domingo, 31 de mayo de 2020

Un golem silencioso


"No se podía decir, cantar, escribir, sin antes pensar qué, con quién, dónde. No se podía cantar “El cautivo de Til Til” en la panadería, no se podía decir en clase que no creías en Dios, no se podía contar que mamá quemó junto a la ligustrina y los crisantemos esas revistas con estrellas rojas".
https://us.as.com/us/2020/05/31/tikitakas/1590901253_442456.html

Así se viven las protestas en USA: incendios, destrozos, golpes

Estados Unidos tuvo un sábado lleno de drama y mucho movimiento debido a las caóticas protestas tras la muerte de George Floyd.

Huellas de un siglo - El Cordobazo y otros "azos" (2 de 2)

Córdoba insurgente
Por Angel Stival y Juan Iturburu*
Los hechos y los protagonistas en una crónica sobre el 29 de mayo de 1969, las discusiones y los acuerdos en medio de la histórica protesta. Testimonios de Víctor Grinscpun (matemático, ex estudiante del IMAF)

En el anochecer del jueves 29 de mayo de 1969, la ciudad de Córdoba estaba envuelta por un humo de distintos tonos de gris, según el material que ardía en las hogueras y barricadas. Desde colchones viejos hasta automóviles fueron a parar a la la furia del fuego antidictatorial, indiscutible consigna de unidad del Cordobazo a partir de la cual después se discutiría casi todo acerca de los contenidos del estallido.
A la media tarde de ese día, el fuego comenzaba a atenuarse cuando la IV Brigada de Infantería, al mando del general Jorge Raúl Carcagno, avanzaba lentamente por la Avenida Colón para "recuperar" la ciudad tomada.
La tarea no fue fácil porque, en la periferia de los escenarios principales de la batalla, persistían focos de resistencia que duraron hasta el día siguiente, cuando en los centros de poder recién lograban recomponerse para solicitar un escarmiento.
Así, la Bolsa de Comercio de Córdoba hizo sentir su voz indignada reclamando "severas sanciones para los autores de la depredación y el pillaje".
El gobierno nacional, que encabezaba Juan Carlos Onganía, no varió su tozuda filosofía represiva y creó, mediante un fulminante decreto, el Consejo Especial de Guerra que juzgaría sumariamente a quienes "atentaron contra el orden y la seguridad públicas".
Para el comandante del Tercer Cuerpo de Ejército, Sánchez Lahoz, quien había comandado el operativo de represión desde su despacho, los sucesos eran causados por "la intervención de células comunistas, internas e internacionales".
Del otro lado de las barricadas, en la noche del 29 quedaban algunos pocos obreros fabriles, sector que fue la columna vertebral de la impresionante y arrasadora manifestación de fuerza del pueblo cordobés.
Espontáneo u organizado, oportunista o revolucionario, el Cordobazo plantó una estaca mortal en el corazón del régimen y, al tiempo que mostró la fuerza de los trabajadores en pie de lucha, dejó expuestos sus límites para acceder al poder político.
Pero, en la oscuridad de la noche del 29, comenzaron a brillar las ideas que presidirían el debate político en la década siguiente.

LAS CARTAS SOBRE LA MESA
La torpe política del gobierno de Onganía había empujado la unidad en la acción de sectores gremiales que políticamente, tenían muy poco en común.
Por sobre la CGT de los Argentinos --antecedente decisivo del Cordobazo, aunque en ese momento fuera más una referencia ideológica que un instrumento concreto de lucha--, legalistas (vandoristas), ortodoxos (peronistas de derecha) e independientes (comunistas, radicales e izquierda independiente), coincidieron en lanzar el paro activo del 29 de mayo.

"De Frente con las bases peronistas" Nº 5, 30 de mayo de 1974, A cinco años del cordobazo. Clic para descargar.
El lucifuercista Agustín Tosco y el mecánico Elpidio Torres fueron las mayores figuras del Cordobazo, pero en su elaboración y concreción también estuvo el importante gremio de los choferes (UTA) que encabezaba Atilio López, además de Miguel Angel Correa (maderero), Héctor Castro (ATE), Jorge Canelles (UOCRA), Carlos Borelli (petroleros), quienes tuvieron activa participación en las luchas previas que prepararon el clima de la rebelión.
En rigor, puede decirse que la gestación de este gran movimiento duró casi tres años, ya que comenzó con las luchas estudiantiles del 66, cuyo resplandor persistió hasta 1969 y que dejó un movimiento estudiantil activo, fuertemente influido por las movilizaciones de la CGTA y por sus propias reivindicaciones.
La conciencia antidictatorial del estudiantado universitario no estaba en duda. Más aún, en su interior fluía un proceso de incesantes rupturas políticas y reagrupamientos, reflejo de profundas tendencias de cambio que latían en la sociedad.
Los obreros de la industria automotriz, por su parte, en especial los de la planta de Ika Renault, en Santa Isabel, se habían templado en la lucha por sus propias reivindicaciones, contra el llamado sábado inglés y las quitas zonales.
Los choferes de la UTA también venían de duros enfrentamientos con las empresas de transporte urbano de pasajeros, que recién comenzaban a constituirse tras el desmantelamiento un tanto desprolijo de la Corporación Argentina del Transporte Automotor (CATA).
Toda la población, en fin, de una Córdoba libertaria, portadora de una rebeldía legendaria y que ahora atravesaba un momento especial de su historia, no soportaba el opresivo clima impuesto por la dictadura.
A LAS PIÑAS EN EL CÓRDOBA SPORT
"Ciudad en convulsión: Hoy sin transporte y mañana paro total", titulaba el vespertino Córdoba su edición del 15 de mayo de 1969. A 14 días del Cordobazo, no podía pintarse mejor el clima existente en la ciudad.
Detrás de todo, estaban Smata y Uta. El gremio de los choferes de transporte urbano intensificaba las medidas de fuerza para reclamar la antigüedad y la estabilidad para los trabajadores de la anterior empresa, la CATA, que habían pasado a las firmas ganadoras de la licitación hecha por la Municipalidad.
Por ese motivo, la UTA lanzó un paro para el 5 de mayo que se cumplió en un clima de violencia, con varios atentados a los ómnibus que circulaban manejados por sus dueños.
El 12 de mayo, el gobierno nacional dio a conocer la ley 18204 que establecía un régimen de descanso desde el sábado a las 13 hasta el domingo a las 24 (sábado inglés).

La reacción no se hizo esperar: las dos CGT lanzaron un paro para el viernes 16 de mayo, que se convierte en paro de 48 horas, esta vez sí masivo y contundente, de los choferes que peleaban por el reconocimiento de su antigüedad.

El miércoles 14, el Smata convocó a una asamblea de afiliados en el mítico Córdoba Sport Club, una suerte de Luna Park cordobés en el que se realizaban festivales de boxeo y se disputaban los partidos de básquetbol más importantes (incluso los de las Olimpíadas Universitarias, por lo que era un lugar familiar para los estudiantes).
Pese a la prohibición policial, los obreros abandonaron sus puestos de trabajo, subieron a sus ómnibus y se encaminaron hacia el centro, donde arribaron como un aluvión.
A las 15.30 había más de 2.500 en el local de la calle Alvear, cerca de la Avenida Olmos. Afuera, en las calles adyacentes, se concentraban rápidamente los patrulleros y los carros de asalto de la infantería policial.
Con Elpidio Torres (secretario general del Smata Córdoba) y Dirk Kloosterman (secretario nacional del gremio) como oradores, la asamblea aprobó por aclamación el paro de 48 horas, en medio de un tenso clima que se convirtó en silencio absoluto cuando Torres pidió que se obviara la lectura de los considerandos porque en cualquier momento entraba la policía.
El pedido, formulado por el propio Torres, de que los asambleístas se retiraran ordenadamente, fue infructuoso. Los obreros enfrentaron a la policía en Lima y Alvear (esquina opuesta a la de la avenida Olmos) y la batalla ocupó el centro de la ciudad, extendiéndose por las calles Catamarca, Maipú, 25 de Mayo y San Martín. El duelo de piedras y palos contra gases lacrimógenos y balas, que los estudiantes cordobeses conocían muy bien, repetía las batallas de 1966.
Precisamente, el 19 de mayo el gobierno cerró la Universidad "por el actual clima de agitación". Los estudiantes, que habían lanzado las "jornadas de agitación y lucha", intentaron una marcha que fue prohibida por la policía. En la iglesia del Pilar se realizó una misa para recordar la muerte de Santiago Pampillón y nuevamente se enfrentaron policías y estudiantes.
Simultáneamente, los alumnos de la Universidad Católica aparecieron en escena a través de un paro solidario con sus colegas estatales.
LA FÓRMULA DEL PARO ACTIVO DE 36 HORAS
Agustín Tosco, Elpidio Torres y Atilio López tenían, cada cual, una de las llaves para abrir las puertas del Cordobazo. Las diferencias políticas, sobre todo entre Tosco y Torres, eran muchas, pero las bases empujaban mientras el gobierno, con una ceguera política que pasaría a la historia, le cerraba caminos a Augusto Timoteo Vandor, quien, por otro lado, apostaba ahora a golpear la dictadura y negociar en mejor posición.
La interpretación y perspectivas del Partido Comunista sobre el Cordobazo. Folleto editado por el PC en 1971. Clic para descargar
El guiño del dirigente metalúrgico fue suficiente para decidir a Torres; Tosco tragó saliva y el contacto fue una célebre cena en que se unieron las fuerzas de ambos gremios. El documento, redactado en el ámbito del sindicato mecánico, fue llevado por Tosco a la CGT de los Argentinos, que funcionaba en el local tradicional de la Avenida Vélez Sársfield (hoy es sede de una dependencia del Banco Social de Córdoba), en tanto que Elpidio lo presentó en la CGT vandorista, cerca de la Maternidad Provincial.
El paro activo de 36 horas que se aprobó entonces marcó una nueva modalidad de lucha que se pondría a prueba en las calles cordobesas.
El plan consistió en mantener el funcionamiento del transporte urbano de pasajeros para llevar a los obreros a su lugar de trabajo, cumplir normalmente las tareas hasta media mañana, abandonar laicas a partir de esa hora y encolumnarse para marchar hacia el centro y, finalmente, realizar un acto de protesta frente al local de la CGT de los Argentinos.
El clima en las fábricas del entorno industrial cordobés era de una enorme efervescencia. Los obreros, por lo menos quienes estaban al frente de la movilización, sabían que chocarían con la represión policial. Pero estaban organizados, los animaba el odio antictatorial y habían acumulado confianza en su propia fuerza.
El 29 de mayo, desde Materfer, Fiat Concord, Grandes Motores Diesel y Perkins, por la Ruta 9; desde Perdriel e Ilasa, en las cercanías del aeropuerto de Pajas Blancas; desde la central de Lima y Maipú de la Empresa Provincial de Electricidad de Córdoba (EPEC), pero, fundamentalmente, desde Santa Isabel, por el camino a Alta Gracia, las columnas obreras, sólidas, compactas, cargadas de fuerza y rebeldía, harían trizas los sucesivos cordones policiales que esperaban armas en mano.
En su avance hacia el centro, la marcha arrastraba a los trabajadores de centenares de fábricas pequeñas y talleres que encontraba a su paso.
El arquetipo de las batallas que, ese día, se libraron en distintos sectores, fue la que protagonizaron, cerca del mediodía, 5.000 obreros mecánicos frente al Hogar Pablo Pizzurno, en la Avenida Vélez Sársfield. Los esperaba alli el primer escollo policial, salvado con cuanto elemento contundente pudiera ser arrojado. La columna de obreros se partió en dos: una parte se desplazó hacia el centro por la Ciudad Universitaria, arrastrando a los estudiantes que en ese momento estaban en el comedor univeristario, y la otra ingresó a los barrios Güemes y Observatorio, donde los manifestantes se sorprendieron por la solidaridad de un barrio poblado por estudiantes y trabajadores que se atrincheraron de inmediato para resistir.
A las 12,30, entretanto, una batalla campal hacía retroceder a la policia en las inmediaciones de la plaza Vélez Sarsfield y, muy cerca de allí, en Bulevard San Juan y Arturo M. Bas, caía la primera víctima fatal, Máximo Mena.
La reacción fue inmediata y en cadena. Con furia, los manifestantes se adueñaron de la ciudad, levantando verdaderos muros de contención (barricadas) contra la policía, que debió replegarse a sus cuarteles dejando la ciudad en manos de los trabajadores, quienes recibían el apoyo de los vecinos.
Hitos de esa lucha fueron la toma del Círculo de Suboficiales del Ejército, en San Luis y La Cañada, los incendios de la firma estadounidense Xerox y de Citroen, en la avenida Colón, de las oficinas de la Dirección General de Rentas, en Mariano Moreno y Caseros, de la Aduana, en Chacabuco al 400.
La llegada del Ejército, junto con las sombras de la noche, el allanamiento a la CGTA, la detención de dirigentes y su juzgamiento y condena por los Consejos de Guerra (Canelles, 10 años de cárcel; Tosco, 8 años; Elpidio Torres, 7) fueron la respuesta de una dictadura que acusaba al comunismo internacional como responsable de semejante pueblada.
"Vengo a cortar la cabeza de la víbora comunista", dijo el gobernador Uriburu, reemplazante de Caballero. Poco después, una jornada similar al Cordobazo, que el ingenio popular llamó el Viborazo, terminaría de convencer a las clases dominantes de que, si querían conservar el poder sin tamaños sobresaltos, debían buscar un camino distinto al que habían ensayado con el golpe de 1966.
* Revista Los 70
Algunas precisiones sobre el clasismo en los setenta

Por Edgardo Fontana (Camba)

El lunes 5 de octubre Beatriz Sarlo escribió un artículo de opinión en el diario La Nación, titulado "Piquetes buenos, piquetes malos". Allí la otrora intelectual orgánica al maoísmo argentino, hoy columnista de las principales empresas mediáticas del país, realiza una intervención para el asombro. Su intención es ligar el actual conflicto en Kraft con las luchas desplegadas por el sindicato de los mecánicos cordobeses a comienzos de los años setenta, para así esbozar dos hipótesis críticas: por un lado cuestionar el discurso macartista de la dirigencia de la CGT y por el otro denunciar al setentismo kirchnerista, porque sus invocaciones al pasado se refieren únicamente a la "gloriosa JP".

Lo llamativo es que Sarlo reproduce cada una de las operaciones que cuestiona, confirmando así una manera de referirse a la historia que nos incomoda muchísimo, por cómo mutila y empobrece procesos que fueron complejos y permanecen abiertos a múltiples interpretaciones. A este historicismo voraz le interesa hallar apoyaturas prestigiosas para argumentaciones políticas, que no hacen sino realimentar los estereotipos más tradicionales. El siguiente relato intenta aportar una versión apenas más matizada sobre aquellos acontecimientos, pero que tal vez alcance para desarmar algunas nociones especialmente pueriles.

Por ejemplo, la autora no menciona que entre el clasismo y las expresiones del peronismo revolucionario hubo mucha más colaboración que desconfianzas. Que tales organizaciones de base se distinguían menos por la ideología que por su fuerte contenido democrático, lo que suponía un pluralismo capaz de rechazar todas las orientaciones lineales, sean del color que fueran. Tampoco da cuenta, en su afán condenatorio de las organizaciones revolucionarias que eligieron la vía armada (a las que tilda sin empacho de terroristas), que si algo resulta aún hoy llamativo en las decisiones políticas de René Salamanca, no fue precisamente su radicalismo guerrillero sino el tardío apoyo que brindó nada menos que a Isabel Perón.


Pero ninguna de estas precisiones tiene sentido, en verdad, si aparecen desligadas de lo que sigue siendo una pregunta pendiente y muy actual para nosotros: ¿en qué puede consistir una política obrera que ya no tenga como horizonte (aún si los reconoce entre sus antecedentes) ni al peronismo ni al socialismo? Claro que para formular este tipo de interrogantes hay que preocuparse por escuchar lo que las nuevas luchas tienen para decir y no regodearse tanto en lo que cada quién hizo hace treinta años, sobre todo cuando esas reminiscencias tienen como objetivo la autopromoción y el vedettismo.

Los orígenes del clasismo

En los años setenta, René Salamanca condujo los destinos del sindicato más poderoso de Córdoba y junto a Agustín Tosco y Atilio López conformaron un polo alternativo al sindicalismo vertical representado por la ortodoxia peronista.

Eran tiempos de gran efervescencia política. Había muchas tendencias, tales como las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL); el Partido Comunista Revolucionario (PCR); Vanguardia comunista (VC); el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y la izquierda peronista con sus distintas vertientes, cuyas raíces se remontaban a la Resistencia, como las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y también Montoneros.

La clase obrera pasa a ser un territorio de disputa para la mayoría de las organizaciones que en su horizonte avizoran un proyecto socialista revolucionario. En este contexto, el PCR, al que luego se afiliaría Salamanca, en el primer congreso nacional realizado en diciembre de 1969, caracteriza al Cordobazo como el punto de inflexión de la lucha de clases en la Argentina. El PCR y otras organizaciones proyectan la creación de células revolucionarias en las fábricas y la formación de una "corriente sindical clasista". Para ello destina a militantes que trabajen en las fábricas o bien para que distribuyan literatura partidaria.
Salamanca fue uno de los fundadores de la agrupación Felipe Vallese (sic) y en 1970 se presenta como candidato a delegado, venciendo al representante de Elpidio Torres. Pero su designación no prosperó por carecer de la antigüedad establecida en los estatutos. Al año siguiente, insistió como subdelegado. Ganó y su triunfo fue reconocido. Su figura estaba creciendo dentro del Movimiento de Recuperación Sindical (MRS) y en 1972 encabezó la Lista Marrón pluralista.

"En aquél tiempo nos juntábamos más de 400 delegados. Un hervidero. Era la expresión política que había en la provincia. Por lo tanto, la asamblea se convertía en un foro político" afirma un compañero de lucha de Salamanca. Cuenta que una de las preocupaciones de Salamanca era el pluralismo. "Podríamos haber puesto gente nuestra solamente y no lo hicimos. Cuando ganamos las elecciones, gobernaba Lanusse y dominaba la política el tema del regreso de Juan Domingo Perón. Éramos jóvenes. Yo fui un año delegado y pasé luego a ser secretario adjunto".

Para Agustín Funes, Salamanca tenía una relación de respeto con las bases peronistas. "La izquierda en general era gorila por un problema ideológico de formación, experiencia y luchas. René hizo todo lo contrario. Cuando volvió Perón decía: el 90% de los obreros son peronistas, y convocó a recibirlo a Ezeiza".

La propuesta de la lista marrón se centraba en los siguientes puntos: reducción de los cargos sindicales pagos –de 13 a 4– y rotación obligatoria por los lugares de trabajo; una asamblea podía destituir a un delegado sin más trámite; todas las resoluciones del sindicato debían ser aprobadas por asamblea abierta; apoyo firme a la restitución del sábado inglés; afiliación de los administrativos al SMATA; un único convenio colectivo para todos los trabajadores y reajustes salariales cuatrimestrales; exigir que la empresa reconociera el trabajo insalubre; reducción del ritmo de la producción y participación gremial en la determinación de la marcha del trabajo. Durante la campaña levantaron las banderas de la honestidad y la democracia sindical.

Democracia sindical y burocracia
Ganadas las elecciones, Salamanca y los clasistas del SMATA se dedicaron a trabajar por la unidad de los trabajadores automotores y el cumplimiento de la plataforma que los llevó al triunfo. Uno de los puntos es el referido al contacto de los dirigentes con las bases. "La mitad de los directivos iban a trabajar y quedaban los suplentes; cosa que escucharan lo que pasaba en la planta. Fue un salto cualitativo para la organización", evalúa Funes.

Sin embargo tuvieron que enfrentarse a duras embestidas, primero del gobierno militar y después del aparato sindical peronista. Por caso, la decisión de un juzgado y del Ministerio de Trabajo de otorgar la jurisdicción de Fiat a la UOM en noviembre de 1972, provocó la reacción del SMATA quien la rechazó de plano. Plebiscitó la medida en las puertas de la planta obteniendo una amplia victoria. Ignoró lo decidido por el Ministerio y en junio realizó una segunda consulta en la que los trabajadores de Fiat se manifestaron a favor del SMATA por abrumadora mayoría.

Ante la negativa de la empresa de reconocer los resultados, los obreros de Concord ocuparon la fábrica y recibieron el apoyo de otras empresas como Perkins. Gobernaba el peronismo quien medió en la situación y en 90 días la cuestión debería ser resuelta en el ámbito del Ministerio de Trabajo de la Nación. Sin embargo, la disputa iba mucho más allá tanto del SMATA como de la UOM que pugnaban –a nivel nacional– por el control del movimiento obrero; la pelea de fondo era entre la derecha y la izquierda peronistas. El tema no se resolvió hasta 1975 y en favor de la UOM.

Combativos y disidentes

En 1973, podían reconocerse cuatro sectores gremiales bien definidos.

El ortodoxo, que se reconocía peronista y verticalista. Entre ellos se encontraban la UOM, molineros, madereros y taxistas. Respondían a la conducción de la CGT Nacional y a las 62 Organizaciones.

Los legalistas, eran peronistas pero más independientes y plurales. Controlaban unos 25 gremios y estaba liderado por Atilio López (UTA), secretario general de la CGT regional Córdoba.
El sector independiente reivindicaba un modelo de sindicalismo democrático y antiburocrático. Estaba formado por siete gremios y el referente principal era Agustín Tosco quien se definía como marxista y socialista.

Por último, el clasista representado por el SMATA conducido por René Salamanca. Dicho sector pensaba que la clase trabajadora debía motorizar un proceso revolucionario. Se descreía de la salida electoral –propiciaron el voto en blanco– y era crítico de la burocracia sindical peronista. Contaba en sus filas a trabajadores de los ex sindicatos Sitrac y Sitram que agrupaban a obreros de Fiat y Materfer.

Pero el PCR siempre fue crítico de la experiencia de los ex-sindicatos Sitrac y Sitram, porque consideraba que habían sido "rifados" por posiciones ultraizquierdistas. De acuerdo a sus tesis insurrecionalistas, el PCR decía que quería preservar el SMATA hasta el momento de la insurrección y la toma del poder, sin embargo terminó facilitando la intervención del gremio por parte del gobierno de Isabel Perón en el orden nacional y del golpista brigadier Lacabanne, en Córdoba, en agosto de 1974, con una prolongada huelga previa que el PCR justificó diciendo "un topetazo más y se cae el ruso Gelbard".

Legalistas, independientes y clasistas, configuran la CGT Córdoba. Los caciques porteños comenzaron a manifestar su decisión de disciplinar a los cordobeses. Salamanca, por su parte, había tejido una alianza con el sector de legalistas e independientes de la CGT combativa. No obstante, las elecciones de 1973 dividieron las aguas. Razones políticas e ideológicas los separan.

El SMATA criticó duramente la decisión de Atilio López de aceptar la candidatura a vicegobernador y a Tosco por apoyar la fórmula. Llamaron a la abstención. Pero los trabajadores votaron en asamblea el apoyo a la fórmula del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI).

Segundo triunfo de la Marrón

En 1974, pese a una maniobra orquestada por José Rodríguez unificando las elecciones nacionales con las provinciales, los trabajadores que según James Brennan –autor de una investigación sobre el movimiento obrero cordobés en los setenta– eran mayoritariamente peronistas, ratificaron su voto de confianza en la lista clasista que venció a la de Elpidio Torres y a la del PC. Esta victoria si bien consolidó la alianza del Movimiento Sindical Combativo que se oponía al Pacto Social y a las políticas de Perón, no trasladaba directamente un apoyo a la política del PCR que impulsaba Salamanca. Estaba claro que los obreros mantenían su lealtad a Perón y no estaban dispuestos a romperla.

El propio Atilio López, quien había abandonado al MSC presionado por Perón, participó de una movilización en repudio al fallido atentado contra Salamanca (11/12/73) y a la muerte del activista Arnaldo Rojas. A partir de estos hechos se inicia una campaña de terror que cobraría decenas de víctimas en los seis meses siguientes.

Tal vez una CGT unificada podría haber resistido los ataques del gobierno y de la burocracia. Pero el movimiento obrero ya estaba dividido entre peronistas y no-peronistas, y la lucha por recuperar el poder había sido planteada a todo o nada. Sobrevino el conflicto entre SMATA y la empresa IKA Renault en demanda de aumentos salariales. El gobierno declaró ilegal la medida por la vigencia del Pacto Social.

A la empresa le venía bien el conflicto para llevar adelante su política empresarial que también se veía perjudicada por el Pacto Social. Sobrevinieron las suspensiones y el cierre del complejo de Santa Isabel. De inmediato, la conducción nacional expulsó a los miembros del comité ejecutivo. Suspendió a la seccional y nombró una comisión de Buenos Aires para que asumiera el control. Esto fue duramente resistido por los trabajadores quienes rechazaron toda interferencia de los porteños.

La influencia partidaria

Un tema controvertido es la carta que Salamanca escribe en apoyo al gobierno constitucional en 1975. Agustín Funes interpreta que "esta decisión es propia de un líder con aspiraciones revolucionarias que tenía la captura recomendada. El hecho de llegar de este modo, con una carta, era porque no podía hacerlo con la voz. Desde la clandestinidad advierte que las más golpeadas iban a ser las masas y la clase obrera. Entonces, las convoca a generar las condiciones para parar el golpe de Estado. Es una decisión política de los miembros del partido del cual era miembro". Agrega además que el PCR venía encabezando la lucha antigolpista desde 1974, a partir de la muerte del presidente Perón. "Para nosotros, se abre una lucha sin retorno y es el golpe".

Por su parte, Nicolás Hadad puntualiza que una línea del partido define al enemigo principal y se pronuncia contra el golpe sabiendo lo que vendrá. Sin embargo, reconoce que no acordaba con esa postura. "Me asustaba el golpe, pero entendía que el gobierno de Isabel se caía por todos lados. La presión era grande. Habían matado a Atilio López y a su secretario y estaban provocando el terror. Pero hoy, mirando desde acá, pienso que esa línea era la correcta. Lamentablemente, después pasó una topadora".

Para James Brennan los vínculos del dirigente con las bases se habían debilitado, en cambio, se estrecharon con el partido. "Su falta de pelos en la lengua y su personalidad de renegado no sentaban bien a la jerarquía del PCR en Buenos Aires que apenas había tolerado sus actitudes cuando era secretario general del gremio más importante del interior del país".

Hacia fines de 1975 se había convertido en víctima de las contradicciones del partido quienes llegaron a defender el gobierno de Isabel Perón. Para Brennan, Salamanca en la carta a los Trabajadores de SMATA, "repite como un loro las obsesiones conspirativas del PCR, ya fuera porque olvidara la realidad o porque seguía directivas partidarias para ignorar las verdaderas preocupaciones de los mecánicos. Pero para ese entonces las suyas eran políticamente palabras huecas, apenas los débiles estertores de la muerte del clasismo cordobés".

Fuente: "Salamanca, un dirigente que no traicionó sus convicciones", de Katy García, en Prensa Red  |  La Fogata

29 de MAYO de 1969.

Por Rodolfo Walsh*

Trabajadores metalúrgicos, del transporte y otros gremios declaran paros para los días 15 y 16 de Mayo, en razón de las quitas zonales y el no reconocimiento de la antigüedad por transferencias de empresas.
Los obreros mecánicos realizaban una asamblea y son reprimidos, defienden sus derechos en una verdadera batalla campal en el centro de la ciudad el día 14 de Mayo.
Los atropellos, la opresión, el desconocimiento de un sin números de derechos, la vergüenza de todos los actos de gobierno, los problemas del estudiantado y los centros vecinales se suman.
Se paraliza totalmente la ciudad el 16 de mayo. Nadie trabaja. Todos protestan. El gobierno reprime.
En Corrientes es asesinado el estudiante Juan José Cabral. Se dispone el cierre de la Universidad.
Todas las organizaciones estudiantiles protestan. Se preparan actos y manifestaciones. Se trabaja en común acuerdo con la CGT.
El día 18 es asesinado en Rosario, el estudiante Adolfo Ramón Bello. Se realiza con estudiantes, obreros y sacerdotes tercermundistas una marcha de silencio en homenaje a los caídos.
El 23 de Mayo es ocupado el Barrio Clínicas por los estudiantes y son apoyados por el resto del movimiento estudiantil.
El 26 de Mayo el movimiento obrero de Córdoba resuelve un paro general de las actividades de 37 horas a partir de las 11 horas, para el 29 de Mayo, con abandono de trabajo y concentraciones públicas de protesta.
Los estudiantes adhieren en todo a las resoluciones de la CGT. Los estudiantes organizan y los obreros también. Millares y millares de volantes reclamando la vigencia de los derechos conculcados inundan la ciudad los días previos.
El 29 de Mayo amanece tenso. Los trabajadores de luz y fuerza son atacados con bombas de gases a la altura de Rioja y Gral. Paz. Una vez más la represión está marcha.
Las columnas de los trabajadores de las fábricas automotrices llegan a la ciudad y son atacados. El comercio cierra sus puertas y la gente inunda las calles.
Corre la noticia de la muerte de Máximo Mena, obrero mecánico. Se produce un estallido popular, la rebeldía contra tanta injusticia, contra los asesinatos, contra los atropellos. La policía retrocede. Nadie controla la situación.
Es el pueblo. Son las bases sindicales y estudiantes que luchan enardecidas. El apoyo total de la población.
Es la toma de conciencia contra tantas prohibiciones. Nada de tutelas ni usurpadores del poder, ni de cómplices participacionistas.
El saldo de la batalla de Córdoba, "El Cordobazo", es trágico. Decenas de muertos, cientos de heridos. Pero la dignidad y el coraje de un pueblo florecen y marcan una página histórica argentina y latinoamericana que no se borrará jamás.
En medio de esa lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad del pueblo, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su hermano.
"Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan.
La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas. Esta vez es posible que se quiebre el círculo..."

* Extraído de “Periódico de la CGT de los Argentinos”. Colección Completa. Números 1 al 55. Mayo 1968 – Febrero 1970. www.cgtargentinos.org
lanacion.com

La estremecedora columna de Kareem Abdul Jabbar, gloria de la NBA, sobre el asesinato de George Floyd: "Se abrió la temporada de caza de negros"


El asesinato del ciudadano estadounidense George Floyd a manos de un policía blanco, en Minneapolis, generó una conmoción social en ese país. La escalada de protestas, que empezó por el impulso de la comunidad afroamericana, se esparció por todo el territorio nacional. El sábado, por ejemplo, hubo marchas en varias ciudades, entre ellas Nueva York y Washington, a la vez que se sumaban las voces de repudio mientras el Gobierno de Donald Trump decretaba el toque de queda por las noches. Entre las palabras que más fuerte sonaron se agregaron este domingo las de un mítico ex basquetbolista: Kareem Abdul-Jabbar denunció que el racismo "institucional" presente en la sociedad es "más mortal que la COVID-19", en una columna publicada en el diario Los Angeles Times.
"Tal vez la principal preocupación de la comunidad negra en este momento no sea si los manifestantes están parados a tres o seis pies de distancia o si algunas almas desesperadas roban algunas camisetas o incluso incendian una comisaría, sino si sus hijos, maridos y mujeres, hermanos y padres serán asesinados por policías solo por salir a caminar o conducir. O si ser negro significa refugiarse en casa por el resto de sus vidas porque el virus del racismo que infecta al país es más mortal que la COVID-19. Si eres blanco, probablemente murmuraste un horrorizado 'oh, Dios mío', mientras sacudías la cabeza ante la cruel injusticia. Si eres negro, probablemente te levantaste de un salto, maldiciendo y gritando '¡otra vez!'", reflexionó en su artículo esta gloria viviente del deporte, de 73 años.
Con veinte temporadas en la NBA -estrella de Milwaukee Bucks y Los Angeles Lakers, entre los que obtuvo seis titulos de campeón hasta su retiro en 1989-, Abdul-Jabbar es un referente universal de su deporte. Retirado en 1989, siempre mantuvo en alto su voz en defensa de su comunidad. "Esos policías de Minneapolis afirmaron que Floyd se resistía a la detención, pero el vídeo de una tienda mostró que no era así. El policía que pisaba el cuello de Floyd no era un estereotipo de un sureño enfurecido, sino un oficial que parecía tranquilo, con derecho y sin piedad: encarnaba la banalidad del mal. ¿Qué ves cuando ves a manifestantes negros enfadados que se acumulan fuera de las comisarías de policía con los puños en alto? Si eres blanco, puedes estar pensando 'no cumplen el distanciamiento'. Luego ves caras negras saqueando tiendas o una comisaría en llamas y piensas 'eso daña su causa'. No estás equivocado, pero tampoco estás en lo correcto", continuó.
Serena Williams y LeBron James fueron solo dos de las decenas de deportistas estadounidenses que se manifestaron por el asesinato de Floyd. También el futbolista americano Colin Kaepernick, famoso por haberse arrodillado con un puño en alto durante la ejecución del himno de Estados Unidos antes de los partidos, que justificó las revueltas y deseó que Floy "descanse en poder".
La grabación de un video muestra al polcía apretando el cuello de George Floyd.
En su columna, Abdul-Jabbar fue más a fondo: "La comunidad negra está acostumbrada al racismo institucional inherente a la educación, el sistema judicial y el empleo. Y a pesar de que hacemos de todo para aumentar la conciencia pública y política, apenas cambia. La COVID-19 ha agudizado las consecuencias, ya que morimos a un ritmo significativamente más alto que los blancos, somos los primeros en perder nuestros trabajos y observamos impotentes cómo los republicanos intentan evitar que votemos. Parece que se ha abierto la temporada de caza de negros. Sí, las protestas a menudo se usan como una excusa para que algunos se aprovechen. No quiero ver tiendas saqueadas ni edificios incendiados. Pero los afroamericanos han estado viviendo en un edificio en llamas durante muchos años, ahogándose con el humo a medida que las llamas ardían cada vez más cerca. El racismo en Estados Unidos es como el polvo en el aire. Parece invisible, incluso si te estás asfixiando, hasta que dejas entrar el sol. Entonces ves que está en todas partes. Mientras dejemos entrar la luz, tendremos la posibilidad de limpiarlo. Pero tenemos que estar atentos, porque siempre está en el aire", señaló, crítico.
El policía que pisaba el cuello de Floyd no era un estereotipo de un sureño enfurecido, sino un oficial que parecía tranquilo, con derecho y sin piedad: encarnaba la banalidad del malKareem Abdul-Jabbar
"Lo que deberías ver cuando ves a los manifestantes negros en la era de Trump y el coronavirus es a personas empujadas al límite, no porque quieran bares y salones de belleza, sino porque quieren vivir, respirar. Quieren silenciar nuestra voz, robarnos el aliento. Lo que quiero ver no es el camino hacia el juicio, sino una carrera hacia la justicia", cerró su artículo publicado este domingo.