lunes, 29 de enero de 2018

Macri reduce el Estado a su manera Chas chas a los CEOs

A juzgar por los antecedentes, ni las cifras ni las promesas de austeridad anunciadas por el Presidente pueden tomarse al pie de la letra. La mini reforma del Estado deberá juzgarse por sus frutos, no por el discurso. Las malas nuevas que prodigan las encuestas venían clamando cambios. El congelamiento de salarios y la exclusión de parientes de ministros.
Imagen: Presidencia de la Nación
El oficialismo acordó con la oposición que el blanqueo legal de capitales no se extendería a las familias de los funcionarios. El presidente Mauricio Macri retractó su palabra por decreto: su familia recibió el beneficio del que hizo intenso (ab)uso.
El Gobierno prometió que no habría leyes de reforma jubilatoria y laboral sino retoques homeopáticos. Mintió también, ya lo sabemos.
El Jefe de Gabinete, Marcos Peña, juró que la planta de la empresa estatalFanazul no sería tocada. Sucedió durante la primavera electoral. La fábrica se cerró al comienzo del verano de macrismo explícito.
Esos datos, los más frescos entre muchos, fuerzan a tomar con pinzas los anuncios realizados por Macri. Ni las cifras ni las promesas pueden tomarse al pie de la letra. La mini reforma del estado “por arriba” deberá juzgarse por sus frutos, no por el discurso.
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La medida trata de revertir las malas nuevas que le prodigan a la Casa Rosada las encuestas y hasta editoriales de los medios aliados. Venían clamando por cambios y por la defenestración del ministro de Trabajo, Jorge Triaca.
Las plegarias amigas fueron atendidas, parcialmente. De momento, las declaraciones periodísticas del Presidente indican que Triaca zafa. Nuevos sondeos dirán si esa decisión es definitiva o apenas un resuello.
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Como se detalla en otras notas en esta misma página web, el macrismo acrecentó el aparato estatal añadiéndole una parva de ministerios, secretarías, subsecretarías. Y una caterva de funcionarios “sueltos” con remuneraciones equivalentes a las más altas de la función pública. Sería prematuro y seguramente equivocado suponer que la decisión restituya el status anterior. Por ahí, recae sobre otras reparticiones o personajes. Habrá que ver.
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El congelamiento de salarios para los puestos más importantes tendrá buena recepción de la tropa periodístico-cultural propia y tal vez en amplios sectores de opinión pública. Es más que dudoso que afecte los intereses tangibles y los ingresos reales de la élite oficial.
No viven de su sueldo, ni acrecientan sensiblemente su patrimonio con él. Otras dos son las claves del enriquecimiento de la CEOcracia.
La primera es el sesgo de las políticas públicas, favorable a sectores concentrados de la economía, aquellos a los que pertenece la flor y nata del funcionariado M.
La segunda es el llamado conflicto de intereses, el modo de nombrar los beneficios que tantos funcionarios arriman para el propio molino: el Correo, las patronales agropecuarias, la Shell, el sector financiero, numerosos etcéteras.
Triaca sumó a esas naves insignia un mini kiosco personal, de bajo costo aunque coherente con el rumbo general.
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La exclusión de parientes de ministros que ocupan cargos tiene un barniz ejemplarizador. Generalizarlo en exceso puede ser injusto con personas que tienen capacidad y competencia para ejercerlos. De cualquier modo, mejorará en el corto plazo la reputación oficial pero no es la clave de la movida.
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Mil quinientos millones de pesos ahorrados, un millar de cargos suprimidos aparentan ser mucho. De nuevo: será menester contarlos y desbrozar por dónde pasa la tijera.
En cualquier caso, si se mira al conjunto, el ajuste VIP será irrisorio respecto del total de cantidad de personas prescindidas y  del“ahorro” presupuestario. Constituye, apenas y nada menos, una señal para justificar las cesantías que ya se están produciendo en los gobiernos nacional y bonaerense, sus empresas y reparticiones. En el INTI, en Río Turbio, en Fanazul, en el Hospital Posadas, en muchos programas educativos o de  salud, en los medios públicos (la lista es incompleta) miles de personas son despedidas. Sin discursos edificantes del presidente, sin palmaditas en el hombro. A menudo sin notificaciones legales, con una “coreo” que incluye la presencia amenazante de fuerzas de seguridad.
Sisar por arriba es, como cuadra al programa de Cambiemos, una coartada para podar o talar por abajo, dejando en la calle a miles de argentinos, gente común.
Pertenecer a la clase dominante conlleva privilegios. Revistar en la clase trabajadora es muy otra cosa.
mwainfeld@pagina12.com.ar

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