lunes, 6 de noviembre de 2017

LA BANALIDAD DE CARRIÓ

Lilita, de Hannah Arendt a pedir la revisión de los juicios a genocidas. Perfil y contradicciones de una lengua que, detrás del desborde, cifra el laboratorio de un cambio de época.
Por Ricardo Ragendorfer
Envalentonada por su triunfo electoral, ancha como nunca y con el ímpetu de una orca que se abre paso en el océano, la diputada Elisa Carrió anunció el uso indiscriminado de su arma más dañina: la lengua. “Ya me saqué el bozal de campaña”, supo consignar el 31 de octubre en su cuenta de Twitter. Ya se sabe que sus desafortunadas expresiones sobre la desaparición forzada de Santiago Maldonado (“Hay un 20 por ciento de posibilidades de que esté en Chile” y la comparación con Walt Disney tras ser hallado su cuerpo en las frías aguas del río Chubut) hicieron que, por orden del propio Presidente, se llamara a silencio en los días previos al sufragio. Aún así, durante un acto partidario en el barrio de Belgrano –cuyas imágenes se difundieron recién ahora– no vaciló en decir que buscará “el consenso” para impulsar la revisión de los juicios a represores, al afirmar que muchos de ellos fueron “condenados sin pruebas”. Lo cierto es que más allá del bochorno y los repudios, sus atrocidades verbales –y esta en particular– son para el régimen macrista un eficaz globo de ensayo para testear sus iniciativas más monstruosas. Pero, a la vez, sus dichos poseen la extraña virtud de derivar en debates signados por un nivel de absurdo sin antecedentes tan extremos en la historia política argentina.
Al respecto, un añejo ejemplo. La anécdota es mínima: Lilita equiparó a fines de 2013 al entonces secretario de Comercio, Guillermo Moreno, con el Obersturmbanführer de las SS, Adolf Eichmann, considerado el arquitecto del Holocausto. Tal concepto hizo que la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) la acusara de “banalizar el genocidio”, lo cual generó una respuesta suya –a través de una epístola dirigida al presidente de esa entidad, Julio Schlosser– que arranca con un consejo: “Para hablar hay que estudiar más”, no sin después sorprender a la opinión pública al atribuir sus palabras a un texto de la filosofa judeo-alemana Hannah Arendt, cuyos aportes al estudio de los totalitarismos del siglo XX ejerce –según ella– una “gran influencia” en sus propias ideas.

“Más allá del bochorno y los repudios, sus atrocidades verbales –y esta en particular– son para el régimen macrista un eficaz globo de ensayo para testear sus iniciativas más monstruosas”
Arendt cubrió entre abril y junio de 1961 para la revista estadounidense The New Yorker el juicio en Israel contra Eichmann. De ello resultó su ensayo Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal (1963). Así, con aquellas tres últimas palabras la antigua discípula de Martín Heidegger denomina una notable característica –pero hasta entonces no pensada– de las matanzas masivas en nombre del Estado y la naturaleza de sus hacedores. El caso abordado es ejemplar: Eichmann no era una bestia sádica sino un simple burócrata, un individuo con categoría gerencial en un sistema basado en el exterminio, y sin más motivaciones que no malquistarse con sus jefes. Por lo tanto había una relación directa entre su mediocridad personal y el calibre de sus crímenes.
Es digno de análisis lo que puede derivar la obra de Arendt en alguien como la señora Carrió, cuya cosmovisión ultracatólica –matizada con niveles metafísicos desaforados y brotes místicos rayanos con el delirio– es su marca registrada. De modo que la misma mujer que se ufana del trato personalizado que le dispensa el Señor (“A mí, Dios se me apareció dos veces; en ambas, me pidió que fuera presidenta”, aseguró en diversas oportunidades ante calificados testigos), es la que también se apropia del pensamiento de Arendt con carácter de “experta”, al punto de regentear desde 2004 un denominado “Instituto de Formación Política Hannah Arendt”, con una agenda que suele incluir, por ejemplo, cursillos teológicos sobre la figura de María Magdalena, talleres de autoestima y otros de logoterapia. La propia Carrió suscribe en la página Web de esa entidad una evocación bibliográfica: “El primer libro de Arendt que llegó a mis manos estaba dedicado al nazismo. Allí entendí lo que significaba la desaparición forzada de personas. Corrían los años setenta”.
Justo por aquella época ella era una joven abogada con una promisoria carrera en la justicia del Chaco. De hecho, en 1979 el mismísimo interventor de esa provincia, general Antonio Serrano, la nombró por decreto asesora de la Fiscalía del Estado. Tiempo después atribuiría su etapa como funcionaria judicial de la última dictadura a una razón atendible: “Yo necesitaba una obra social”. Al parecer, poco antes había sufrido un accidente. “Si no hubiera aceptado esa tarea, hoy no estaría con vida”, fueron sus palabras. En 1980 fue designada secretaria de la Procuración del Superior Tribunal de Justicia, un cargo con nivel y jerarquía de juez de Cámara. En tal oportunidad tuvo que cumplir con un pequeño formalismo: jurar por las actas del Proceso. Y no le tembló el pulso.
Tres décadas más tarde, ya convertida en una abanderada de los valores republicanos, fustigó al gobierno kirchnerista por una orden de arresto librada por la justicia misionera contra el coronel retirado Luis Sarmiento. El hecho de que éste sea el progenitor de la jueza María José Sarmiento –quien saltó a la fama por suspender el decreto que creaba el Fondo del Bicentenario– bastó para que Carrió pusiera el grito en el cielo. “¡Es una maniobra del oficialismo para intimidar magistrados!”, fue su lectura al respecto, pese a que el anciano militar –conocido entre sus camaradas como “El mago de la picana”– estaba acusado por 43 privaciones ilegítimas de la libertad con torturas seguidas de muerte ocurridas durante su gestión como ministro de gobierno de Misiones, entre 1976 y 1977. Lilita también apeló a su fineza humanitaria para abordar otro costado de la cuestión: “Presionar así a la familia; usar a una persona de 85 años muy enferma, es terrible”. Y lo dijo sin un ápice de duda; como si el advenimiento de la vejez, acompañada por una leve chochera, pudiese atenuar el carácter criminal de una vida.
“Es digno de análisis lo que puede derivar la obra de Arendt en alguien como la señora Carrió, cuya cosmovisión ultracatólica –matizada con niveles metafísicos desaforados y brotes místicos rayanos con el delirio– es su marca registrada”
Lo cierto es que Lilita es una fuente inagotable de polémicas. Por caso, en su momento hasta logró irritar a los residentes paraguayos en la Argentina cuando sostuvo que “durante el régimen del general Stroessner la libertad estaba limitada, aunque el dictador no mandó a matar opositores”. No menos desafortunadas fueron sus declaraciones sobre la ley de extracción obligatoria de ADN en los expedientes por el plan sistemático de robos de bebés durante la última dictadura. “Esto no apunta a proteger los Derechos Humanos; esto es fascismo puro”, apuntó la diputada. Por semejante concepto, fue expulsada de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos, además de merecer el repudio de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Su postura ante la aprobación del matrimonio de personas del mismo género tampoco tuvo desperdicios. En tal sentido, salió en defensa de la jueza pampeana Marta Covella, quien en su momento hizo pública su decisión de no casar a nadie en aquellas condiciones. Las palabras de Carrió entonces fueron: “Es saludable que exista la objeción de conciencia, porque no hay que confrontar sino hermanarnos”.
También en nombre de esa espeluznante forma de “concordia” es que el pasado 13 de octubre confesó su propósito de impulsar “juicios de revisión” para los condenados por delitos de lesa humanidad”. Y pidió a su auditorio en el club Harrods Gath & Chaves, de Belgrano, la reserva del asunto para que no se filtrara antes de las elecciones puesto que su difusión pública “embarraría la cancha”. Finalmente, en cuanto a los posibles beneficios a genocidas, insistió: “Esto es lo que se viene. Y yo ya me estoy ocupando”.
Claro que por ahora ningún funcionario del Poder Ejecutivo desmintió sus dichos. Sabias palabras de esta “discípula” de Hannah Arendt que sin duda logró consumar una hazaña inigualable en el campo de la filosofía política: haber banalizado hasta la banalidad del mal.

Panorama económico Atendido por sus dueños


Imagen: Guadalupe Lombardo
El establishment celebra. Los sectores populares no salen de su perplejidad. En el medio, una amplia franja de la población que quiere creer que las medidas son a su favor pero no comprende bien cómo ni por qué. En apenas horas, el gobierno lanzó una reforma que le pegó en la espina dorsal a todo el andamiaje de la legislación laboral, presentó una sinuosa reforma tributaria de la cual, seguramente, algunos capítulos están de antemano destinados a quedar en el camino, anunció la privatización de centrales energéticas y puso en manos del titular de la Sociedad Rural, nada menos, el Ministerio de Agroindustria. Liberó el manejo de las divisas provenientes de las exportaciones –ya no habrá obligación de liquidarlas en el país en ningún momento– y anticipó que modificará la fórmula de movilización jubilatoria, con lo que espera pagar 100 mil millones de pesos menos de jubilaciones el año próximo. “Ahora o nunca”, tituló los anuncios un portal empresario agropecuario celebrando las medidas y su oportunidad, un concepto que seguramente iluminó la decisión del gobierno para avanzar a ritmo de vértigo sobre derechos adquiridos y terminar de acomodar los tantos a favor de los grupos más concentrados.
El plan de gobierno hora está expuesto, aunque la táctica discursiva siga siendo la misma: presentarlo con tono edulcorado, “es duro pero necesario”, “es lo mejor para todos”, “empezamos a sacar el carro del barro”, “todos van a tener que poner algo”. Hay quienes rechazan ese relato señalando que los efectos negativos son indisimulables, pero hay también, y son muchos, los que “lo compran”. Entre los primeros, Marcos Gallo, investigador de la Universidad de Mar del Plata, en un reportaje para APU (Agencia Paco Urondo), señaló esta semana: “este modelo no tiene lugar para las pymes, irán desapareciendo y generará altos niveles de desempleo”, para luego agregar que “es muy cínico que presenten esta reforma laboral como una medida que va a crear trabajo cuando es todo lo contrario; la flexibilización laboral es una herramienta de destrucción de fuentes de trabajo. Es básicamente su objetivo, reducir el costo salarial argentino, que no es más que el nivel de vida del argentino”. Estas definiciones están formuladas en medio de un análisis mucho más profundo, en el mismo reportaje (hecho por Branco Troiano), que merece leerse.
tro comentario que rechaza el relato oficial, aunque en tono más irónico, fue hecho a este periodista por un dirigente industrial esta semana. “Este gobierno es como ese conocido que te escucha toser, se te acerca y te pregunta: ¿Estás mal? ¿Te duele el pecho? ¿Sabés por qué tenés esa tos? ¿Te hiciste ver por un médico? No te descuides, mirá que a esas cosas uno no le da importancia pero se pueden complicar. Mirá, tengo este jarabe, tomalo ahora para que te alivie pero después hacete ver para quedarte tranquilo. Pero cuando tomás el jarabe que te dio, resulta que es ácido muriático”.  Luego, el que parodia la relación con el gobierno explicó: “Estoy cansado de ir a ver a los funcionarios, del Ministerio de Producción, de Comercio o de Industria, y que te reciban con café, muy cordiales, charla amena, manifiesten preocupación y te prometan un destino de felicidad, pero cuando toman medidas te matan”. El dirigente empresario, de un sector pyme muy vinculado al mercado interno, sabe de lo que habla. Y esto fue dicho tras conocerse el paquetazo de esta semana. 
Y, sin embargo, no son pocos los empresarios que se ilusionan, se entusiasman con la idea de que bajarán sus “costos laborales”, que ahora estarán protegidos de los abusos de “la industria del juicio laboral”. Ven el futuro a través del cristal de sus propios costos, y tal vez estén en lo cierto en algún aspecto, pero no miden las consecuencias de un mercado interno que se achica, un consumo que seguirá retrayéndose con esta política laboral, con menores salarios y menos empleo. Una estructura económica en la que ya no habrá lugar para pymes, como bien dice Marcos Gallo (citado más arriba).
Muchos dirigentes pymes lo saben. Tendrán que pelear contra un modelo que los excluye, y contra la candidez de sus propios afiliados, entre los que el discurso oficial caló hondo. Tendrán que demostrar que “el modelo industrial” no es tal. Uno de ellos describía, esta semana, que 15 días atrás, el gobierno convocó a los integrantes de “la cadena de valor del cuero” (curtiembres y manufacturas) para debatir sobre las condiciones y las necesidades del sector, en sus distintos eslabones. Estaban los ministros Francisco Cabrera, de Producción, y Ricardo Buryaile, todavía de Agroindustria. Entre los representantes sectoriales participó Luis Miguel Etchevehere, de Sociedad Rural, “por los dueños de las vacas”, segmento que nunca había tenido intervención en los debates de rama industrial El dirigente de la Rural no sólo sorprendió por su presencia, sino también por su propuesta en esa oportunidad: pidió la eliminación de todo tipo de retención para exportar los cueros sin procesar. “Una propuesta de primarización absoluta, como para dejar de pensar en exportar cinturones, botas o carteras. La desindustrialización total, la vuelta a la etapa de la colonia”, relató al autor de esta nota el empresario que participó de ese encuentro. “El que presentó eso hoy es ministro. Y encima el gobierno te vende que la reforma tributaria y laboral es la solución al problema de las pymes industriales, y muchos le creen”.   
Los grupos más concentrados, los que constituyen la cúpula, el establishment, el poder económico, sí tienen razones válidas para celebrar. Esta semana sintieron que “ahora sí” el gobierno de Cambiemos se decidió a gobernar para ellos. Antes, tenían una sensación de “demasiadas concesiones” a otros sectores sociales. Algunos de sus voceros mediáticos llegaron a calificar de “populismo culposo” a medidas del gobierno que atenuaban el castigo a los sectores más vulnerables. Ahora sienten que “eso se acabó”: van por todo. Ese “todo” incluye cambiar las reglas de juego para consolidar una posición de poder en la sociedad, barriendo fundamentalmente con el cuerpo central de la legislación laboral. De prosperar la reforma planteada, ese cuerpo quedaría quebrado en su espina dorsal al quitarle apoyo a aspectos fundamentales de la ley de contrato de trabajo, como son las indemnizaciones por despido o la jornada laboral de 8 horas. 
Menos poder a los sindicatos, y cada vez menos Estado. Un Estado que seguirá reduciendo los subsidios (transferencias) a los sectores más vulnerables y seguirá cediendo poder de decisión a los sectores privados, a los que además empodera con desregulaciones y un nuevo capítulo de privatizaciones. Con un sendero de aumento de tarifas ya establecido, ahora entrega el negocio de explotación de seis centrales térmicas y participaciones accionarias en distintas compañías. La puesta en marcha del sistema de Participación Público Privada (PPP) para obras de infraestructura hará el resto: será el sector contratista el que defina cuándo y cómo se harán las obras. 
El negocio financiero, la especulación inmobiliaria, las exportaciones extractivas, más los sectores altamente concentrados proveedores de la obra pública, son los grandes beneficiarios de este modelo, y también de este último conjunto de medidas. Para ellos, el negocio. Para ellos, el poder. Como contrapartida, “todo lo que es el entramado productor, que está orientado al mercado interno y está compuesto en gran medida por Pymes, tenderá gradualmente a achicarse de manera considerable: este modelo no tiene lugar para pymes”, sentencia el investigador Marcos Gallo en el artículo ya mencionado. Mauricio Macri eligió bien el momento, sus estrategas pensaron minuciosamente la política de comunicación: de tipo invasiva, de imposición por ahogo. Una novedad tras otra, sin respiro. Acorralando al rival. El establishment lo celebra. Los perjudicados todavía no salen de su perplejidad.


LA DECISIÓN DE PRIVATIZAR DIOXITEC S.A. GENERÓ PREOCUPACIÓN EN EL SECTOR NUCLEAR

Un eslabón clave con bandera de remate

Por Fernando Krakowiak
La empresa fundada por la Comisión Nacional de Energía Atómica ocupa un lugar estratégico en el proceso de producción del combustible que consumen las centrales nucleares. El Gobierno desempolvó un de...
06 de noviembre de 2017

ETCHEVEHERE.....CON CORONITA?

Los pequeños productores rechazaron el nombramiento del presidente de la Sociedad Rural Más quejas por la designación de Etchevehere

Desde la Unión de Trabajadores de la Tierra calificaron que el Gobierno busca con esta designación "profundizar las medidas políticas destinadas a engordar al campo rico y para unos pocos". También remarcaron que en estos dos años "no hubo ni una sola medida política y económica" para su sector.
Imagen: DyN
La designación del presidente de la Sociedad Rural, Luis Etchevehere, como ministro de Agroindustria sumó el rechazo de la Unión de Trabajadores de la Tierra, la organización de base de pequeños productores que realizó varios "feriazos" y "verdurazos" en Plaza de Mayo para denunciar la situación crítica que atraviesa el sector que produce las verduras que se consumen en los grandes centros urbanos. "Luego de dos años de gestión en los que los reclamos del sector de las economías regionales y la agricultura familiar no fueron escuchados. Con esta decisión, evaluamos que el Gobierno profundiza las medidas políticas destinadas a engordar al campo rico y para unos pocos", advirtieron los productores. 
"La SRA como institución representa los intereses de los sectores más concentrados y poderosos del campo, con un historial preocupante de participación en episodios negros de nuestro país (como la Patagonia trágica y dictaduras militares)", recordó la organización que representa a más de 1.200 pequeños productores periurbanos y campesinos
La UTT, que exigió sin respuesta el tratamiento de una ley que cree una línea de créditos para la compra de tierra por parte de los pequeños productores, recordó las "políticas negativas y de retroceso" durante la gestión de Ricardo Buryaile como "una Secretaria de Agricultura Familiar disminuida de rango, sin funciones, paralizada y desfinanciada" y sostuvo que la llegada de Etchevehere "es un claro camino hacia la profundización del agronegocio más salvaje y el desconocimiento de todo un enorme sector que produce alimentos diariamente".
"Somos los que producimos el alimento que come la sociedad", reivindicaron los productores a pesar de las medidas económicas que los "afectan profundamente" como la devaluación de más del 40 por ciento, la liberación de los precios de los combustibles, el aumento de precios y las "distorsiones que se generan en la cadena de comercialización de los alimentos" por la que al productor "se le paga monedas y el pueblo paga caro".
"No hubo una sola medida política y económica que contenga al sector generador de mano de obra y alimento para millones de personas", insistieron antes de concluir con que la designación de Etchevehere: "Clarifica aún más el campo que desea este gobierno. Un campo despoblado en manos de grandes terratenientes que producen para exportación. Excluidos quedamos quienes vivimos y producimos en la tierra los alimentos".