martes, 22 de mayo de 2018

Fronteras.

El cielo se desliza sobre las paredes montañosas.
El agua se desliza sobre las jarillas y los alamos
nadan sobre minerales que fueron océanos.
Caballos pasaron imaginados por generaciones
al revés de los pasos nevados.
El frío, siempre el frío seco y quemazón de almas.
Empotradas.
Liberadas después de sonidos silbados, llevadas
a cuesta de pólvoras.
Azules las cabezas, negras las caras, empecinados
sus gritos animales.
Un sueño de uno.
Una multitud recóndita, colmenada, de puntas de estrellas
vuelta un cuerpo aclarinado.
Y los mares, y las laderas sobre ellos, y las llanuras detrás,
debajo, cama y regazo de pies cobrizos.
Ay de los rojos celtíberos.
Espuma de rabia cimarrona los alcanza.
Y la bandera que fue y será también de otras guerras.
Allá en el Tucumán de perros y erpianos decididos a emular
azurduyes y sanmartines.
Jazmines y mercedes.
Gira la historia campesina y mulata por redes blancas
de hielos y jardines alimonados.
Gira sable corvo y fusil prestado  a pesar de un General y otro.
De José y de Juan que entre bambalinas
peinan canas y libertades a medias.
Un granadero guaraní y un miliciano santiagueño.
Un enemigo godo y otro gorila.
Diapazón de consignas y gritos, ayes de dolor,
sangre que es la misma en el arroyo,batalla de manuales
y amoríos de azúcares.

Y la montaña ahí, de colores ferrosos, y el monte allá,
solo verde.

Roby que anda rumiando mulas y Capitales en alforjas.

La Alemana que anda cociendo milicos a balazos cual dama mendocina.

Ramón Rosa que da nombre a la Compañía sueña delantales sin Fundación Eva Perón.

Y los seis cruces, y las miles de cruces entre Siglo y Siglo.
Y la bandera blanca y azul a mitades,
estrella roja en el medio, gorro frigio sudamericano en el centro.
Piensa José, recalcula Juan,
apreta el gatillo Roby.

Tres cisnes negros cantan bagualas, himnos, marchas.
Hunden sus patas en el barro blanco de las montañas.
Y andan serpenteando entre huellas de cemento esperando vides y reseros que los guíen.

Una línea, un renglón, una reencarnación, uniformes, caballos y mulas,
noches de opio, soledad y vigilia bajo lunas primas.
Tres tristes tigres al amanecer tocan diana y despiertan mujeres.
Arrebatan hombres del andurrial.
Nacen niños.
Abejan armas relucientes.
Vinan discursos pre colombinos.

Será que los tres son indios de toda indiedad americana.

Rara la poesía del originario que pre anunció libertades amatistas.

Y a brujos guerreros que punzaron al diablo blanco.
Azufre de sus ojos le sacaron y obesa sangre negra le brotaron.
Monte, montaña, cima, cerro, volcán, sierra, pico,cielo, cóndor, halcón,
águila peregrina, todos, ellas son, un tridente que baja a visitarnos
cuando la lluvia no aluviona.

GB 

GANO MADURO. ¿Y AHORA? 21 mayo, 2018 0 Política global, Por Guillermo Cieza





El pueblo venezolano ha realizado algunos hechos que lo convierten en un país excepcional. Según parece fue el único caso donde un pueblo en la calle derrotó un golpe de Estado.
Ahora suma otra hazaña. No se conocían antecedentes de un país donde un presidente que haya soportado un proceso de hiperinflación fuera reelegido. Y la hiperinflación en Venezuela en los últimos 12 meses fue record mundial, mas del 2.000 por ciento.
Para sumar dificultades, esto se ha realizado en un país sancionado por EEUU y la Unión Europea, bloqueado, reducido casi a la supervivencia. Peor aún, amenazado. En el último mes, en la última semana, el Departamento de EEUU, el Comando Sur, lo conminaron, le ordenaron suspender las elecciones. El impresentable Secretario General de la OEA, la liga de los peores gobiernos de America Latina, Argentina, Colombia, Panamá, Paraguay, Perú, Chile, les anticiparon que no iban a reconocer los resultados electorales (salvo que ganara la derecha).

odos ellos, desde hace tiempo están conspirando para concluir la campaña para “liberar a Venezuela y a Cuba”. Por todos lados aparecen documentos, planes, declaraciones que hacen referencia a una invasión de fuerzas combinadas de distintos países coordinadas por EEUU, una reedición de lo que fue la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay en el siglo XIX. Y como ocurrió con el Paraguay, el objetivo principal es mucho más ambicioso que apoderarse de bienes naturales o anexar territorios. El objetivo principal es erradicar “el mal ejemplo”, que no queden ni cenizas de aquellos que se atrevieron a desafiar al sistema capitalista mundial y a los imperios occidentales.
Y sucedió que una importante porción del pueblo venezolano decidió ir a votar y reelegir a Nicolás Maduro.
¿Que mueve a un pueblo a tomar semejantes decisiones?
Tuve el privilegio de estar brevemente en La Habana en 1993, en plena crisis por la caída abrupta del sector externo de la economía cubana a raíz del desplome de la Unión Soviética y los países del Este. Persisten en mi memoria las imágenes de aquel pueblo que se volcaba a las calles y las plazas a discutir con pasión lo que estaba sucediendo, que nos mostraban fotografía del tiempo que fueron gordos o gordas y que compartían con nosotros la última cerveza o refresco que les quedaba en la heladera.
También recuerdo esa decisión que expresaban sobre todo los más viejos, los veteranos de las misiones internacionalistas. No puedo olvidar el orgullo con que un viejo cubano me mostraba su uniforme de combatiente en Angola y sus palabras: – Vamos a resistir, nos moriremos de hambre, pero nos moriremos como cubanos.
Defender la Revolución se asentaba en el sustrato más íntimo, más visceral de sus convicciones. Defender la Patria.
¿Que mueve a los que persisten en la heroica resistencia del Pueblo de Palestina? ¿Que movía a ese hombre sin piernas, que siguió tirando piedras hasta que fue abatido por los francotiradores del ejercito israelí?
Estoy convencido que la decisión del pueblo venezolano se asienta en motivaciones parecidas. Nos cagaremos de hambre pero enfrentaremos a los gringos como lo que somos, como venezolanos, como dignas hijas e hijos de Simon Bolívar.
Si quieren saber que es lo que mueve estas decisiones que parecen suicidas o masoquistas, si quieren saber cómo se ha ido forjando esa convicción profunda., que parece madurada en siglos, pregúntenle a las mujeres venezolanas de los barrios populares, a las campesinas. Las que han sostenido hogares, consejos comunales, Claps y hoy se alistan en las milicias. A las que, incomodándose y poniendo el cuerpo, reviven al Che.
Lo que sigue en Venezuela va a depender del chavismo que, como muy bien aclara Reinaldo Iturriza, no es sinónimo del gobierno bolivariano. Es un concepto mucho más amplio y fervoroso en la decisión de avanzar con la Revolución.
“Me preocupa mas el lunes que el domingo”, me comentaba un compañero venezolano. Pero fue preciso este domingo victorioso para tener lunes.
¿Podrá el chavismo derrotar a sus demonios internos?
¿Se resolverá la lucha de clases que hoy también traspasa al chavismo y el gobierno de Maduro a favor de una continuidad del proyecto revolucionario?
¿Como se desarrollarán esas disputas enmarcadas en la batalla urgente de enfrentar a la agresión imperial?
Seguro no depende del diagnostico, la opinión, o las sugerencias de quien escribe este texto emocionado a diez mil km. de distancia.
Depende de los millones de héroes y heroínas que hoy vuelven a cargar sobre sus espaldas la responsabilidad de ser dignos, los que levantan las banderas prohibidas por el sistema capitalista, los que han construido un sueño lo suficientemente potente para volver a ilusionarnos y quitarle el sueño a los poderosos del mundo..
Pertenezco a una generación que se animó a ser radical y desafiar al sistema capitalista; que creyó en la actualidad de la Revolución y le puso el cuerpo. Pertenezco a una generación que pagó su osadía con 30.000 desaparecidos. Puedo valorar lo que se arriesga cuando se toman decisiones como las que tomó este domingo el pueblo venezolano.
Mi admiración y mi solidaridad.
Patria y socialismo.



NEOLIBERALISMO Y POSFASCISMO 22 mayo, 2018 0 Pensamiento crítico, Por Jorge Alemán*

Los distintos estudiosos del neoliberalismo consideran, bajo distintos ángulos teóricos, que el mismo constituye un nuevo tipo de “racionalidad” o fundamento que se va tornando incompatible con las tradiciones liberales modernas. Su característica más notable es la transformación del ser hablante, mortal y sexuado en un ente solo considerado como “capital humano“, el que imperativamente debe tender hacia su autovaloración permanente e ilimitada. Esto ha implicado la aparición de nuevas figuras históricas en el escenario de la vida social: el “consumidor consumido”, “el empresario de sí mismo”, “el deudor permanente de su propia vida” la lógica del “ganador-perdedor” en todos los pliegos más íntimos del vínculo social, la “vida matable”, sin luto y sin duelo. A esta resumida lista de figuras contemporáneas emergentes en el tiempo del neoliberalismo, debemos agregar el nuevo tipo de sacrificio colectivo sin causa alguna, sólo provocado por exigencias financieras.
En este escenario general, donde la subjetividad deviene “capital humano” todos los pactos, procedimientos, contratos institucionales, que constituyeron a la democracia moderna ingresan aceleradamente en un proceso de licuefacción. Reduciendo a la democracia y sus instituciones a puros simulacros que progresivamente van perdiendo su eficacia simbólica. En este caso el famoso “Estado de excepción” no procede desde una fuerza exterior que interrumpe las garantías constitucionales.
Evocando una metáfora precisa de Wendy Brown, “el neoliberalismo se asemeja más a una termita que a un león”. Su corrosión comienza por el interior de la estructura del edificio y con la constancia, velocidad y la eficacia de un dispositivo que ya no necesita siquiera de políticos competentes o dotados de noción de Estado o perspectivas históricas.
Por lo mismo nadie se reconoce como “neoliberal”, todo el mundo es un demócrata que cumple con la obligación de construir un círculo inmunitario frente al hecho maldito del “populismo”.
Sin duda esta es una cuestión también filosófica, todos los proyectos de la modernidad que relacionaban la experiencia de la verdad como una transformación de si y a la vez con una transformación colectiva entran en un severo colapso. Lo que vuelve a esas grandes apuestas teóricas y éticas en búsquedas tan necesarias y urgentes como también inciertas.
¿El Capital humano en el que deviene la subjetividad contemporánea es asignable a algún género? Indudablemente en el estrago general de un mundo sólo sujeto a la financiarización, la mujeres padecen la peor parte por su singular lugar de vulnerabilidad histórica. Pero a la vez hay que admitir que el Capital no se sostiene en ninguna significación fija ni estable y por tanto carece de género. Su eficacia como dominación se produce precisamente en esta carencia de significación estable. Por lo mismo puede integrar a todas las semánticas políticas de forma mutante y desplazada a la constante reproducción de sus intereses de rentabilidad. Es la diferencia clave con respecto al Amo moderno que va perdiendo su consistencia.
Esto constituye un grave problema actual para aquellas elaboraciones discursivas que aún se proponen construir un esbozo de una lógica política de la Emancipación. Porque indudablemente deben tarde o temprano pasar de una lógica de la resistencia a una propuesta afirmativa de proyecto futuro. Cuestión sumamente espinosa en un período de la historia donde el porvenir se muestra con las señales del Apocalipsis. Incluso por difícil que sea la tarea, la cuestión de una nueva Internacional de una izquierda popular se impone como tal.
En la complejidad de semejante panorama, donde el capitalismo en su mutación neoliberal posfascista no tiene contradicciones que de modo inmanente lo conduzcan a su final, resta sólo una brecha que los proyectos nacionales, populares y emancipadores deben tener en cuenta: el neoliberalismo en la heterogeneidad cambiante de sus formas sólo dispone de una administración económica represiva, para lo que sus representantes definen como “gobernanza”. Dicho de otro modo, no dispone de ninguna capacidad para articular Pueblo, Nación y Estado. De allí sus inevitables apelaciones al surgimiento de una identidad xenófoba y racista para darle un nuevo contenido a la Nación. Por tanto carece de legitimidad para construir un gobierno democrático. De esta brecha y sus posibles derivas políticas, depende el futuro de la condición humana.
*Psicoanalista y escritor argentino.


LA CRISIS Y SUS SECUELAS 20 mayo, 2018 0 Opinión, Por Edgardo Mocca

El gobierno de Macri tiene un relato utópico y una estrategia publicitaria. Casi nada más. El relato utópico dice que Argentina podrá ser un gran país cuando el estado se reduzca hasta concentrarse en dos prioridades, asegurar grandes ganancias a los sectores más concentrados de la economía y proteger a la buena gente contra los inadaptados que ganan las calles. Un país sin sindicatos, sin organizaciones de pobres, sin derecho laboral, sin subsidios, sin servicios públicos, sin industria nacional. La estrategia publicitaria, por su parte, fue combinando en distintas dosis la filosofía de la alegría, la positividad, el consenso y los globos, con la lisa y llana mentira. El discurso presidencial del último martes demuestra dramáticamente el lugar central de la mentira; allí llega a decir -sin sonrojarse ni abandonar su fingido entusiasmo–que la corrida cambiaria tiene, entre sus causas, que los argentinos necesitamos préstamos del exterior porque gastamos más de lo que producimos. Lo dijo sin aclarar que su presidencia empezó con el cociente de deuda en dólares sobre producto bruto más bajo de las últimas cinco décadas.
Las campañas publicitarias pueden tener éxitos circunstanciales. Pero no se puede gobernar sobre la base exclusiva de la mentira. Aun cuando se disponga, como es el caso de este gobierno, de toda la maquinaria comunicativa oligopólica privada y destine en esa dirección cuantiosos recursos públicos. En los últimos días hemos asistido a una explosión en el campo del gobierno. La palabra publicitaria oficial fue desbordada. La realidad afloró y adoptó la forma de lo que hasta allí era presentado como una campaña dirigida a generar miedo. Hasta una parte de los periodistas más fieles al relato macrista tuvieron que reconocer la existencia de una situación muy grave. Una situación, además, cuya responsabilidad está exclusivamente en el gobierno y cuyas repercusiones, actuales y futuras, son muy graves para la gran mayoría de los habitantes del país. La crisis que se expresó en el precio del dólar no nació de la casualidad, ni de la volatilidad del capitalismo mundial, ni de la pesada herencia recibida. Fue el resultado del brutal endeudamiento, de la apertura indiscriminada a las importaciones, del déficit comercial, fiscal y de cuenta corriente. Todo el mundo entiende que los cimientos de la economía argentina actual son absolutamente frágiles y que el rumbo es incierto, con una clara amenaza de nuevo derrumbe. Por eso los grupos financieros decidieron dejar de comprar bonos argentinos hace unos meses. Por eso se produjo la corrida cambiaria que se llevó puestos más de diez mil millones de dólares que son de todos los habitantes de este país. Por eso caímos al Fondo Monetario Internacional.
El anuncio presidencial del acuerdo con el FMI fue hecho de modo intempestivo, sin los más elementales recaudos políticos necesarios en estos casos: entre otros, el de esperar la apertura de las conversaciones para hacerlo. Pero la imprudencia es explicable en términos publicitarios. Había que producir un golpe de efecto frente a una situación que no podía manejarse. Había que tranquilizar la situación de la manera más rápida posible. Ganar tiempo. Y no apareció ningún recurso político que pudiera satisfacer esas urgencias. Entonces el presidente argentino le dijo al mundo que el país no podía actuar de modo autónomo ante la crisis; debía entregarle las riendas nada menos que al Fondo.
Nada será entre nosotros igual que antes de esa decisión. No está claro el monto de la “ayuda”, ni el modo ni el tiempo en que se concretará. Lo que nadie puede ignorar es el sentido de las condiciones bajo las cuales entrará ese dinero. Para saberlo no hace falta estar muy informado. Ni siquiera ser un observador experto de la economía. Alcanza con tener un poco de memoria. Hoy está de moda mostrar escenas de crisis y revueltas en Atenas por las consecuencias del seguimiento de las directivas del Fondo y los daños sociales que provoca. Pero no hacía falta viajar tantas millas, nadie puede haberse olvidado de lo que ocurrió en Argentina a fines de 2001; ¿qué otra cosa significaron aquellos días que no sea el naufragio de una política diseñada, aconsejada y monitoreada por el Fondo, que hundió al país en la indigencia y en la desesperación. Está a prueba el talento del aparato publicitario del gobierno. Es difícil disfrazar la relación con el centro coordinador de la usura capitalista global con las ropas de la paz y la esperanza entre nosotros. No sería aconsejable decir, por ejemplo, que es lindo dar buenas noticias porque eso evocaría directamente a otro presidente que huyó de su sillón en helicóptero.
Las caras lindas del macrismo han salido a decir que cuando se firme el acuerdo el gobierno estará financiado para todo 2019. En algún lugar de su inconsciente esto suena a campaña electoral exitosa gracias al préstamo del amigo. Lo que sabe cualquier observador más o menos inteligente es que las recetas del fondo nunca son reactivadoras, impulsoras del mercado interno, favorables a los trabajadores y los pequeños y medianos empresarios. El lugar reservado a los que pasan penurias en el neoliberalismo es el de los planes de ayuda focalizados. Es decir, se divorcia la política económica de la política social. Se contrae la economía, bajan los salarios reales, el nivel de empleo y, en consecuencia, el consumo popular y se financian –en el mejor de los casos– redes de contención para quienes son expulsados a la pobreza extrema. Y todo eso tiene (o tendría) que ser refrendado por leyes que apruebe el Congreso, las famosas “reformas estructurales”. En el caso nuestro eso significa otra reforma previsional, más regresiva aún que la aprobada en diciembre pasado, la flexibilización laboral en términos más duros todavía que la que fue postergada en su tratamiento por el desacuerdo sindical y otras inscriptas en la misma dirección.
La política argentina se mueve desde ahora en un nuevo contexto, en el de las condicionalidades que exigirá el FMI. No son diferentes en su orientación a lo hecho hasta aquí por la segunda alianza, pero sí serán, con seguridad, más rigurosas y, desde ya, cuidadosamente supervisadas por los burócratas del gran usurero global. No es un buen marco electoral para el gobierno. Pero los efectos exceden a la alianza Cambiemos. La política de alianzas de Macri más importante hasta aquí no es la que generó con la UCR y con Carrió; es la dura, compleja y contradictoria que ha sostenido en su relación con los gobernadores del PJ y que se proyecta a la construcción de mayorías parlamentarias, especialmente en el Senado. Hay que decir que no es una alianza formal y tampoco es estable y previsible. El margen se ha ido angostando entre la épica de la “gobernabilidad” con la que el peronismo no kirchnerista arropó la aprobación de medidas decisivas para el gobierno -entre ellas el ominoso acuerdo con los fondos buitre y la derogación de facto de la ley de comunicación audiovisual–y la difícil situación que esa relación vive después de la sanción de la ley de despojo contra jubilados y pensionados. La saga política del momento es la de la “unidad del peronismo”. Para algunos esto se reduce a una suma aritmética de votos que en las últimas elecciones han seguido a distintos candidatos que apelaron a la marca del peronismo. De la conversación “entre peronistas” surgiría un programa que uniría a todos, desde elactual interventor macrista del partido hasta las fuerzas, claramente mayoritarias hoy en el plano electoral, que respaldan a Cristina Kirchner.
El derrape fondomonetarista del macrismo agrega una nota política importante. Lo que va a discutir la sociedad argentina en los meses que nos separan de las elecciones presidenciales no es la suerte de un partido. Lo que va a estar en juego es un rumbo para el país. Va a estar en juego la calidad de vida de millones de hombres y mujeres. Se va a discutir si hay que arruinar miles de empresas y dejar decenas de miles de personas sin empleo para asegurar la rentabilidad de las empresas de energía. Si hay que abandonar a su suerte a millones de jubilados, rebajar el salario de millones de trabajadores y destruir la industria nacional para aumentar las ganancias de los más poderosos y que entonces sobrevenga el derrame que asegurará la felicidad de todos. La discusión de la unidad no tendrá su sede principal en oficinas partidarias. Estará en las calles, estará en el conflicto social, entre los vecinos que se reúnan para ver qué hacen ante el escandaloso robo que significan las tarifas de los servicios. Va a ser muy difícil en estos meses ser dirigente peronista, de izquierda, sindical, estudiantil, social en general y no pronunciarse –no solamente de palabra sino sobre todo en los hechos– contra esta nueva agresión al pueblo argentino. La unidad a construir no será la de una bandera política sino la de las grandes mayorías populares que ya rechazan a esta versión “moderna” de la ruina nacional.
20/05/18 P/12