domingo, 28 de abril de 2013

LEONARDO BOFF OPINA SOBRE EL PAPA FRANCISCO

Entrevista al teólogo brasileño Leonardo Boff "La vida de Francisco puede correr riesgo" Para Boff, el Papa argentino deberá enfrentar mafias peligrosas si quiere desmontar el sistema corrupto enquistado. Por Alberto López Girondo Con la renuncia de Joseph Ratzinger, el nombre de Leonardo Boff volvió a las primeras planas. Nacido Genésio Darci Boff, este franciscano oriundo del sur del Brasil, había tenido sus controversias cuando el alemán dirigía la Congregación para la Doctrina de la Fe en el papado de Juan Pablo II, al punto que lo obligó a dejar los hábitos. Con Benedicto XVI renunciante, la palabra de Boff volvía a tener vigencia. Mucho más cuando un latinoamericano era llamado a sucederlo, y eligió el nombre de Francisco. Más que un nombre, "un proyecto de Iglesia". De visita en Buenos Aires para presentar un libro que prologó a su amiga Clelia Luro, Boff habló de este nuevo modelo que inauguró Jorge Bergoglio en Roma y cuenta por qué, si bien intenta minimizar la posibilidad, no descarta que el Papa argentino corra peligro a medida que avance en los cambios que necesariamente la dos veces milenaria institución debe concretar. "Donde hay poder no hay amor", recuerda en esta entrevista con Tiempo Argentino. "Yo creo que, para un teólogo, lo más importante de Francisco fue que se presentó como obispo de Roma y no como Papa, y con eso recupera el primer milenio de la Iglesia Católica, cuando la Iglesia de Roma se presentaba como la primera entre otras, primus inter pares, la primera entre otras iguales, con la función de coordinar en el amor. El Papa dice 'Yo quiero gobernar en la caridad', un cambio radical, porque hasta ahora la tradición del segundo milenio es gobernar con el derecho canónico, con el poder absoluto, binario, inmediato, tal que si uno borra la palabra Papa y pone en su lugar Dios, la frase funciona igual. Eso es algo muy arrogante", explica para abrir el juego. –¿Cuándo empezaría ese segundo milenio de la Iglesia? –El punto de gran viraje fue en 1077 con el Papa Gregorio VII, que escribió un documento que llamó Dictatus Papae, la dictadura del Papa. Son 33 proposiciones donde dice que el Papa tiene los dos poderes, uno espiritual sobre la Iglesia y otro temporal sobre las personas. Ahí fue que se creó la Iglesia como imperio, como sociedad perfecta, con el agregado posterior del derecho canónico, y eso perduró hasta el Concilio Vaticano II. De esa sociedad de hermanos se pasó a la Iglesia como sociedad jerarquizada. –¿Cómo influye en eso la caída del imperio romano? –Tiene que ver con el vacío de poder que se creó con la ruptura del imperio romano. Nadie garantizaba a nadie y el Papa era la única figura moral. El primer viraje fue con León Magno, 415, cuando los bárbaros están a las puertas de Roma. –…y él negocia con Atila. –...para lo cual asume el título de Papa, que era un título de los emperadores romanos. León asume también esa pequeña capa, la muceta, esa capa que es el símbolo del poder imperial total al que de entrada renunció a vestir Francisco. Fue una coyuntura histórica, hay que entenderlo así. Al negociar con Atila empezó esa visión más política, pero no todavía jurídica. Con Gregorio VII, ahí es política pura y el gran viraje de la Iglesia romana está en 1077. –Pero a los pocos años, hacia 1200, aparece Francisco de Asís... –Francisco de Asís vive exactamente bajo Inocencio III, que fue el Papa más poderoso de la Iglesia, porque hasta Rusia estaba sometida a su dominio. Hay que entenderlo dialécticamente, frente a una Iglesia de puro poder, gloria y fasto viene un movimiento pauperista, que son muchos: los valdenses o pobres de Lyon, los dominicos, los franciscanos, que quieren un Evangelio sin poder, hablando la lengua del pueblo y siguiendo la escritura sin glosa, sin comentarios. Y no preguntan a Roma, San Francisco pide solamente seguir el Evangelio y ahí comienza esta dialéctica que se da hasta la Reforma, que enfrenta a una Iglesia de poder que no le ha hecho nada bien, porque la ha secularizado, no ha creado estructuras de santidad sino que facilitó crear el gran proyecto de colonización, que era político, militar y religioso. –¿Colonización a nombre de quién? –A nombre de la burguesía renacentista. Hay dos cartas de Alejandro VI (Rodrigo Borgia), una al rey de España y otra al de Portugal, en las que divide el mundo mitad para cada país. Pueden dominar, matar, conquistar, someter y apropiarse a todos los que no son cristianos, les dice. Y ellos vienen con ese mandato. El proyecto de expansión europea es un proyecto único Iglesia-burguesía-Estado-reyes-misioneros. El efecto es la destrucción masiva de las culturas locales en América Latina, África, Asia. Ese proyecto del matrimonio entre poder civil y poder religioso es un matrimonio incestuoso porque no facilita la divulgación del Evangelio. Yo creo que el último paso de ese pacto es Benedicto XVI. –Usted dijo hace poco que Ratzinger se fue porque se dio cuenta de que ya no tenía fuerzas para imponer el modelo de Iglesia que pretendía. –Creo que hay varias razones. Una más subjetiva y personal, que era recristianizar Europa para, desde allí, irradiar al mundo; no resultó. A los europeos ya no les interesa el cristianismo, lo tiene a sus espaldas. Los ayudó a crear la cultura, las naciones, pero no es una fuente de inspiración, lo consideran muy medieval, muy antimoderno, no tiene democracia ni Derechos Humanos. Lo otro es que su proyecto de Iglesia –que yo lo escuché en clases con él, pero tiene su origen en San Agustín– también fracasó. Él piensa que todos los seres nacen en pecado original por la relación sexual que transmite la vida, por lo cual toda la humanidad está condenada. Pero Dios tiene piedad y pone una célula a partir de la cual todo se puede salvar. Esa célula que es como una pequeña iglesia. –Pero esa célula está totalmente podrida. –Ahí está el problema, que el Papa se da cuenta de que esa célula está llena de ladrones, de homofóbicos, pederastas, el Banco Vaticano y todo eso. Ve que había un cáncer con metástasis en el cuerpo eclesial de la curia y que físicamente no tenía fuerzas. Ahí yo vi su dimensión ética, su gran humildad de crear espacio para que venga otro y, a la vez, dar una bofetada a la curia romana. Deja un relatorio de 300 páginas sobre todo lo que ocurre y otro vendrá con más fuerza a curar eso. –Bergoglio viene de ese territorio colonizado. –Del fin del mundo, como dijo. –Pero no cualquier fin del mundo, porque él es jesuita. Usted nació en Santa Catarina, muy cerca de donde estuvo asentado el proyecto más grandioso de los jesuitas, sabe de qué hablo. –No hay que olvidar que el Papa y el emperador trabajaban juntos y aquí, en las misiones jesuíticas, se había creado un Estado, incluso con comercio internacional, porque exportaban, bajo una visión socialista. Como será que (Charles) Fourier y (Henry de) Saint Simon dicen que los padres del socialismo fueron los padres jesuitas, porque aquí se ha practicado el comunismo originario, y eso tenía que ser eliminado porque era un poder totalmente alternativo a la Iglesia y al Estado. –¿Cómo puede haber pesado esa experiencia en los cardenales? –Pienso más bien que ellos estaban tan humillados o tan desmoralizados personalmente que nadie quería asumir el desafío. "Vamos a llamar a alguien fuera de ese manejo que no tiene nada que ver y que tiene la disciplina de un jesuita y la ternura de un franciscano", habrán dicho, y creo que es él la persona adecuada para rescatar a la Iglesia. La misión de Francisco es restaurar una Iglesia que está en ruinas, como le pasó a la de Asís. –Usted dijo que la Iglesia del segundo milenio termina con el Concilio Vaticano II, pero eso fue hace 50 años y desde entonces la curia hizo todo lo posible por eliminar cualquier sombra de avance, incluso mediante la expulsión de centenares de curas tercermundistas. –Creo que esta es la oportunidad de aplicar el Concilio Vaticano II, que había creado dos instancias de gobernabilidad que luego se desecharon. Francisco ha nombrado ya a ocho obispos de varios continentes y creo que va a resucitar la figura del Sínodo de Obispos con un papel de colegiatura. Por otro lado, en 50 años cambiaron tantas cosas, en la geopolítica, la globalización, los medios sociales que es una red inmensa. Se necesita un nuevo concilio y yo espero que sea un concilio de la cristiandad, no de la Iglesia Católica. Porque tenemos que enfrentar el tercer milenio con la humanidad unificada. El fenómeno cristiano tiene que estar junto con el fenómeno budista, el fenómeno hinduista, el fenómeno judío, el fenómeno islámico, porque juntos pueden alcanzar una dimensión espiritual de la humanidad, más allá de las diferencias. Espero que haga eso y en forma urgente. –¿Sigue viva la Teología de la Liberación? –Sigue viva porque nació escuchando el grito del oprimido, del pobre, de la mujer, de los afrodescendientes. Contra la opresión, liberación. La pregunta nuestra es cómo usar el potencial espiritual que tiene el cristianismo para salir de la pobreza y de la miseria, no en el sentido de la filantropía sino reforzando la conciencia para que se organicen y creen movimientos de liberación. Nosotros partimos de las comunidades de base, la Pastoral Social del sin tierra, del sin techo. Como los pobres siguen creciendo en el mundo, esa teología sigue vigente. Siempre que hay un Foro Social Mundial, una semana antes se hace el Foro Mundial de la Teología de la Liberación, nunca van menos de 4000 personas de todo el mundo. Y a partir de los '80, nos dimos cuenta de que no sólo los pobres gritan, la tierra grita, los bosques gritan, entonces nació la Ecoteología de la Liberación. Ahora no tiene tanta visibilidad porque no aparecen tanto las polémicas. –Pero, por ejemplo, en Brasil la llegada de un metalúrgico a la presidencia y luego de una mujer no se explican sin esos movimientos de base cristianos, ¿o no? –Es un fenómeno nuevo, incluso en Latinoamérica después de la caída de las dictaduras. Es otro tipo de democracia, que no es solamente la que representa a la burguesía, son democracias participativas de cuño popular que por detrás tienen redes inmensas de movimientos sociales que reivindican y presionan. Y los presidentes vienen de esa trayectoria y hacen políticas para ese sector. El primero de todos fue Lula, y él lo dice siempre, que los principales protagonistas no fueron la izquierda que estaba en el exilio, ni los sindicatos que eran perseguidos por la policía, fue la inmensa red de comunidades de base, la Iglesia de la Liberación, la Iglesia de Dom Helder Cámara, que ha sustentado al PT, que ha fundado al PT como un instrumento político para avanzar en los derechos. Eso está en la raíz en todas las democracias de América Latina que tienen políticas más populares y la base social que sustenta esas democracias es realmente el pueblo organizado. –¿Cómo pueden influir en los pasos de Francisco los poderes fácticos, el establishment mundial, por así decirlo? –Yo creo que él ha dado muestras de que su deseo es crear una Iglesia pobre para los pobres. A mi juicio, va a hacer un desplazamiento de la Iglesia para la humanidad, el planeta Tierra, el sistema de vida, que están grandemente amenazados. El problema central no es qué futuro tiene la Iglesia sino qué futuro tiene la humanidad y cómo las iglesias pueden ayudar a pensar ese futuro. La geopolítica supone una especie de gobernabilidad global del planeta que no existe, lo que existe es el imperio americano. Y creo que Francisco tiene lucidez para escaparse de un alineamiento de los intereses de los pudientes del mundo, porque va a intentar hablar desde las víctimas, desde los pobres. –Pero va a tener que oponerse a un status quo. Y no sería la primera vez que eliminan a un Papa... –Cuando hay concentración alta de poder, siempre aparece un antipoder que intenta disputar. Cuando son poderes muy concentrados, se utilizan todos los medios, se transforman en un poder maquiavélico, donde se utiliza la corrupción, o incluso la eliminación física. La última versión que circula y que Pérez Esquivel nos comunicó recién es que Ratzinger estaba amenazado de muerte y, para escaparse de eso, renunció. –¿Amenazado por quiénes? –Por un grupo de la mafia que está metido en el Banco Vaticano, lavado de dinero y cardenales que les daban la cobertura. El Papa ya adelantó que la Iglesia no tiene necesidad de tener un banco, puede acudir a bancos éticos, que hay muchos. Eso sería desmontar el sistema y sería la medida más directa y más indolora. –¿No corre riesgo su vida, entonces? Si lo amenazaron a Ratzinger… –Yo creo que no se debe excluir esa posibilidad, porque sabemos que Juan Pablo I discutió con los cardenales la eventualidad de salir del Vaticano para tener una vida más sencilla y dos días después apareció muerto. No es imposible, pero él ha tomado medidas muy sabias. Abandonó el Palacio Vaticano, vive en la casa Santa Marta, come en conjunto con los demás. –O sea que eso no sería sólo una medida de austeridad... –Come con otros; si va a morir, mueren 30 o 40 con él. Pero deberá cuidarse. « Clelia Luro: el amor más fuerte Jerónimo Podestá fue obispo de Avellaneda y cuando tuvo que elegir entre su amor por una mujer y una institución no dudó y se fue a vivir con Clelia Luro, en 1967. Murió en 2000. Ahora Clelia presenta la última edición de sus cartas con el subtítulo Testimonio de 50 años de lucha política y eclesial. “La historia del libro se terminó en el '72 pero cuando murió Perón, Granica, que tenía los derechos, tuvo miedo y exportó tres ediciones a España. Cuando volvimos del exilio le preguntamos qué había pasado y nos dijo que había quemado los libros porque allá estaba Franco. Ahora lo actualizamos y puse cartas entre nosotros en el exilio y cartas a otras personas. Hay cartas a los presidentes, cartas políticas, una carta que le mandé a Hugo Chávez, otra al director de La Nación hablándole de la libertad de prensa, a Maradona cuando estaba en el problema de la droga y también a Bergoglio, que fue el único que cuando murió Jerónimo le llevó al sanatorio la unción de los enfermos. Un nombre que lo salvó de la dictadura –¿Por qué Leonardo? – Me pusieron así cuando ingresé en la orden, por San Leonardo de Port Mauricio, un santo muy curioso del siglo XVII, misionero, que se ponía semidesnudo y se autoflagelaba y convocaba a todo el pueblo a las lágrimas y así confesar. Pude haber vuelto a mi nombre original, pero para mí fue muy útil en tiempos de la represión incluso en Argentina, porque cuando vine en el '77 buscaban al autor de Jesucristo Liberador. Yo era Genesio Darci Boff, a Leonardo Boff ni lo conocía (risas) sería otra persona. En Uruguay me tuvieron que acompañar una vez hasta adentro de un avión porque un guardia se había dado cuenta de que era la misma persona. Eran tiempos en que, cuando agarraban a un teólogo de la Liberación, lo torturaban y lo mataban, era muy peligrosa la vida entonces. 27/04/13 Tiempo Argentino gb

ELOGIO DEL SEÑOR MACRI POR MEMPO GIARDINELLI OPINION

Elogio del señor Mauricio Macri Por Mempo Giardinelli Este artículo conlleva una implacable paradoja: por un lado y ante todo, la condena más enérgica al uso de la fuerza bruta policial en el Hospital Borda, donde se evidenció el neomenemismo del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en su afán destructor de edificios históricos en aras de presumibles, repudiables negocios inmobiliarios. Por el otro, una inesperada, sorprendente declaración del jefe de Gobierno porteño, que esta semana dijo que con una nueva conformación del Congreso, cuando sean mayoría los que hoy son opositores, promoverá la anulación de la reforma judicial que se ha aprobado. Y en eso tiene razón; es lo mejor que ha dicho jamás. Parto de la base de que al Sr. Mauricio Macri yo no le creo nada. Por sus dislates, su pobreza conceptual, su estilo cheto y su repetición de clichés y lugares comunes, incapaz como es de tener ideas propias. Y también por su manía de zafar siempre, su evidente haraganería y su reiterada ausencia cuando hay desastres que afectan a la ciudadanía. No me gustan sus furcios cuando en realidad no sabe qué decir, como tampoco me gustan su concepción educativa si es que la tiene, su política dizque cultural, su desprecio clasista hacia los pobres y marginados, sus bicisendas, el desastre ecológico que está haciendo con la destrucción de la Avenida 9 de Julio, los presumibles negociados como esas bicicletas que compró carísimas y ahora privatizará, sospecho, para favorecer a algunos de sus amigos, e incluso algunas oscuridades de su pasado como las exportaciones truchas de autos al Uruguay. Y por supuesto detesto su vocación autoritaria, como ya se vio varias veces y ahora con la feroz represión que ordenó en el Borda. Y sin embargo, ese mismo Sr. Macri anunció esta semana que cuando él y su partido tengan mayoría en el Congreso impulsará la anulación de la reforma judicial que acaba de sancionar el Congreso. Que es exactamente lo que se espera de un demócrata y por eso este elogio. Esperé dos días a ver si leía su desmentida, pero no. Lo dijo nomás. Lo que indica que lo cree. O que no se dio cuenta de lo que dijo. Pero bueno, en cualquier caso en esto le cabe un reconocimiento. Porque lo que dijo es lo que debe decir un político de oposición serio: que va a esperar a ganar las elecciones y entonces cambiar las leyes por las vías que ordena la Constitución. Perfecto. Corresponde entonces tomarle la palabra en este punto al Sr. Macri. Yo por lo menos se la tomo a la luz del mamarracho político que vemos a diario, en el que sobresalen discursos y modos incendiarios en boca de los señores Moyano o De la Sota, Miceli o Venegas, Aguad o Carrió, Sanz o Buzzi y tantos más, por citar sólo algunos, y desde luego todos siguiendo a coro la mentirosa y agresiva prédica antidemocrática del diario La Nación. A la vista de esos discursos pletóricos de odio de clase y desprecio por la verdad y las libertades que dicen defender, y a pesar incluso del uso brutal de su Policía Metropolitana, este enunciado del Sr. Macri merece un reconocimiento. Porque cuando parece que todos y todas en la oposición sólo quieren cosas horribles y antidemocráticas, y arrastran incluso a los más moderados, como Ricardo Alfonsín, y a los más confusos como Hermes Binner, a mí me parece que cabe este elogio. Porque esa oposición ciega, suicida e inconscientemente antinacional, que judicializa, cacerolea e insulta con tal de ganar centimiles en los diarios que los incitan a odiar militantemente, demuestra a diario ser incapaz de palabras sensatas como las que ha dicho, inesperadamente, este Sr. Macri. Que al menos en esta ocasión, y acaso sin saber lo que decía, ha dicho lo que debe decir un demócrata. Textualmente: “Revertiremos en el futuro con otro Congreso esta reforma que va en contra de la gente”. Lo que, traducido, significa que ahora se la banca y que en todo caso, cuando le llegue el turno, si es que le llega, se ocupará de proponer otras leyes con los cambios que considere necesarios. Como debe ser. Por eso este elogio al político conceptual e ideológicamente más pobre de la Argentina. Porque, asombrosamente, y aunque él mismo fue quien después ordenó la represión, con esto le tapó la boca a los odiadores seriales en que se han convertido la mayoría de los políticos de este país. Vaya ahora Macri y gane las elecciones, si puede. Y si logra una nueva conformación del Congreso, con mayoría propia, promueva la anulación de esta reforma judicial, si puede. Así se hace en democracia: con leyes, no con palos ni artilugios. 28/04/13 Página|12

EL GARANTISMO ES VIRTUAL

LA CONTRADICCION ENTRE LO QUE DECLAMA Y HACE LA METROPOLITANA El garantismo es virtual Quien lea la página del instituto que forma a los policías porteños quedará impresionado con la brutal diferencia entre el discurso y los actos de sus graduados, muchos ex militares con vocación y formación de Rambo. Por Gustavo Veiga Hay algo que no cierra entre la visión que transmite el Instituto Superior de Seguridad Pública a los cadetes de la Metropolitana y la invasión del viernes al Hospital Borda. El instituto dice en su página oficial que pretende transmitir “las aptitudes necesarias para la intervención civilizada en los conflictos, de una manera absolutamente respetuosa de la dignidad humana y concibiéndolos como oportunidades para aprender a coexistir mejor”. A no ser que los pacientes psiquiátricos y los profesionales que los atienden no estén alcanzados por la coexistencia pacífica, el enunciado hace más ruido que el disparo de una bala de goma. La creciente y sostenida militarización de la fuerza que depende del gobierno porteño también ayuda a entender la represión brutal en el centro de salud mental. Cómo se pasa de la retórica garantista de la academia a los balazos, palazos y gas pimienta contra los que protestan sólo lo saben Mauricio Macri, y su ministro de Seguridad Guillermo Montenegro. Este último intentaba explicarlo ayer durante la interpelación a la que fue sometido en la Legislatura. La síntesis visual de esa aparente contradicción es el efectivo de la Policía Metropolitana al que más se vio disparar en el Borda. Boina verde, anteojos oscuros y talante de Rambo, gatilló su escopeta una y otra vez contra la multitud que tenía delante. Siempre apuntó del tronco hacia la cabeza de los manifestantes, como si estuviera en plena cacería. Nunca lo hizo hacia el piso ni a la distancia que señalan los protocolos de acción policial. A su lado, otros uniformados igual de pertrechados tiraban encasquetados y con el rostro oculto detrás de pasamontañas. En España, por ejemplo, las normas que debe cumplir la policía indican que las balas de goma sólo se pueden disparar a una distancia mínima de 50 metros y contra el suelo para que no impacten directamente. Entre 1990 y 2012, 23 personas perdieron un ojo a causa de estos proyectiles en aquel país (http://www.centre delas.org). Quizá los que dispararon no hayan pasado por el ISSP y sean policías que llegaron de la Federal o la Bonaerense o algunos de los 142 ex marinos que abandonaron la Armada para sumarse a “una fuerza diferente para la seguridad que el vecino necesita”, como reza un slogan de la Metropolitana. En marzo, el diputado Julio Raffo, de Proyecto Sur, difundió datos que a su pedido le brindó el Ministerio de Seguridad. Al 25 de enero de 2013 “un 5 por ciento (186 efectivos) de la Metropolitana son o fueron militares. De éstos, un 76 por ciento (142 efectivos) pertenecen a la Armada. El 72 por ciento (135 efectivos) de los miembros que están o provienen de las Fuerzas Armadas están ubicados en los rangos operativos de la policía, estos son el de oficial y oficial mayor”. La ley Nº 2894 de Seguridad Pública de la Ciudad prohíbe que miembros de las Fuerzas Armadas puedan integrar la Metropolitana. Pero el jefe de Gobierno se las ingenió por decreto (Nº 210/09) para incorporarlos igual. Para el legislador, los ingresantes “debían ocupar los mandos medios” pero no los puestos operativos, destinados a cumplir tareas en la calle. Su explicación: “La mayoría de estos hombres formados para la guerra y el exterminio del enemigo son ahora oficiales en contacto con los vecinos en la calle. En otras palabras, Macri firmó un decreto que viola la Ley de Seguridad Pública y tampoco lo respeta”. Después de analizar la información, Raffo concluyó que se está “cada día más lejos del paradigma de policía de proximidad y de generar la sensación de seguridad que los vecinos de esta ciudad necesitan”. El 31 de enero de 2010, en una nota titulada “La tropa de Burzaco” (por Eugenio, el ex jefe civil de la fuerza), Página/12 publicó nóminas de personal retirado del Ejército y la Armada suministradas por el Ministerio de Defensa. Incipientes, esas listas mencionaban a diez y once efectivos de aquellas armas, respectivamente. Eran los primeros que se sumaban a la Metropolitana. Había de todo: un teniente de fragata, infantes de Marina y personal de inteligencia. “Los compañeros y conocidos que entraron a la policía de Macri son oficiales y suboficiales. La gran mayoría está en un grupo especial, vendría a ser como el GEOF de la Federal y los demás quedaron como instructores”, decía en el mismo artículo un comando anfibio de la Infantería de Marina. El ministro Montenegro siempre estuvo muy cerca de la Armada. Estudió en el Liceo Naval y jugó al rugby en el club homónimo. Su padre fue capitán de navío y director de maestrías del Instituto Universitario Naval (IUN). Desde su nacimiento, la Metropolitana enhebró una serie de desaciertos y fracasos que abonaron su descrédito. Macri colocó a su frente al comisario Jorge “Fino” Palacios, procesado en la causa AMIA y en la de escuchas ilegales, donde comparte esa situación jurídica con quien fuera su jefe. Al mes y medio de asumir el cargo tuvo que renunciar. Durante su breve jefatura, llevó adelante el Plan Trienal de la Policía para el período 2009/2011, que contemplaba la compra en su primer año de un 42 por ciento de vehículos no identificados, un número que estaba muy por encima del registro de otras fuerzas. En aquella breve estadía de Palacios antes de ir a parar a la cárcel, Macri lo mimó con medidas como el veto al Comité de Seguimiento de la Metropolitana por la Legislatura. Los vetos a leyes aprobadas hasta por sus propios diputados siempre han sido coherentes con su concepción de una política de seguridad muy magra en el respeto a los derechos humanos. Les dijo no a los Foros de Seguridad Pública, al Comité para la Prevención de la Tortura y al Registro de Ex Presos Políticos. En su informe de marzo, Raffo señaló una irregularidad que continúa: “Podemos inferir que la Policía Metropolitana seguirá incorporando miembros de las Fuerzas Armadas por mucho tiempo más y en proporciones discrecionales cuando la ley lo prohíbe”. Y agregó que “Macri envió agentes a cursos de antiterrorismo (incluido espionaje) en la ‘Nueva Escuela de las Américas’ de El Salvador, donde se entrenaba a los militares durante la dictadura”. De ese combo de teoría y práctica represivas parece haber salido el protocolo de acción que el gobierno porteño aplicó en el interior del Borda, un hospital psiquiátrico que el próximo 11 de octubre cumplirá 150 años. gveiga12@gmail.com 28/04/13 Página|12 GB

EL MENSAJE DE MAURIZIO

El mensaje de Mauricio Por Daniel Cecchini dcecchini@miradasalsur.com La implementación de políticas neoliberales tiene, llegado un punto, como condición necesaria la represión de la protesta. La Argentina tiene experiencia en la materia: primero con la última dictadura, cuyo plan sistemático de eliminación de la disidencia política y social fue funcional a la aplicación de los lineamientos económicos del reagan-thatcherismo; y después con el menemismo y su coletazo delarruista, cuando la resistencia de los crecientes sectores excluidos por las políticas diseñadas por el Consenso de Washington fue reprimida salvajemente. La Europa actual –con España y Grecia a la cabeza– confirma una vez más esa articulación de hambre y sangre en el marco de la destrucción del Estado. En un país que hoy camina en sentido contrario, la represión ordenada por el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y perpetrada por su Policía Metropolitana en los terrenos linderos al Borda, así como sus verdaderos motivos, muestran cuál es el modelo alternativo que pretenden imponer la derecha vernácula y sus titiriteros mediáticos. Pero lo del jueves no fue un descuido –o un “exceso”– del gobierno porteño, que puso en evidencia algo que hubiera querido ocultar. Fue todo lo contrario: Macri quiso dar un mensaje con una enorme carga simbólica. En el universo neoliberal –y en su vernácula expresión macrista– las propiedades del Estado son, por sobre todas las cosas, materia de potenciales negocios. En el caso de los terrenos del Hospital Borda –además de tratarse de un negocio de 370 millones de pesos que favorece a tres empresas amigas del Gobierno de la Ciudad–, el simbolismo es extremo. Primero, porque se trata de terrenos declarados patrimonio histórico nacional, lo que impide cualquier intervención sin la autorización del Ministerio de Cultura de la Nación. Macri lo pasó por alto. Segundo, porque tampoco se había resuelto –como sostuvieron el propio Macri y otros funcionarios porteños– la medida de protección judicial sobre el predio. Macri la ignoró. Así lo confirmó la Cámara en lo Contencioso Administrativo la misma noche del jueves. Por eso, el jefe de Gobierno, uno de sus ministros y el procurador general fueron multados y serán denunciados por “desobediencia a un fallo judicial” e “incumplimiento de los deberes de funcionario público”. Y tercero, por tratarse de un predio destinado al tratamiento y la recuperación de excluidos de la sociedad. Para decirlo claro, para Macri era necesario rajar a los locos –que, para su mirada neoliberal, no sirven para nada– y así poder concretar un negocio empresarial. En su Historia de la locura en la época clásica, Michel Foucault cuenta cómo en la Alta Edad Media los predios de los leprosarios –lugares de exclusión– se transformaron en fuente de ingresos para los monarcas y los señores feudales. De alguna manera, Mauricio Macri –como antes Carlos Menem– reproduce esa mecánica, ahora en tono neoliberal. Le faltó, eso sí y siguiendo al filósofo francés, una nave de los locos para meter a los pacientes del Borda y rajarlos de la ciudad remontado en Riachuelo.,para poder usar libremente los terrenos. Para que esté más buena Buenos Aires. La Policía Metropolitana fue el instrumento. Entró al predio sin orden judicial y oculta por las sombras de la madrugada, violando la prohibición constitucional de la nocturnidad en los procedimientos. Montó un operativo, por lo menos desmesurado en cuanto al número de efectivos y su armamento, para proteger el accionar de las empresas. Pero no era suficiente: había que dar una señal. Por eso lo brutal de la represión. Que del lado de los manifestantes hubiera piedras y palos no justifica la salvaje, desproporcionada y deliberada actuación policial. Las fuerzas de la Metropolitana rompieron el protocolo al disparar las balas de goma al cuerpo de los manifestantes –y de periodistas, pacientes y curiosos– en lugar de tirar al suelo para que reboten y cumplan con su objetivo disuasorio sin causar mayores daños. Agredió a pacientes psiquiátricos que estaban completamente indefensos. Presionó, intentó amedrentar, golpeó, detuvo y amenazó a periodistas, reporteros gráficos y camarógrafos. Las imágenes son claras: las armas policiales apuntan a sus cuerpos. En su patética conferencia de prensa, Mauricio Macri intentó evadir dos preguntas que eran de cajón: quién había ordenado semejante operación represiva y quién había dado la orden de disparar. Con una torpe gambeta, respondió que los policías también son trabajadores y que habían reaccionado ante las agresiones de los manifestantes. Si esto fuera cierto, habría que disolver la Policía Metropolitana por dar semejante muestra de falta de profesionalismo, ineficacia y peligrosidad al “reaccionar” en lugar de cumplir con sus funciones. Por eso, algo más despierto que su jefe, el ministro de Seguridad, Guillermo Montenegro, prácticamente le sacó el micrófono para asumir la “responsabilidad política” de esas acciones. También habló de investigar “excesos” en la represión, una expresión de terribles resonancias para los oídos de los argentinos. La verdad es otra: a la Policía Metropolitana se le ordenó actuar de la manera en que actuó, con la brutalidad con que lo hizo. Miradas al Sur pudo saber que la orden vino de las oficinas del propio jefe de Gobierno (ver nota de Eduardo Anguita en estas páginas). Porque el jueves, en los terrenos del Borda, Mauricio Macri –hombre de pretensiones presidenciales– quiso enviar una imagen electoral a los argentinos. La del país que promete. 28/04/13 Miradas al Sur

EL COSTO DE MACRI

Tango Pasión de Multitudes Mezcladito Macri logró su objetivo, pero con un costo muy alto Por Felipe Deslarmes fdeslarmes@miradasalsur.com Represión en el Hospital Borda. La inédita y brutal represión desatada en un hospital público para avanzar en el negocio millonario que implica la construcción de un Centro Cívico en la zona sur de la ciudad revela a un gobierno capaz de cualquier atropello, incluso institucional, por lograr sus fines. Represión y negocios, la fórmula de Macri. El viernes, el aparato represor de la Policía Metropolitana mostró su fase más violenta y desconoció en sus ataques: discapacidades, fueros parlamentarios y hasta la diferencia entre hombres con armaduras y personas indefensas, incluidos pacientes psiquiátricos y mujeres. Miradas al Sur estuvo allí desde temprano y habló con médicos, gremialistas y legisladores que intentaron frenar la brutal represión policial y la destrucción de los talleres protegidos. Luego de la crónica, resultarán todavía más inexplicables los dichos del jefe y la vicejefa del Gobierno porteño, Mauricio Macri y María Eugenia Vidal, respectivamente, cuando al finalizar la jornada respaldaron el “procedimiento policial”, frente a los mismos medios cuyos trabajadores fueron agredidos furiosamente, argumentando que lo importante era “no ceder ante los violentos” y que “esto se hace a favor de los que trabajan ahí y de los vecinos. No se entiende este nivel de agresión, no hay razón alguna. Cuatro de cinco gremios estuvieron de acuerdo”. Desde las 6, la mañana había empezado difícil para los trabajadores del Hospital Borda a los que impedían ingresar a cumplir sus funciones por lo que llamaron a sus representantes en el gremio y en la Legislatura para reclamar la defensa de sus fuentes de trabajo y para denunciar la instalación de un vallado, el ingreso de maquinaria pesada que incluía grúas, palas mecánicas y camiones pero, sobre todo, por la presencia de centenares de policías con armaduras modernas, gases e itakas. “La policía no fue a enfrentarse con nadie”, diría Vidal al atardecer. No parecía. Fundado en 1865, el Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José Tiburcio Borda está situado en la calle Dr. Ramón Carrillo 375, en la parte sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En la pared de enfrente del psiquiátrico un graffiti advierte: “Se prohíbe el ingreso de cámaras al hospital. Lo que pasa aquí adentro NO SE PUEDE MOSTRAR”. Detrás de altas rejas, sobre la calle principal, hay una guardia privada controlando qué se ingresa en mochilas y bolsos. Desde la entrada, su fachada imponente en reparación muestra un pequeño estacionamiento y luego un gran bloque de concreto que sirve de frente a una estructura pabellonal de altas moles idénticas entre sí, separadas por espacios verdes. El extenso parque sobre Carrillo. Pasando esa mole hay un parque donde deambulan algunos pacientes que a veces se acercan a algún visitante para pedirle un cigarrillo o algún dulce. Una canchita de fútbol en desuso, un edificio en mal estado con paredes y persianas rotas, dan muestra de un abandono estatal. En algunos casos faltan directamente las ventanas y los marcos. La apatía llegó al punto de que durante más dos años distintas organizaciones reclamaran la reinstalación del gas; algo que no se efectivizó hasta que lo exigió la Justicia. Un pequeño patio sirve de congregación a un grupo de internos en el espacio donde se instala diariamente LT22 Radio La Colifata, una emisora gestionada por los internos que no cuenta con apoyo institucional y que busca resaltar de manera creativa que quienes allí viven son sujetos de derecho. Más allá: tierra, un pequeño edificio multicolor utilizado por el Frente de Artistas donde solidariamente realizan actividades con los internos y sus familiares tendientes a colaborar con su integración de una manera humana. Sobre la derecha, un paredón delimita la Unidad Penal 20 que recluye a inimputables. Siguiendo por el medio del terreno arbolado, una pequeña construcción donde luego se atendería a las víctimas de la violencia policial. Ya desde ahí se veía a unos 500 metros un vallado de chapas y a la Metropolitana con protectores, escudos, gases, rifles y bastones apostados para la guerra, en una actitud poco negociadora que no se condice con la vocación de amor y paz que pregona el jefe de Gobierno porteño adepto al Sri Sri Ravi Shankar. Ya con gremialistas, personal de Salud de otras instituciones, vecinos, legisladores y medios de comunicación presentes, posicionados enfrente de la Policía, comenzaba la primera de cuatro oleadas represivas. Una enfermera que necesita de un bastón para trasladarse fue arrastrada del brazo 100 metros hasta llevarla detenida. Los pedradas en respuesta a las agresiones no tardaron en aparecer. Diputados que mostraban sus fueros parlamentarios reclamando que la autoridad al frente del operativo se presentara, eran rociados con gas pimienta y salvajemente golpeados. Pacientes y familiares que deambulaban recibían disparos de balas de goma. Médicos y trabajadores eran golpeados con palos, empujados con los escudos y literalmente pasados por arriba. Uno de los primeros medios en llegar fue Crónica TV y el nivel de agresión que testimoniaban llevó a todos los medios a enviar corresponsables. En diciembre pasado se había aprobado, entre otras leyes, una que aprobaba la venta del Edificio del Plata, ubicado a metros del Obelisco y donde se establecía que el dinero producto de la venta se destinaría al desarrollo de los anteproyectos, proyectos y obras de la nueva centralidad administrativa en el sur de la ciudad. Según consta en la versión taquigráfica, el jefe del bloque macrista, Fernando De Andreis, dijo: “Votaremos el texto tal como está. Pero quiero decir que quedó en claro que no se avanzará en los terrenos del Hospital Borda”. Palabras reforzadas y repetidas por el compromiso del vicepresidente primero de la Legislatura porteña, Cristian Ritondo. Sin embargo, la demolición de los talleres protegidos responde a la intensión manifiesta de crear el Centro Cívico en esos terrenos. Cada hora que pasaba, se acercaban más vecinos, más medios y más políticos de todos los partidos, menos del PRO. La segunda oleada ocurrió pasadas las 8.30 y de democrática sólo tuvo que fue para todos por igual. Un policía que usaba una boina de costado y lentes oscuros emulando a algún boina verde de una película de guerra avanzaba disparando como si se tratara de bolitas de pintura. A sus costados, los policías avanzaban en línea, como en una demostración de práctica. Se adelantaron 100 metros y sostuvieron su posición mientras los presentes que habían retrocedido se acercaban a cuestionar sus métodos. Algunos filmaban con sus celulares los rostros debajo de los cascos aunque los más violentos tenían su cara tapada y no llevaban la identificación reglamentaria. Un fotoperiodista de Clarín había recibido un balazo de goma en la cara y en lugar de recibir atención médica fue llevado preso junto con otros detenidos. Se decía que en la guardia tenían orden de no atender a los heridos que no fueran internos y, por eso, se había improvisado un espacio de asistencia en un patio alejado. La Colifata nunca dejó de realizar su transmisión. Rodeado de los internos que habitualmente participan de esta actividad. Los parlantes reproducían sus observaciones de lo que ocurría: “A veces querés salir de acá corriendo; pero cuando ves los noticieros, querés correr para acá”. Uno de los separadores de la radio dice: “Los locos no son locos”. Al medio día, la concurrencia ya era masiva. Como si existiera la posibilidad de frenar tanta ferocidad haciéndoles comprender lo impopular de su accionar. La violencia pronto alcanzaría la categoría de obscena. Los trabajadores de prensa intentaban testimoniar lo que ocurría y mientras entrevistaban a los profesionales de la salud, gremialistas y legisladores allí apostados, los policías volvieron a avanzar, disparando balas de goma en todas las direcciones y rociando con gas pimienta a quien les opusiera alguna resistencia. La violencia iba creciendo y la represión era cada vez más salvaje. A un costado, el periodista de C5N mientras eran atropellados por las líneas policiales le gritaba a su camarógrafo que grabara en tal dirección y el camarógrafo que intentaba mantenerse en pie sosteniendo la cámara giraba su cabeza hacia donde creía estaba su compañero y, con los ojos como dos pelotas de ping pong rojas tajadas horizontalmente, y llorosos y ciegos, le respondía: “¡No puedo! ¡Me tiraron gas pimienta! ¡No veo una mierda!”. Un poco más allá, un delegado de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) recibía un itakazo con perdigones de goma a menos de un metro lo que le dejó 13 agujeros en la espalda, en un círculo muy pequeño, a la altura de los riñones. Cayó al piso de tierra, pedregoso, y le pasaron por arriba lastimándole además los brazos. Cuando pudo levantarse, notó que a su lado, en el piso, un cartel en lona plástica amarilla abandonaba la consigna: “Disculpá las molestias”. Damián Vilela es ese delegado de ATE, en diálogo con Miradas al Sur denunciaba: “Me dispararon de al lado, ni siquiera respetaron la distancia mínima... y me apuntaron al riñón, para romper”. La Policía obligó a los concurrentes a replegarse algo más de 200 metros y se detuvieron. La gente volvió a juntarse cada vez con menos paciencia. Pero una orden hizo que la guardia retrocediera hasta el vallado, luego hacia la izquierda y finalmente se retiró detrás de las chapas. Luego de un breve desconcierto, algunas organizaciones decidieron concentrarse e improvisar una asamblea que decidió, como primera moción, que un grupo de 50 personas fuera con la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) a la Comisaría 4ta para exigir la liberación de los detenidos. Ismael Jalil, de Correpi, expresó: “La lectura que hacemos nosotros es la misma que sostenemos desde hace tiempo y que tuvo su mayor corolario cuando el Indoamericano, sólo que esta vez no participó La Federal, y que no es distinta de la represión de La Rioja, Catamarca o San Juan. Sabemos que el gobierno de Macri es capaz de cualquier accionar con tal de concretar sus negocios inmobiliarios, pero lo que sí notamos es una resistencia popular cada vez mayor. También sabemos que cuantos más seamos, más difícil se les va a hacer seguir con esta metodología porque quedará en evidencia”. Mientras tanto, la asamblea evaluó lo ocurrido comprendió que mientras ocurría la represión, detrás del vallado las topadoras terminaban de demoler los talleres. Un grupo de ATE realizó una asamblea interna aparte para decidir si se convocaba a un paro, pero eran interrumpidos por los primeros asambleístas que reclamaban que se hiciera un planteo conjunto. Mientras tanto, un grupo pequeño con los rostros tapados, exacerbados por la violencia recibida y la tensión del ambiente, comenzaba a retirar las chapas para constatar que no había quedado nada de los talleres y que la Policía, lejos de irse, estaba esperando ese momento. Fue el momento en que volvieron a escucharse los disparos y volvieron a responder con piedrazos. El diputado Fabio Basteiro (Buenos Aires para Todos) recibió dos balazos de goma, palazos y gas pimienta en los ojos directamente: “Esto comenzó temprano y fue terrible, pero lo peor es que montaron todo este aparato represivo como un distractivo para poder demoler”. Remarcó que la Justicia todavía no se había expedido respecto de la anulación o no de la cautelar que impedía la construcción del Centro Cívico en esos terrenos y subrayó que la Legislatura podría haber sido un elemento catalizador del conflicto. “Lograron su objetivo a costa de 10 detenidos y más de 50 heridos.” Calificó la agresión como de irresponsable y advirtió que pudo haber muertos. “Fue una situación caótica. No respetan ni las instituciones.” Estaban presentes también los legisladores del Frente para la Victoria: Juan Cabandié, Horacio Pietragalla, Francisco Tito Nenna y María Rachid; el diputado Alejandro Bodart y Rafael Gentili del Mov. Proyecto Sur; la diputada de Buenos Aires para Todos, Laura García Tuñón. También la ex diputada y dirigente del MST Vilma Ripoll, quien indicó a Miradas al Sur que “macri logró su objetivo, pero tendrá un costo muy alto”, en referencia a que logró derribar los talleres pero que deberá pagar un alto costo político. “Esta brutal represión que la Policía Metropolitana desató contra trabajadores, pacientes, familiares y Legisladores nos recuerda las fuerzas de ocupación de las peores dictaduras cando ingresaban con topadoras y tanques”, observó el diputado Edgardo Form (Frente Nuevo Encuentro) y agregó que aparecieron por la madrugada para tomar por sorpresa a todos. “La Policía se hizo presente para proteger a la empresa que derribó los talleres protegidos vulnerando las normas de la Justicia, porque está vigente la cautelar que impedía que lo hicieran... está más que justificado un pedido de apelación y de pase al costado”. El legislador y médico Jorge Selser (Partido Socialista Auténtico) observó: “El macrismo ha asumido con el único objetivo de hacer negocios y su ambición, no tiene límites”. Recordó que este tipo de represión es inaudito en los terrenos de un hospital público. “Tengo 60 años y he vivido dos dictaduras, la del ’66 y la del ’76; nunca había visto una represión así en un hospital”. Y si bien hay decisiones que deberán tomarse en conjunto con su bloque y con los demás bloques de la Legislatura, “debemos llamar a una sesión especial donde estén presentes los responsables de todo esto y pedir las renuncias correspondientes. Creo que el caso amerita un pedido de juicio político contra Macri”. Poco después, cerca del pabellón, un artista que concurre eventualmente al Borda para dar una mano, hablaba con otro. Por atrás, se le acerca un interno con claras marcas de angustia en su rostro, un padeciente. Le toca el hombro y le pide un abrazo. El artista acude y ese encuentro que duró un par de minutos alivió su penar. 28/04/13 Miradas al Sur GB

MACRI DIO LA ORDEN

La represión en el Borda Macri dio la orden El equipo de analistas de campaña de Mauricio Macri, tras evaluar que la Argentina vive un alto grado de conflictividad, aconsejó al jefe de Gobierno porteño dar una clara señal de su proyecto político, que no es para 2015 sino para lo que ellos consideran “la falta de respuesta del Estado” a las protestas y demandas sociales. Macri dirigió personalmente el operativo de represión en contacto con el jefe de la Policía Metropolitana, un ex comisario de la Federal exonerado por Nilda Garré. “Macri habla directamente con (Horacio) Giménez. (Guillermo) Montenegro (ministro de Seguridad y Justicia) está pintado”, dijo a Miradas al Sur un dirigente de la pata peronista del PRO. En un gesto tan temerario como autoritario, los efectivos de choque de la Metropolitana fueron sin orden judicial ni acompañados por un fiscal; ni siquiera con una orden administrativa de un ministerio. Entraron de madrugada, violando derechos constitucionales, y durante horas reprimieron a representantes gremiales, médicos, enfermeros, pacientes, artistas y periodistas. Para Clarín no fue como la tapa sobre los asesinatos de Kosteki y Santillán: “La crisis causó dos muertos”. Esta vez el título fue: “Graves incidentes en el Borda con 36 heridos”. La bajada consignaba: “La Metropolitana chocó con manifestantes contrarios a la obra del Centro Cívico”. De represión, ni una palabra. Artistas, locos y criminales Por Eduardo Anguita eanguita@miradasalsur.com Mucho calor. Mucha tensión. En la madrugada del viernes 26, en silencio, se concentraban decenas de patrulleros y camiones de transporte de las fuerzas de choque de la Policía Metropolitana. La cita: Amancio Alcorta al 2500, frente al Tomás Ducó, el Palacio, el estadio de Huracán. En el Ducó, exactamente ocho días antes, había entrado una cantidad de barrabravas para apretar jugadores y al mismísimo técnico Juan Manuel Llop, que días después daba un paso al costado. Aquel día, en el vestuario, varios habían avisado al 911. Sin embargo, ninguna comisión policial se presentaba. Curioso. Esta madrugada, de calor y tensión, no había jugadores y Amancio Alcorta estaba atestada de policías armados hasta los dientes. La avenida estaba cortada. No pasaban los camiones. No estaban las chicas ni las travestis llegadas desde la villa Zabaleta que se hacen unos pesos dándoles un poco de compañía a los camioneros. Desde ya, se habían rajado los paqueros que a veces duermen, entre cartones, bajo las zonas techadas del Ducó. Las órdenes provenían del mismísimo jefe de Gobierno. Mauricio Macri supervisaba personalmente las operaciones y se las comunicaba directamente al jefe de la Metropolitana, Horacio Giménez, un ex comisario de la Federal exonerado después de la llegada de Nilda Garré al Ministerio de Seguridad. “Macri habla directamente con Giménez –confió un dirigente de la pata peronista del PRO a este cronista–. (Guillermo) Montenegro (ministro de Seguridad y Justicia) está pintado.” El plan era simple y eficaz: desplazarse sin hacer ruidos por Amancio Alcorta hasta Perdriel y meterse con sigilo a los terrenos del Hospital Borda con topadoras y barrer en pocos minutos el Taller Protegido de Rehabilitación número 19. “Copiado” dijo el oficial de Infantería a cargo de los efectivos, que llevaban al frente efectivos con armas cortas, escopetas con balas de gomas y también munición de posta. Las primeras, en la jerga de la Metropolitana y todas las policías bravas, son para disuadir. Para calmar sus culpas, los instructores les aclaran que, salvo excepciones, las balas de goma no matan a nadie. Las de posta, en cambio, son para matar. A los fierreros fanáticos, que abundan en las tropas de asalto policial, también les gusta el brenneke, esa munición que es escupida por esas mismas escopetas 12.70. El brenneke es un plomazo capaz de matar a un chancho salvaje o desparramar las tripas de algún violento muy díscolo. Digresión necesaria. Maximiliano Kosteki y Darío Santillán fueron asesinados con cartuchos de posta (plomo) escupidos por las temibles Itaka 12.70. Bien lo demostraron los abogados querellantes y los testigos de la masacre de Avellaneda aquel 26 de junio de 2002. Bien lo supo el reportero gráfico Pepe Mateos, que pudo retratar para Clarín aquel crimen. Claro, al día siguiente, por el matrimonio entre Clarín y el presidente Eduardo Duhalde, el título del matutino fue “La crisis causó dos muertos”. Para los editores de ese diario no se trataba de una ratonera criminal para disciplinar al pueblo sino un resultado natural. Los piqueteros morían por la crisis. Eran matados por segunda vez. “Copiado”, repitió el jefe del operativo a diez minutos de dejar despoblado el Ducó y estar frente al Borda por Perdriel. Su jefe le había aclarado que no iba con orden de juez alguno, ni acompañado por fiscal alguno ni llevaba la orden administrativa de ministro alguno. “Esta es la orden” le había transmitido el jefe de la Metropolitana. Además de las topadoras, sabiendo lo que venía, habían acordonado a unas cuantas ambulancias del SAME. Los médicos y enfermeros estaban más que nerviosos. No sabían lo que pasaba, pero la mayoría conocían vagamente el conflicto. Sucintamente: unos meses antes, la Legislatura porteña había logrado los votos para que la venta del Mercado del Plata sirviera de base para la instalación de la nueva sede del Gobierno de la Ciudad. Centro Cívico decidió bautizarlo Macri y la decisión era instalarlo en el corazón de Barracas, donde sus inversores habían tenido la astucia de comprar barato todos los edificios y terrenos lindantes. Pero hay algo más. Inquietante. La sede del gobierno tenía que instalarse sobre el Borda demolido. Una vieja tradición indica que los edificios –a veces religiosos, a veces políticos, a veces las dos cosas– emblemáticos de los vencedores tienen que estar sobre las ruinas de los edificios de los vencidos. Los Reyes Católicos y sus inquisidores destruían sinagogas y mezquitas para erigir iglesias. Macri había elegido, el jueves a la noche, en medio del clima político que consideraba propicio, enviar a sus fuerzas especiales a tirar abajo al taller protegido de rehabilitación psiquiátrica número 19. El lugar de “los violentos” como los mencionó decenas de veces Macri el viernes a la tarde en una conferencia donde se mostraba con la frialdad del perturbado. La represión encontró resistencia. Eran los maestros, los enfermeros, los que reciben apoyo y contención. Era ese tejido de la sociedad que no le tiene miedo a la locura porque sabe que los locos no son los otros ni hay que extirparla. Los nazis se ensañaban con los gitanos, los homosexuales y los locos. No sólo con los judíos y los comunistas. Las balas de goma y las topadoras quisieron terminar con algo notable. Todavía está en la web lo que ofrecen los violentos del taller protegido número 19. Vean qué violento: “Procedimiento de Ingreso: 1) El paciente debe ser derivado por el profesional tratante, quien continúa a cargo de la asistencia del mismo. 2) El postulante tiene que concurrir a la Institución (Suárez 2215, Dirección de Rehabilitación. L a V de 8 a 12 hs) para retirar los Formularios de Derivación: Ficha Médica, Ficha Social y Ficha de Control de tratamiento. Con la entrega de los Formularios se le comunica día y hora para la entrevista. 3) Ese día el postulante deberá presentarse con los formularios completos y, en lo posible, con un familiar o persona responsable. 4) La Entrevista de Admisión se orienta a la evaluación del paciente, con el fin de estimar sus posibilidades para acceder a este tratamiento de rehabilitación En la misma se tiene en cuenta: diagnóstico, historia de la enfermedad, estado actual, pronóstico, tipo de tratamiento, antecedentes laborales, educacionales y situación familiar. 5) Si el paciente es admitido, ingresa al Taller de Adaptación y Orientación. En caso contrario se le brinda la información pertinente a sus necesidades actuales”. “Copiado” repetía el jefe del operativo mientras las topadoras avanzaban sobre los edificios que albergan los legajos, las evaluaciones de los médicos, las pinturas de los pacientes, las comidas para el almuerzo de ese viernes 26. Junto a los resistentes, había periodistas, reporteros gráficos y camarógrafos que registraban, con oficio certero, la violenta represión. Pepe Mateos, el mismo que casi 11 años atrás registraba la masacre de Avellaneda, se adelantó para tomar posición y registrar cómo las topadoras hacían lo suyo. Recibió una bala de goma en la pera. Al lado suyo, también cámara en mano, avanzaba su colega de La Nación, Ricardo Plistupluk, que recibía balas de goma en el pecho. Este cronista habló largo rato ese viernes por la tarde con Mateos y le decía algo curioso: “Las balas de goma son raras. Al principio no sentís nada. Ricardo no se daba cuenta de que le habían tirado”. Poco después, unos grandotes con uniforme de combate reducían a Mateos. Quizás algunos de ellos o sus jefes supieran quién es Mateos. Quizá no les importe un pito. Pero varios de la Metropolitana son exonerados de la Bonaerense, precisamente eyectados después de la masacre de Avellaneda. Esos que lo redujeron no tenían ni idea de quién era el reducido. Pero la reducción incluyó que la cabeza de Mateos diera contra el piso y tuviera que quedarse durante ese día “en observación”. En el momento que lo tenían en el piso, por supuesto, le sacaron la cámara y lo esposaron por atrás. “Aflojame las esposas”, pidió. Al rato, alguien se ocupó de que así fuera. Sin esposas, llamó al diario. Lo llamaron a Montenegro, el que está pintado para las órdenes, según dicen alrededor de Macri. Mateos fue liberado. Por la noche, cuando le preguntaron por Mateos a Macri contestó cualquier cosa. Su acompañante, el pintado Montenegro, aclaró algo. Entre los periodistas que estaban en la conferencia de prensa circulaba con indignación que TN fue el último canal de noticias en dar al aire que a Mateos lo habían golpeado y detenido. Al día siguiente, ayer, Clarín mandó el tema abajo y con tipografía bastante pequeña. El título no era “La crisis causó dos muertos”. Esta vez fue “Graves incidentes en el Borda, con 36 heridos”. De Mateos ni noticia. La bajada, magnífica locura, decía: “La Metropolitana chocó con manifestantes contrarios a la obra del Centro Cívico”. 28/04/13 Miradas al Sur POR QUE LA METROPOLITANA ES INCAPAZ DE MANEJAR CONFLICTOS SIN ABRIR FUEGO Y REPRIMIR BRUTALMENTE Con la marca de nacimiento de la Federal Sin respetar ninguna de las doctrinas de control sin violencia, amiga de la bala de plomo, incompetente hasta en cómo formarse frente a una protesta, la flamante fuerza acumula muertos y heridos en apenas treinta meses. Por Raúl Kollmann En dos años y unos pocos meses, la Policía Metropolitana intervino sólo en cuatro conflictos: el Parque Indoamericano, el Parque Centenario, la Sala Alberdi del Teatro San Martín y el Borda. En los cuatro casos hubo heridos y en el Parque Indoamericano muertos, con imputación concreta por doble homicidio contra un jefe y 33 efectivos de la Metropolitana que integraban el grupo del que salieron los disparos con postas de plomo, que mataron a Bernardo Salgueiro y Rosemary Chura Puña e hirieron a cinco personas más. Ninguna de las víctimas estaba enfrentando a nadie, sino que eran vecinos que se iban del parque. Hay dos razones de fondo de la simultaneidad entre acción de la Metropolitana y muertos o heridos en los cuatro casos. La primera es que el núcleo central de cuadros de la Metropolitana son los 900 que ingresaron en el primer año reclutados por Jorge “El Fino” Palacios. Provenían de la Federal y de una tradición de Rambos. La segunda razón es que los jefes e integrantes de la Metropolitana tienen una gran autonomía: no aparecen los funcionarios del gobierno porteño en la escena de los hechos y las órdenes son abiertas, con margen a los policías para que actúen según su criterio. Por eso, los que el viernes portaban las escopetas aparecían muy adelante de las líneas de la Infantería y no detrás, en la retaguardia, como corresponde. “El viernes se vio otra vez una policía de derecha”, señaló el ex interventor de la Policía de Seguridad Aeroportuaria y actual legislador de Nuevo Encuentro Marcelo Saín. “Al primer contratiempo, rápido van al uso de la fuerza, a una represión indiscriminada, donde les pegan a todos, se llevan preso a cualquiera. Y, además, avanzaban unos, otros no, disparaban desde cerca. Un verdadero desastre en el que se reflejó otro rasgo de la policía de derecha: dejan hacer a los jefes de uniforme, no hay conducción de los funcionarios políticos.” De cuatro, cuatro La jueza Silvia Ramond indagó el lunes al comisionado mayor de la Metropolitana, Ricardo Ferrón, quien orgullosamente le confirmó que él estuvo al frente del grupo sospechado por matar a los dos vecinos del Indoamericano. Su segundo, de apellido Castillo, le dijo a la jueza que dispararon 400 tiros disuasivos, aunque ninguno admite –de acuerdo con la minuciosa investigación que hizo el fiscal Sandro Abraldes– que entre las postas de goma metieron postas de plomo en las escopetas 12.70, las mismas que se vieron el viernes en el Borda. No sólo los muertos del parque tenían en el cuerpo restos de proyectiles de plomo, sino también los cinco heridos. Y los tiros salieron del mismo grupo de metropolitanos en dos lugares distintos: el propio parque y Autopista Cámpora y Castañares. En ambos sitios estaban los comandados por Ferrón. Abraldes acusa a 33 integrantes de la Metropolitana de homicidio en agresión, que es cuando no se puede determinar exactamente quién disparó. En el conflicto por la Sala Alberdi, del Centro Cultural San Martín, en marzo se presentaron a la Justicia tres heridos con postas de plomo, también víctimas de la Metropolitana. Los médicos judiciales constataron que los proyectiles eran de plomo, rigurosamente prohibidos para cualquier efectivo que participe en un operativo de desalojo o que intervenga frente a una manifestación o concentración. Las postas de goma también pueden ser letales si se disparan desde cerca. Eso lleva a que la norma sea que los escopeteros estén detrás, en la retaguardia. El desalojo de los vecinos que se oponían al enrejado del Parque Centenario también terminó con heridos. El caso fue de los más grotescos, porque los vecinos no constituían una organización férrea ni agresiva, eran asambleístas que igualmente fueron reprimidos con balas de goma y el saldo fue de cuatro heridos. Con la del viernes, entonces, en dos años y medio son cuatro intervenciones de la Metropolitana en conflictos con manifestantes. Siempre hubo heridos, las escopetas se cargaron con postas de plomo al menos en dos casos; tiraron con balas de goma invariablemente a corta distancia, resultaron apaleados decenas de manifestantes y en los operativos se privilegió la violencia a las modernas normas de intervención que se usan en protestas sociales (ver aparte). Núcleo duro El núcleo duro de la Metropolitana son los jefes y oficiales que reclutó El Fino Palacios al principio, todos provenientes de la Federal y con el modelo de la Federal en las venas. Tras los escándalos del propio Palacios y el espía Ciro James, fueron apartados unos 30 o 40 hombres, pero el contingente principal de jefes y oficiales siguió intacto y en el centro de la fuerza. El ADN de la Federal se marcó en décadas. Una fuerza que fue un Estado en sí mismo, que guardaba los antecedentes de toda la población, incluyendo los que nunca habían cometido un delito; la fuerza que emitía los documentos y pasaportes, una prerrogativa que perdieron en estos años y que sólo se explicaba como gigantesco mecanismo de control social. La Federal ejerció durante décadas un fuerte dominio sobre la vida cotidiana –hasta hoy sigue otorgando certificados de domicilio–, la calle y, al mismo tiempo, su influencia se extendió a las bandas, los prostíbulos, la droga y un largo listado de ilícitos. La característica fundamental siempre fue el autogobierno, el poder de los comisarios, lo que se tradujo en que la Metropolitana la armó el comisario Palacios reclutando a su gente más cercana y cada uno de ellos a su vez convocó a quienes fueron sus oficiales subordinados a lo largo de la última década. Tras el escándalo Palacios hubo un tímido intento de poner una conducción civil, por lo que fue designado Eugenio Burzaco al frente de la Metropolitana. Pero ya por entonces todas las voces indicaban que los comisarios se subordinaban poco y nada, pero que además el gobierno de Mauricio Macri y el ministro Guillermo Montenegro –hijo de un capitán de navío– más bien respaldaba el modelo de que la seguridad es cosa de gente de uniforme. El tema se terminó blanqueando cuando Burzaco dejó el cargo y la fuerza quedó a cargo de la dupla de ex hombres de la Federal: Horacio Giménez y Ricardo Pedace. Mauricio Macri nunca se apartó un milímetro de Palacios, pese a que se le imputa encubrimiento en el caso AMIA, escuchas telefónicas ilegales y hasta se hizo público un diálogo del Fino con un reducidor de autos y marcador de la banda de secuestradores que mató a Axel Blumberg. El jefe de Gobierno respaldó objetivamente una forma de actuación policial que se tradujo en la Metropolitana. Eso permitió que los privilegios se fueron sumando. Los metropolitanos cobran sueldos que rondan el doble de la Federal y son los únicos exentos de una norma establecida hace años –por Aníbal Ibarra y Jorge Telerman– y que impide que un funcionario porteño que cobra un sueldo pueda, a la vez, cobrar un retiro. O sea, si cobra de la Ciudad debe suspender su retiro. Los integrantes de la Metropolitana, que tienen algún retiro, cobran ambas cosas: sueldo y retiro. El poder de los comisarios se traduce en autogobierno y dinero. El modelo Oficialmente, la Metropolitana ha dicho que tiene tres mil efectivos, de los cuales unos dos mil vienen de la Federal, aunque lo importante es que los cuadros de mando salieron de allí. Es una policía con escasa capacidad, lo que se evidencia en que no cubre las zonas calientes: el sur de la ciudad, las villas. Su actuación se inició en barrios menos conflictivos como Saavedra, Villa Urquiza o Coghlan, y avanzó hacia otros barrios como Chacarita o Villa Crespo, pero la impresión es que para cubrir toda la Ciudad, y sobre todo los sectores conflictivos, hacen falta unos 13.000 hombres, cifra que ni por presupuesto ni por capacidad de formación la Metropolitana puede alcanzar. Aunque se hicieron anuncios de operativos antidrogas en villas, incluyendo un ingreso a la 31, la realidad es que no hay efectivos ni preparados ni especializados para que esos operativos sean exitosos. Sobre la Infantería, que es la que actuó el viernes, hay versiones cruzadas. Lo que se dice es que la Metropolitana no tiene efectivos suficientes y por lo tanto en la represión del viernes actuaron policías que durante la semana están en un patrullero. La falta de capacidad se traduce rápidamente en recurso a la violencia. El viernes, por ejemplo, la Metropolitana llegó a las siete de la mañana cuando no había manifestantes. Cualquier fuerza organizada pone vallas rodeando el lugar en el que se iba a hacer la demolición. Las vallas justamente evitan los choques, tal como sucede habitualmente frente a la Casa Rosada o el Congreso en días en que hay manifestaciones. Los empleados del Borda ingresaron al predio que querían defender y luego la Metropolitana tuvo que sacarlos, en lo que ya implicaba un contacto cuerpo a cuerpo. Encima algunos efectivos avanzaban, otros retrocedían y los escopeteros terminaron haciendo punta con sus armas. El recurso en el que confiaron fue el de la brutalidad, como ocurría antaño con la Federal. Y la ausencia de conducción civil redondeó todo. Cuando existe control de los funcionarios de gobierno las instrucciones son precisas: el operativo se debe hacer de tal manera, hasta en los mínimos detalles. Cuando el poder lo tienen los comisarios, las instrucciones son vagas: despeje el área. Esto es lo que ocurrió el viernes. Y no hubo muertos de pura casualidad: el desorden, la falta de diálogo con los manifestantes, la ausencia de autoridad política terminó en que le pegaron palazos y balazos –de cerca– a cualquiera que tuvieran delante. raulkollmann@hotmail.com 28/04/13 Página|12 El pacto que no firmaron A fines de marzo de 2011, la ministra de Seguridad Nilda Garré propuso a los 24 distritos del país un protocolo de actuación ante manifestaciones y protesta social. Diecinueve provincias firmaron; tres están evaluando (Corrientes, Córdoba y Santa Fe) y dos decidieron no firmar, Ciudad de Buenos Aires y Neuquén. El texto es categórico y recoge las nuevas técnicas: La intervención de las fuerzas de seguridad será progresiva, empezando por el diálogo con los manifestantes. Los Poderes Eecutivos deben designar un funcionario político responsable de coordinar todas las acciones. Se establecerá claramente la prohibición de usar armas de fuego a todo el personal que tenga contacto directo con los manifestantes. Queda prohibido el uso de pistolas lanzagases. Las postas de goma sólo podrán usarse para fines defensivos, no se pueden usar para dispersar una manifestación. Deben establecerse vallas para salvar la integridad de los que protestan y del personal. No puede haber ni vehículos ni personal sin identificar. Los efectivos deben garantizar la libre cobertura y queda prohibido impedir que se tomen fotografías, imágenes o testimonios. 28/04/13 Página|12

MONTENEGRO UD TIENE QUE RENUNCIAR

DURAS CRITICAS AL MINISTRO MONTENEGRO EN LA INTERPELACION LEGISLATIVA “Usted tiene que renunciar” Fueron ocho horas en las que la oposición le pidió a un impasible ministro de Seguridad porteño que se vaya. Montenegro habló de “ley y orden” como una manera “de vivir en democracia” en la ciudad. Por Carlos Rodríguez “Usted no tiene más que renunciar”, planteó el titular del bloque kirchnerista, Juan Cabandié, en la primera intervención opositora en la interpelación al ministro de Seguridad porteño, Guillermo Montenegro, que se hizo ayer en la Legislatura por la violenta represión del viernes en el Hospital Borda. “Usted debe renunciar, dio la orden de invadir con 300 policías un hospital psiquiátrico”, argumentó el diputado Jorge Selser, de Proyecto Sur. “Estoy indignado por el nivel de hipocresía del ministro, que no tiene un grado mínimo de autocrítica. Lo que debe hacer es renunciar”, insistió Fabio Basteiro, de Buenos Aires para Todos. La legisladora de la Coalición Cívica Rocío Sánchez Andía, comenzó serena y terminó a todo pulmón para pedir la renuncia del funcionario, a la vez que exigió “respuestas porque la Policía Metroplitana no puede seguir actuando así y los agentes que dispararon no pueden pertenecer más a la fuerza”. El ministro, además de aclarar que ni ha pensado en renunciar, nunca precisó quién dio la orden de reprimir y ni siquiera identificó a un agente de la Metropolitana que actuó con el rostro cubierto (ver foto) y que “invitaba a pelear a los trabajadores de ATE” que estaban en el Borda, confirmaron varios legisladores durante la sesión. Uno a uno, todos los bloques opositores clamaron por lo mismo. Montenegro, impasible, contestó: “Mi designación fue hecha por el jefe de Gobierno (Mauricio Macri) y ni él me ha pedido la renuncia, ni yo considero que sea necesario renunciar”. Hasta tuvo aire para apelar a una ironía: “Agradezco que lo hayan pedido en forma unánime; es una de las primeras veces que se ponen de acuerdo, pero no es mi idea renunciar”. Luego de escuchar una avalancha de críticas y reclamos, Montenegro hasta pareció olvidar las palabras más conciliadoras que había dicho al abrir la sesión, cuando llamó a “tener una clara autocrítica del procedimiento” de la policía a su cargo “para que este tipo de situación no se repita”. Sostuvo, en la apertura de la sesión especial, que “en algún punto, la violencia de ayer debíamos haberla tenido que tratar de otra manera” y reconoció que “este tipo de agresión no fue manejado por la Metropolitana”. Prometió, antes y después, que si “algún agente no cumplió con el protocolo (de intervención en manifestaciones públicas), va a ser investigado y sancionado”. Del comienzo moderado, Montenegro pasó a la ofensiva. Entonces aseguró que la Metropolitana, que llegó al Borda a las 6 de la mañana, lo hizo “para respaldar a una empresa constructora” para que diera “el puntapié inicial de una obra”, el centro cívico, aunque lo que se hizo en realidad fue demoler un taller protegido, vulnerando una resolución judicial vigente. La orden fue dictada en diciembre y ratificada el viernes por la noche –con el hecho consumado– por la Cámara en lo Contencioso Administrativo de la Ciudad. Como se criticó la hora del operativo –se hizo antes del amanecer–, Montenegro volvió a ironizar: “En las obras se empieza a trabajar a las 6, como yo en la oficina del ministerio”. El ministro se llenó la boca, varias veces, con la necesidad de respetar “la ley y el orden” porque es “la forma de vivir en democracia”, pero negó lo evidente, que el gobierno porteño, a través de la Metropolitana, desconoció un fallo judicial preexistente, que ahora se torna abstracto porque ya no existe el bien que se quería proteger. Sin perder la calma, Montenegro dijo que el viernes a las 21, una hora después de recibir la amonestación de la Cámara en lo Contencioso Administrativo, acató en forma tardía la orden judicial que había desoído. “A las diez de la noche, sacamos la guardia de la Metropolitana que habíamos dejado en el lugar”. Le faltó admitir que custodiaban los escombros del ex taller protegido. Para llegar a esas conclusiones tuvo que reponerse de una avalancha de críticas por el violento operativo del viernes. La diputada Gabriela Cerruti, de Nuevo Encuentro, acordó en que Montenegro “tiene que irse” porque la Policía Metropolitana “es la de Ciro James y Jorge ‘El Fino’ Palacios”, en alusión a la causa por las escuchas telefónicas en la que está imputado Macri y en el hecho de que se ha formado una fuerza de seguridad porteña encabezada por hombres echados de la Policía Federal por gravísimos casos de corrupción. “Esta no es la policía que hemos votado en la Legislatura, para proteger a la ciudadanía en democracia, esta es una policía como la Bonaerense que asesinó a Kosteki y Santillán.” Fueron varias las alusiones que se hicieron, durante los discursos de la oposición, a la similitud “entre los métodos que se aplicaban durante la dictadura y los procedimientos de la Metropolitana”, en referencia, también, a los operativos de represión ocurridos, en los últimos tiempos, en referencia no sólo al caso del Borda, sino también a los desalojos violentos del Parque Centenario y de la Sala Alberdi del Centro Cultural San Martín. Fabio Basteiro identificó a “un señor de apellido Giménez”, de la Metropolitana, a quien los legisladores que estuvieron en el Borda –la mayoría, mujeres y hombres, fueron golpeados por los uniformados– le pidieron que intercediera para evitar incidentes. “En vez de encontrar una salida ordenada y pacífica, este señor hacia señas para que sus compañeros siguieran tirando contra las personas que estaban allí. Esta es la forma en la que se actúa en Macrilandia.” Basteiro sostuvo que, de lo sucedido, también son responsables, además de Montenegro, el jefe de Gabinete Horacio Rodríguez Larreta, el ministro de Desarrollo Urbano, Daniel Chaín, y “hasta el propio jefe de Gobierno”. Rocío Sánchez Andía señaló la presencia de una supuesta “fuerza especial de la Metropolitana que actuó con la cara cubierta”, sin tener a la vista ningún tipo de identificación ni el nombre de los oficiales. Cuando se identificó como diputada ante uno de ellos, le mostró su credencial “y como toda respuesta me dijo: ‘Correte pendeja’”. Ella mencionó la presencia de un miembro de la policía “con el rostro cubierto, que provocaba a los trabajadores de ATE y que disparó” contra los presentes. Precisó que “cuando disparaban, apuntaban arriba de la cintura”. El diputado Aníbal Ibarra informó que uno de los médicos golpeados, Guillermo Puerta, hoy jefe de servicio del Borda, durante la dictadura estuvo seis años detenido; “hoy es testigo en la causa de La Perla”, el centro clandestino de detención que funcionó en Córdoba. “El estaba sentado en un banquito, allí le pegaron, lo detuvieron y lo acusaron de ‘resistencia a la autoridad’.” Ibarra, haciendo una comparación con lo que se vivió durante la dictadura, dijo que el del viernes fue “un operativo ilegal, secreto”. María Elena Naddeo criticó el hecho de que algunos medios de prensa dijeran que lo ocurrido fue “un enfrentamiento y no una represión, que es lo que fue”. Alejandro Bodart, del MST en Proyecto Sur, consideró que “todo estuvo preparado para reprimir”, dado que “luego de demoler el edificio del taller protegido, no se fue del lugar, cuando podía haberlo hecho”. Aseguró que la fuerza policial acciona de esa forma “porque sobre un total de 52 miembros del alto mando, 42 son oficiales que fueron echados de la Policía Federal; cuatro de ellos tienen el cargo de superintendente de la Metropolitana”. Bodart, al igual que otros legisladores, señalaron que hay elementos para pedir el juicio político de Macri. Los únicos diputados oficialistas que hablaron fueron Alejandro García y Martín Ocampo. Defendieron la “legalidad” del operativo y Ocampo, a sugerencia de una colega de su bancada –se lo “susurró” al oído y se escuchó en el recinto–, dijo que se quejan por lo ocurrido en el Borda, pero se olvidan de “Cromañón o de la tragedia ferroviaria de Once”. La sesión se cerró luego de ocho horas de debate. 28/04/13 Página|12 GB