sábado, 30 de julio de 2016

CONTRATAPA El jardín de las delicias

Por Mario Goloboff *
Como si hubiesen ya leído, atentos, exaltados y algo incrédulos, el subversivo texto de Jorge Luis Borges (claro que, desdichadamente, posterior) “Kafka y sus precursores”, los surrealistas supieron fundar a El Bosco como antecedente de Marcel Duchamp, Francis Picabia, Max Ernst, Yves Tanguy, Salvador Dalí y sus acompañantes. No fue casual: los lazos del mundo latino y mediterráneo con el mundo flamenco eran firmes y antiguos; el interés mutuo, importante, y en el campo artístico hubo siempre abundantes y beneficiosos intercambios. Como ejemplo, basta el del propio Jheronymus Bosch, de quien el Museo del Prado tiene nada menos que seis obras. De las veinticinco originales que existen en su totalidad, auténticas, autenticadas, porque, por lo general, no fechó ninguna y muy pocas llevan firma estimada no apócrifa, España tiene ocho, y seis de ellas están ahí, en El Prado. Algunas, considerables: “El jardín de las delicias”, la más famosa, la más característica; “La adoración de los Magos”, la de mejor hechura; “El carro de heno”, la última que produjo, según los expertos, entre 1512 y 1515.
Además de por Tiziano, su favorito, Felipe II “el Prudente” sentía enorme admiración por El Bosco. E Isabel de Aragón, hija mayor de los Reyes Católicos, que vivió pocos años, puede que tuviera una, y posiblemente dos de sus obras que, al morir en 1498, legó a Isabel La Católica. Juana I de Castilla (1479-1555), cruelmente llamada Juana La Loca, se casó en 1496;ese mismo año conoció al pintor en ‘s-Hertogenbosch, su ciudad natal, y es probable que haya intermediado en el traslado de las obras. Juana había contraído matrimonio con Felipe “el Hermoso”, archiduque de Austria, duque de Borgoña y Brabante, conde de Flandes. De la actividad artística de El Bosco hay poco documentado, pero sí el encargo de un “Juicio Final”, que en 1504 le habría pedido Felipe el Hermoso. El Tríptico del Juicio Final, del pintor flamenco, es un cuadro datable hacia 1482 o posterior, ejecutado en óleo sobre tabla. Se encuentra hoy en la galería de pinturas de la Academia de Bellas Artes, de Viena. Hay un segundo tríptico dedicado al Juicio Final, algo posterior (1506-1508) en la Alte Pinakothek de Munich. Casi seguramente, es este el encargado por Felipe.
Hasta hoy se discute el verdadero género de la magnífica obra de El Bosco. Están los que le atribuyen, como la cosa más lógica del mundo, el llamado fantástico, y los que, en cambio, pregonan para él un realismo certero, agudo, un hiperrealismo, o un realismo subterráneo, que representaría y revelaría, a través de torcidas figuras, la verdadera índole del universo en que se movía, y que él habría visto en sus meandros, en sus entrañas. De aquel lado, se sitúan los estudiosos del género fantástico, con nuestro venerable difusor Roger Caillois a la cabeza, y también críticos de arte muy respetables, como Erwin Panofsky, para quien El Bosco era “lejano e inaccesible”; de este, empiezan por el monje Fray José de Sigüenza (1544-1606) y llegan hasta el enorme narrador Dino Buzzati, que lo llama “El Maestro del Juicio universal”. El primero, ya en 1605, escribe: “La diferencia entre los trabajos de este hombre y los de los demás está, en mi opinión, en que los demás tratan de pintar a los hombres tal como aparecen por fuera, en tanto que él tiene el valor de pintarlos cuales son dentro, en el interior”. El segundo, a mediados del siglo XX, describe un cuadro imaginario, por él imaginado, de El Bosco, en estos términos: “Rocas desnudas y corroídas en cuyos pliegues y grietas se revolvían montones de cuerpos, humanos y bestiales, entre sucios chorros de vapores amarillos. Ángeles con grandes alas pugnaban por liberar del oprobio a las almas todavía vacilantes y a ellos se oponían ferozmente formas inmundas. Era evidente que su causa estaba ya perdida. Los demonios, con cabezas de cerdos o de bestias salvajes, con bocas de sapo, con escamosos vientres de arácnidos, con cabezas mastodónticas de cuyas orejas salían raquíticas piernas, con cuerpos de lagartijas y ciempiés, eran mucosas, vientres, sexos, ludibrio de miembros viscosos y deformemente dilatados en las más torpes vergüenzas. Sobre el fondo de las escabrosas rocas, aquellos cuerpos tibios y palpitantes de sucios deseos, casi todos sonrosados, resaltaban con una violencia aún más salvaje que las maravillosas cortesanas adolescentes del Jardín de las delicias del Prado”.
Pero no es solo lo temático, lo onírico, lo fantasmal, aquello que se destaca en El Bosco; es, sobre todo, la factura, tan avanzada para su época, el atrevimiento con las formas, la audacia de la composición, y esto es subrayado por la gran crítica de arte Mia Cinotti: “Lo incisivo de la línea, el colorido extremadamente vario y sutilmente ‘total’, la espacialidad amplia y persuasiva, el vigor formal, la agudeza paisajística”.
Hay un capítulo, sin duda interesantísimo, sin duda marginal, de la gran obra de El Bosco: es el de sus imitaciones, el de sus falsificaciones. Tempranamente, se lo hizo víctima de ellas, y el público, de su dudosa fiabilidad, al no distinguir las obras verdaderas de las de sus imitadores. Muy rápido, el Bosco adquirió fama como fabulador de imágenes plenas de fantasía, y en seguida aparecieron esas copias y adulteraciones, que fueron numerosas (varias de ellas firmadas por Hieronymus Cock).
Jacques Lacan, a quien no podía escapársele tamaña grandeza del genio flamenco, y tamañas significaciones, y que además jerarquizaba sus propios y fraternos vínculos con el Surrealismo, le rindió diversos homenajes en sus memorables “escritos”, aparte de encabezar con él las reflexiones de L’agressivité en psychanalyse (1948). Y en su famoso trabajo sobre “El estadio de espejo” (1949), al hablar del cuerpo de uno mismo, visto o sentido en los sueños, fragmentado, disperso, no único ni entero, sostiene, en bella y poética prosa, que arribado a ciertos niveles de desintegración, este cuerpo “aparece entonces bajo la forma de miembros disyuntos que alean y se arman para persecuciones intestinas, lo que ha sido fijado para siempre por la pintura del visionario Jérôme Bosch en su ascenso del quinceavo siglo al cenit imaginario del hombre moderno”.
Cuando llegué por primera vez a España, apenas comenzados los emblemáticos setenta, entre las exploraciones reivindicativas y semiclandestinas que amigos peninsulares me recomendaron (no perderme Orihuela, las tierras de Miguel Hernández; conocer el lugar en Granada donde habrían fusilado a Federico; escuchar una misa en catalán en la Abadía de Montserrat), figuraba también ir a ver la película que estaban dando, arriesgadamente, algunos cine clubs, “El jardín de las delicias”, una de las primeras grandes de Carlos Saura, denuncia estética del régimen franquista, aún no resignado a terminar, sutil y a veces brutal alegoría de una sociedad autodestructiva. Es que El Bosco, a pesar de extranjero, está tan íntimamente ligado a España como Goya, y parece, como él, haber interpretado en profundidad, hace quinientos años, sus secretos, sus tormentos y sus desvaríos.
* Escritor, docente universitario.

PANORAMA POLITICO Enredados

Para FIEL fue más del 8,2; para el Indec, 6,7. Para los dos la caída de la industria se asemeja a un cataclismo que destruye miles de empresas de un golpe. El Indec completa el cuadro desolador: la caída de la construcción fue de un astronómico 19,6. La inflación no baja, ni la núcleo ni la de lo que sea. Se desplomó el consumo. La ola de cesantías y suspensiones se extendió a todo el país y golpea con fuerza en Córdoba y en el gran Rosario donde se anunciaron mil suspensiones por la apertura de las importaciones. Son cifras que se conocieron esta semana. Y el tarifazo le pone la frutilla a este postre amargo. La cobertura de los grandes medios corporativos, cómplices del saqueo, empieza a crujir como los viejos barcos a punto de zozobrar.
El malestar se extiende pero todavía no es naufragio. En ninguno de los últimos doce años hubo una coincidencia de índices económicos de ese nivel de desastre. Cambiemos recibió un país funcionando y provocó una crisis que destroza vidas y familias y que era perfectamente evitable. No hay justificación, más que el discurso ideologista del neoliberalismo y la intención de usar la crisis como instrumento de instalación del miedo para disciplinar a una sociedad que sale de un período de fuerte ampliación de derechos. Siempre ha sido así, los gobiernos de derecha requieren instrumentos de coerción para doblegar reclamos y resistencias provocadas por las medidas de transferencia de la riqueza hacia los sectores del poder económico.
Que dos policías hayan prohibido que una madre amamante en una plaza y que otro haya querido detener a un hombre que criticaba en un tren en forma pacífica al gobierno, parecen anécdotas. Fue en el conurbano, mientras que dos mil kilómetros al norte, en la provincia de Jujuy, se instaló un régimen semipolicial con el único objetivo de destruir a un poderoso movimiento social. La única diferencia entre Jujuy y esos hechos del Conurbano es el volumen. Pero los hechos son coherentes, tienen equivalencias en el concepto, de una policía para reprimir, que ya está en las cabezas de los policías jujeños y en las de los que reprimieron a la madre que daba la teta a su bebé.
Aunque no haya naufragio –todavía– el malestar se extiende. En medio de esta tormenta perfecta de la economía macrista, La Nación publicó una encuesta para que metan presa a Cristina Kirchner. Cuando La Nación publica encuestas quiere decir que la cosa no está bien para el gobierno.
Las verdaderas encuestas provocaron alarma en la Rosada. Se habló de fallas en la comunicación. Se planificó una ofensiva. El presidente desplegó una serie de entrevistas con periodistas amigos, los más oficialistas y propagandistas. Nadie repreguntó, nadie dio importancia al desastre de la economía, nadie cuestionó nada. Esos periodistas salieron a tapar el desastre y se convierten en cómplices. Cada entrevista se multiplicó como cadena nacional por la cadena de medios privados. No fue escalonada ni progresiva. Fueron varias entrevistas de golpe casi en la misma semana, como una reacción destemplada ante la declinación de la imagen del gobierno. La estrategia fue saturar mediáticamente de mauricios paternalistas repetidos hasta el infinito para tapar el efecto letal del “Mauricio, el que te aumentó los servicios” que produjo el entredicho con Tinelli. Se busca resintonizar con una sociedad que se distancia, sobre todo con los votantes que ya dicen que no volverán a votarlo. El control del mensaje segmentado, monopolizado, manipulado, busca hegemonizar con el discurso propio y subordinar a los demás. En ese proceso la comunicación funciona también como herramienta de coerción a través de la difamación, el insulto o directamente la amenaza.
No es exagerado, el PRO tiene antecedentes en esa práctica en la que fue precursor y vanguardia. Cuando aquí se hablaba todavía de la primavera árabe y las primaveras en otros países de la ex órbita soviética como obra del toque mágico democratizador de las redes, el PRO ya estaba operando en las redes o en las líneas telefónicas –igual que lo hacían la CIA y la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos– y dejaba en un segundo plano las campañas tradicionales de vía pública y medios formales. La falsa encuesta telefónica en 2011 para difamar al padre del candidato del Frente para la Victoria en la CABA, Daniel Filmus, fue un antecedente. Aunque no se trata de las redes, la forma en que el PRO pintó de amarillo, su color partidario, a toda la ciudad de Buenos Aires fue otra maniobra tramposa y antidemocrática de comunicación. Ni siquiera al comunismo se le hubiera ocurrido pintar de rojo la comunicación institucional de la ciudad. Nadie encontró granjas de troll en el FPV, en el radicalismo o las demás fuerzas políticas. El PRO heredó las mañas que se iniciaron en el enfrentamiento de Clarín con el gobierno kirchnerista cuando se denunció que la agencia ESE había reclutado una granja de trolls para intoxicar las redes con el discurso anti k. En 2012 Durán Barba fue enjuiciado por la encuesta telefónica a 600 mil personas para difamar al padre de Daniel Filmus.
Hubo ingenuidad de las demás fuerzas políticas mientras el PRO operaba en las redes a su antojo. Estados Unidos inventó el discurso de la democratización de las redes al mismo tiempo que comenzaba a utilizarlas para espiarlas y para desestabilizar gobiernos en todo el planeta como puso al descubierto el ex espía Edward Snowden. La misma mecánica aplicó el PRO para los cacerolazos. Criticaba a 6,7,8 y a las cadenas nacionales de Cristina Kirchner al mismo tiempo que manipulaba información para desplegar por las redes en forma clandestina y engañosa un discurso extremadamente violento, insultante y difamatorio como si se tratara de una epidemia espontánea cuando en realidad se trataba de granjas de trolls y bots emitiendo desde una central de inteligencia que diseñaba los cientos de miles de mensajes y falsas identidades.
Fue una herramienta eficiente contra los gobiernos kirchneristas. Más recientemente se apuntó contra blancos que el PRO considera adversos, aunque sea circunstancialmente, como la publicación “La política online” o Sergio Massa y contra el mismo Marcelo Tinelli, en medio de la disputa por el control de la AFA. Estas campañas fueron denunciadas, pero además existe un hackeo permanente de los portales gráficos y radiales de los pocos medios críticos.
Todos estos antecedentes apuntan a la política comunicacional del PRO y Cambiemos. En eso coinciden todas las víctimas, a pesar de su heterogeneidad. Todos fueron atacados en forma masiva, con cientos de miles de mensajes en Twitt o en Facebook cuando se indispusieron, criticaron o compitieron con el PRO-Cambiemos. En el programa de Roberto Navarro, el troll arrepentido Marcelo Morán, dio cuenta de la forma en que Cambiemos los utiliza para atacar a sus adversarios o para intoxicar el clima político.
Pero, además, el Gobierno reconoce que en la Casa Rosada se instaló una oficina para intervenir en las redes donde trabajan más de 40 operadores bajo el mando de Guillermo Riera, subsecretario de Vínculo Ciudadano, una dependencia de la Jefatura de Gabinete que encabeza Marcos Peña. También se ha denunciado a Octavio Paulise como jefe de una multitudinaria granja de trolls, a quien se presenta como “influenciador informático” y que trabaja en el Ministerio de Transporte. Algunos operadores reconocen en forma discreta pero con cierto orgullo que usaron estos métodos en la oposición al kirchnerismo y durante la campaña electoral, pero aseguran que desde que llegaron al gobierno, los dejaron de lado. Es decir que se trasladó al gobierno toda la maquinaria de intervención y manipulación en las redes que se utilizó en la campaña. Esta maquinaria será la que maneje los datos de la Anses.
La obsesión del PRO-Cambiemos por operar y controlar las redes sociales como paradigma de la manipulación mediática es el contexto en el que se conoció el miércoles la resolución 166 por la cual el gobierno traspasó la base de Datos de la Anses, con información privada y muy precisa de 32 millones de ciudadanos, a la secretaría de Comunicación Pública, en cuya órbita funcionan los dispositivos de intervención y espionaje en las redes que se usaron en la campaña. En el ambiente político, las incursiones de la derecha en las redes ya no son tomadas en forma inocente. El FPV en pleno criticó la medida y alertó sobre la posibilidad de que el gobierno conservador cree un Gran Hermano que vigile a todos el mundo desde las redes. Sus integrantes presentaron un recurso de amparo y denunciaron al jefe de Gabinete. Incluso Cristina Kirchner denunció la intención de Cambiemos. Y también lo hicieron el massismo y el socialismo.
El martes hubo otra reunión en la que participaron el ministro de Comunicaciones, Oscar Aguad y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich y altos funcionarios de Telefónica y Telecom que se comprometieron a colaborar con las medidas necesarias para identificar a sus clientes y poder contar con información sobre los titulares de líneas, así como de su uso, todas acciones que están muy resguardadas por la ley.
El PRO-Cambiemos ya utilizó el espionaje en las redes para decidir los despidos en el Estado apenas asumió. Es la fuerza política que ha demostrado ser la única que desde hace tiempo tiene conciencia del formidable poder que otorga la información y está diseñando lo que podría ser una inmensa telaraña de espionaje, propaganda y control, apropiándose de información privada cuya manipulación está expresamente prohibida en la Constitución y protegida por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y sería interesante que se explicaran los convenios que cerró Bullrich para ceder información a organismos de seguridad norteamericanos. No es casual que se trate de potenciar toda esta maquinaria a partir de la caída de la imagen del gobierno y en vísperas del próximo año electoral.

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