sus pagos al exterior, ¿nadie tuvo un minuto para explicar, en español, en castellano, de qué estamos hablando? Tanta será la confusión, debemos pensar, que ni siquiera se nos ocurrió argentinizar una cíclica costumbre nacional. Los problemas semánticos del hombre común, el de Osvaldo Ardizzone, o el de que está solo y espera, de Raúl Scalabrini Ortiz, que ya no está en Corrientes y Esmeralda sino por todos los cordones y las márgenes de las ciudades argentinas parecen andar por otras latitudes. La verdad, o algo que pretende parecerse a la verdad, es que la gente común, lo que pide, a gritos y sin saber de qué se trata, es que se junten y que lo resuelvan. Sí, el juicio del siglo o como quieran llamarlo. Hubo una señal, pocas semanas atrás, cuando viajaban diputados y senadores de varios partidos. Hubo, incluso, alguna palabra presidencial de que éste es un tema de todos, que requiere participación de todos. Y, la verdad, nadie conoce a los que se sentaron con el special master. Sí, porque a Daniel Pollack hay que llamarlo special master. La hinchada lo quería a Mascherano ahí, trabando fuerte al special master. Ahora, suponiendo que el Barcelona no lo prestara al Masche así como los Spurs no dejan a Manu Ginóbili jugar con los colores albicelestes, ¿no se podía armar una delegación con algunos economistas notables más algún veterano de Malvinas, alguna madre de Plaza de Mayo y seis o siete cráneos de las mejores universidades argentinas? ¿No se podía darles oxígeno y hasta un poco de alegría a los que iban a hablar sobre el default con el special master?
Lo poco que va quedando claro es que por derecha no puede hacerse mucho. Es decir, si el Gobierno les llegara a pagar a los buitres, llega un tal Rufo y se pudre todo, porque hay que pagarles a todos. Ojo, no es el Rufo bueno, ése que era jefe tupamaro y que cuando lo rodearon los milicos les gritó: ¡Yo soy Rufo y no me rindo! Ese Rufo, póngase de pie, era Raúl Sendic y le metieron bala y después, como sobrevivió, lo tuvieron 13 años en cafúa. Claro, dejó ejemplos. Pila de ejemplos, como dicen los orientales. Fíjese que su hijo, también Raúl, ahora es candidato a vice en las elecciones presidenciales de Uruguay por el Frente Amplio. ¡No! Este Rufo es en inglés, Rights Upon Future Offers. Me entiende, ¿no? Qué cosa, a nadie se le ocurrió traducirlo para poder regalar un perro con un nombre criollo.
Vea, lo que se sabe, como le decía, es que por derecha se pudre todo. Entonces, ¡por zurda! Claro, como les gusta a muchos argentinos. Pero no con la zurda de Dios y, trágame tierra, mucho menos con la zurda de Rufo o de los que pelearon en otros tiempos. Porque esos, para lo único que sirven, es para espantar el capital. Y entonces, ¿quién lo hace por zurda? Los bancos, quiénes van a ser. Bueno, no cualquier banco. Porque los que mandó el tal Jorge Brito, con ese tal Sebastián Palla, van de la mano de la contra. Guarda, no sea gil, ¿dónde vio un banco que le cuide el bolsillo a la gente? Pero, ¿y entonces quién? Quizá sean los dueños, los del Citi o del Chase, alguno de esos. Esos son gringos, pero no son gringos malos. Porque, ojo, hay tenedores de títulos buenos, esos que se abuenaron y aceptaron reestructurarse. Están los tenedores malos, los retobados, que no aceptaron. Y están los dueños. Cuestión de jerarquía, cuestión de nivel, como decía Landrú. Y dale con los extranjeros, y encima asesino serial. ¡No! No es el psicópata francés. El Landrú argentino que, es cierto, se apropió del apellido del asesino para hacer chistes. Bueno, pero es cuestión de nivel. Si alguien les compra los títulos a los buitres, póngale la firma, va a ser algún banco groso, de los de allá. ¿Y después qué? ¿Para qué va a comprar esa papa caliente un banco norteamericano? Bueno, los bancos hablan de salvataje. Atajate cuando te hablan de salvataje. Si lo compran, es porque, en la Argentina, esta vez, la mano derecha no puede ver lo que hace la mano izquierda. ¿Y cuándo puede mirarse una mano y la otra, te preguntás? A ver, es como siempre, como Don Corleone: Padrino uno, Padrino dos y Padrino tres. Y, sin quererlo, llegamos a la repentina muerte de Julio Humberto Grondona, el hombre que visitando las pirámides egipcias descubrió la figura del faraón Ramsés. Le gustó la frase “todo pasa” y la hizo grabar en un anillo de sello. “Todo pasa.” Sí señor, tómeselo con calma, todo pasa. No, no es como Serrat, no es todo pasa y todo queda. El todo pasa es que nadie se acuerda de un carajo. Ramsés gobernó 66 años con esa fórmula. Y Don Julio estuvo 35 al frente de la AFA, ¿qué tal? Algo entendía el hombre. Otra que de Liniers a Estambul, como la piba Emilia Mazer, esa de la película de Jorge Coscia, ¿se acuerda de Jorge Coscia? No, Don Julio pasó de Sarandí a todo el planeta, estaba en la multinacional más grande del mundo. La hizo redonda como la pelota, estaba en la FIFA. Ojo, no es una mala palabra, no malinterprete. La FIFA, no le digo la fifa. ¿Usted vio la despedida en el predio de la AFA? Todos lo decían: el hombre tenía códigos. Eso, tenía códigos. Y, según dicen, tenía una libretita, que todos la están buscando. Porque, vio, los códigos son así. Hay que entenderlos sin preguntar mucho. El que tiene los códigos sabe a quién cuánto y a quién nada. Es así. Pocas palabras. Los que chamuyan mucho terminan en líos. Se terminan enredando con el fulbo en los pies, usted entiende, ¿no? Esto es la Argentina, bienvenido. Lo demás son pavadas atómicas.

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