lunes, 4 de marzo de 2013

DIFERENTES PARECIDOS

DIFERENTES, PARECIDOS Ahora bien, paradójicamente, ambos llegan a puertos vecinos. Y sólo la puja coyuntural en la que vivimos acaso impida reconocer que en el largo plazo los dos se acercan a un paradigma de la moderación política. Una moderación trágica, melancólica, pero también activa, que comienza con sus posiciones políticas en los setenta y continúa hoy, cuando surgen en el Parnaso como dos de los intelectuales más connotados de lo que podría pensarse como el campo kirchnerista. Moderados porque recorren las laderas poceadas de la historia argentina con nobleza integradora, pero trágicos porque no vacilan en afincar sus hilvanados en la conciencia de que existen espacios muy estrechos de intervención política y el cambio social. Y eso no los desmerece: deambulan por una veta frágil y lateral a riesgo de desdibujarse y hacer evidentes las contradicciones inherentes a todo proceso. Quizás el malentendido sobre la moderación tenga que ver con el piso desde el cual se articulan sus posicionamientos en la política argentina. Es decir, resulta legítimo hablar de moderación en tanto y en cuanto una base de problemas cruciales aparecen sobre la mesa y no al revés: derechos humanos, Asignación Universal por Hijo, paritarias, heterodoxia económica, alianza estratégica con América latina, poder político anticorporativo, entre otros. De base, como piso, porque todo da entender que la pérdida o el desafío político de esos principios retrotraen lo conseguido y sofocan la moderación. Tres fragmentos del libro FILOSOFIA Y PODER ¿Ustedes son los filósofos del kirchnerismo? JPF: –A mí me molesta lo de “filósofos del kirchnerismo”. En un medio me pusieron “El filósofo ultra K”, ya no K; “ultra K”; no sé qué es ser “ultra K”. Antes había ultraizquierda, ultraderecha... ultra K... es todo muy superficial y periodístico, e incluso es así como social. “¿Vos qué sos? ¿K o anti K?” Esto surgió a partir de la 125. Ahí las relaciones humanas, sociales, se pusieron muy tensas: quién había ido, quién estaba de un lado, quién estaba del otro, quién estaba con “el campo”, esa entidad casi metafísica. Y el que era K, no estaba con el campo; el que era anti K, estaba con el campo. Pobrecitos, muchos no tenían ni dos baldecitos de tierra de campo, pero bueno, salieron a defender el campo. Y ahí surgió una gran división. Muchos dicen que Cristina y Néstor metieron a todos en la misma bolsa. Pero también es cierto que hay una enorme vocación, por ejemplo, en un dirigente popular como Buzzi, de la Federación Agraria, de estar en la misma bolsa que los grandes terratenientes. Y te diría que hasta hace grandes méritos para estar totalmente en la misma bolsa, porque vi una foto de la revista Gente, de Buzzi con Luly Salazar. Un dirigente popular se tiene que dar cuenta de que no puede ir a una fiesta de la revista Gente, pero él ya se había acostumbrado a ese mundo de brillos y éxitos, se acostumbraron inmediatamente. Una vez, Guillermo Saccomanno largó una frase concluyente: “Pertenezco a una clase a la que odio”. Yo no digo tanto, porque es cierto que en la clase media hay mucha gente a la que lejos de odiar, quiero mucho. Pero también es cierto que resulta muy doloroso que en esta ciudad se presenta Daniel Filmus, al que conocía y conozco como intelectual de valía de Flacso, y por el otro se presenta “El pibe”, como bien le dice Gabriela Cerruti, un muchacho de las farras de los ‘90, un hijo de un hombre poderoso, que disfrutó los ‘90 farreando y bueno, en el 2000 lo eligen presidente de Boca y ahora sueña con ser presidente de la República. Me dolió mucho que eligieran a Macri en lugar de a Filmus. Yo escribí una nota dura contra Filmus, pero que derivó en una cosa simpática de él, porque yo le decía: “Con esa cara de osito Winnie Pooh, no va a calmar las ansias de mano dura de la población de Buenos Aires” y al día siguiente él me contestó como Winnie Pooh en una nota de Página/12 que me pareció tan adorable que lo llamé y me dijo: “¿Por qué no venís el viernes a tomar un café?”. Y ahí nació la idea de Filosofía por Televisión, porque me dijo: “¿Vos qué querrías hacer en televisión?”, y yo le dije: “Hace años que quiero hacer un programa de filosofía, estoy seguro de que lo haría bien, pero nadie me lo dio nunca”. “¿No? Pero qué buena idea”, dijo. Esto es este gobierno también. A mí me gusta este gobierno, no sólo por los Kirchner, me gusta porque hay gente así. Y lo llamó a Tristán Bauer y pude hacer este programa que era inimaginable para mí. Y llevo seis temporadas. Y estoy grabando la sexta con gran esfuerzo. Y en la sexta, hay una parte de pensadores y grabé todo un programa dedicado a David Viñas. ¿Te das cuenta? ¿Cuándo voy a hacer eso? No lo voy a volver a hacer jamás. Yo sé que con ningún gobierno voy a hacer eso. Hay un programa dedicado a David Viñas y creo que hice algo lindo, porque tomé El Jefe, una película muy importante de Fernando Ayala, y un guión inteligentemente antiperonista de David; siempre fue antiperonista, David. HG: –Bueno, como él decía, “contrera pero no gorila”, “contrera sí, gorila no”. LA LETRA K HG: –El tema sería entonces cómo nos toca a cada uno la cuestión del kirchnerismo. Evidentemente, la letra K juega un papel importante en esto porque es una letra que en el alfabeto tiene una presencia menor en cuanto al uso idiomático y mayor a su extrañeza, por lo menos en los idiomas que provienen del latín, a diferencia del anglosajón. Es una letra que tiene cierto estereotipo también. Y tiene un apellido cuyo significado está emparentado con la función eclesiástica, Kirchner, Kirsch, que absolutamente quiere decir alguien que presta un servicio en la iglesia. Te digo esto, porque el hecho de que se use periodísticamente como letra que connota una adhesión es una facilidad que tiene el periodismo y no tiene por qué no usar. Incluso creo que el Gobierno eligió en un principio la letra K también como un distintivo, un pequeño blasón, y en general, el lenguaje tiende a la comodidad también. No siempre eso es bueno, hasta el día en que eso no es absolutamente bueno. Pero el lenguaje tiene esa veta de comodidad que la publicidad siempre acompaña y defiende. Después el tema es cómo se sienten esas personas que son alcanzadas por ese veredicto alfabético. Si eso inhibe o no inhibe mayores alcances para la adhesión política y puede llegar a enriquecerse. Retomando el tema en el punto que lo dejó Viñas, hubo un episodio entre Viñas y un periodista de Clarín, hubo un juicio muy desagradable, porque a Viñas también se le dijo K. Había ido a unas reuniones, en una época del problema del campo, y Viñas se sobresaltó mucho con eso, por el hecho de llevarlo a una adhesión que, en el caso de él, era a lo específico de esa coyuntura. Podía ese momento coincidir con una concepción, como siempre tuvo Viñas de la Argentina, es decir, una izquierda cultural con una cierta memoria yrigoyenista familiar y una izquierda genérica de los años ’60 con cierto toque existencialista. Que se le haya dicho K lo incomodó profundamente y también se lo dijo a un periodista de Clarín. En el sentido de que él no era oficialista y ninguna cosa que se le pareciera, además de que un intelectual no podía ser oficialista, de lo cual nunca nadie pensó lo contrario, porque también la palabra “oficialista” tiene un uso despectivo. Ninguna palabra de la lucha política en Argentina hoy deja de emplearse despectivamente. La Argentina se convirtió en el reino del eufemismo y la descalificación por el mero hecho de pronunciarse un nombre. Y eso en cierta medida es responsabilidad de todos nosotros, que hablamos distintas lenguas, entre otras la lengua política. Pero como el periodismo eso lo sabe y en realidad ya no hay más periodismo donde las palabras se empleen inocentemente, todos los diarios usan las palabras con el correspondiente halo de significados ocultos –-digo “halo” como un pequeño homenaje a David, que le gustaba emplear esa expresión–. Entonces, David Viñas me parecía como alguien que indebidamente quiso ser apropiado por una letra y el periodismo de rescate viene a decir “no” a esa letra, ya lo dijo él mismo, que no le pertenecía. Era Viñas, según Clarín, condenando la idea del intelectual oficialista. Como si David fuera una ficha a ser jugada en tal o cual ruleta. Episodio inútil, porque revela hasta qué punto una letra mal usada ahora da toda una concepción política. Entonces eso lo debe saber cualquier político, inclusive esto puede hacerse en contra de la voluntad del político cuyo apellido es encabezado por esa primera letra, también, ¿no? Kirchner era un político desconocido, creo que hasta al propio David lo escuché decir que con ese apellido y esa forma de mirar, en ningún barrio tenía ninguna posibilidad. Eso evidentemente fue desmentido. Y la letra K, que está en el medio del alfabeto, repartió los dos hemisferios del alfabeto, de ahí que en las comidas, en las reuniones amistosas, o en la selección que uno hace de las personas que ve, esa letra tiene una presencia muy fuerte, hacia un lado o hacia otro. Yo también creo que el kirchnerismo es, en primer lugar, un fenómeno político de políticos profesionales que hicieron su carrera fuera de las grandes metrópolis y que la hicieron lentamente, con todo el curso habitual que tienen las carreras políticas, y tienen sus peldaños, que se van subiendo progresivamente al compás de la vida electoral y que siempre son puestos en términos de un concepto que los políticos tienen. “Llegué”, “Llegué a tal meta”. Uno suele escuchar a políticos que dicen “Llego a tal lado”, y eso hace mal a la política en general porque mejor sería pensar que nunca se llega y si se llega a algún lado no es el previsto. En el caso de Kirchner, su llegada, digamos, fue realmente inesperada. Estaba a contramano de como había hecho su carrera. LOS JOVENES DE AYER ¿Ustedes pueden trazar un puente entre los ideales sesentistas, el ‘73 y el presente? JPF: –Y bueno, sí, yo digo que sí, ese puente lo traza Néstor cuando habla de la generación diezmada, cuando habla de la generación que lo dio todo y no recibió nada, no tuvo nada, algo así dice, y esos ideales, que son los de la generación del ‘70, son los ideales que no va a dejar en la puerta de la Casa de Gobierno, que es como cuando Evita dice: “El alma que traje de la calle no la dejé cuando entré a los ámbitos del poder”. Es esa frase de la fidelidad al pasado y no traicionar la fidelidad al pasado cuando se entra en el lujoso ámbito del poder. Y después toda la tarea con los derechos humanos y después las figuras que están en el gobierno de Cámpora, Righi, Juan Manuel Abal Medina y muchos más, la verdad que muchos más, viejos compañeros, estaban en el gobierno. Yo creo que sí, está bueno, a mí lo que me gusta de este gobierno, voy a ser breve en la enumeración, es que no le gusta a la oligarquía, ésa es una buena señal que yo aconsejaría que aplicara alguien como Pino Solanas. Yo no puedo entender que Pino Solanas observe el paisaje político nacional y no se da cuenta de quiénes están de un lado y del otro y cómo se pone al lado de gente que abominó durante toda su vida, o eso nos dijo. Bueno, y entonces esta gente que tiene en contra a la Sociedad Rural, a las corporaciones, a la oligarquía, bueno, yo no estoy de ese lado. Hay cosas que son muy simples, donde está la Sociedad Rural vos no estás, estás enfrente, listo. Después la unidad latinoamericana, el Mercosur, la lucha contra el ALCA, la libertad contra EE.UU., el rechazo del FMI... Bueno, son todas cosas notables, y la aparición de la militancia juvenil, que eso surge después de la muerte de Néstor. Pero Néstor era un setentista, él te hablaba como un setentista. Yo estuve con él. El, con sus patas largas en la mesa, me dijo: “Mañana saco el cuadro de Videla”. Y me quedé entusiasmado, claro. ¿Cómo no te va a entusiasmar eso? Bueno, cometió un error cuando pidió perdón y se olvidó de los radicales, porque, realmente, ése fue un gran error. Los radicales hicieron algo muy importante en su historia y fue el Juicio a las Juntas. Me resulta increíble que Gil Lavedra y Strassera estén en contra de este gobierno, porque este gobierno continúa la obra que hicieron y tuvieron que interrumpir por la relación de fuerzas de ese momento. Yo creo que sí, y este gobierno, hasta te diría, yo dije en algún momento que era la etapa superior del camporismo, en algún punto lo veo así, porque el rechazo de toda violencia es fundamental en este gobierno y la fórmula que larga Cristina, Nacional, Popular y Democrático. Lo que hizo Perón lo hizo desde un gobierno elegido democráticamente, pero que era autoritario. Porque un gobierno que se apropia de todas las radios, que cierra el diario La Prensa... Pero aquí pasa algo dialéctico. Que cuando el autoritarismo se impone a los reaccionarios, como los llama Engels en De la autoridad, un gran trabajo de Engels, queda el autoritarismo, y aparece un gobierno autoritario. Cuando vos tenés que ejercer el autoritarismo para derrotar a las fuerzas reaccionarias y subís al poder, subís con tu autoritarismo, y ahí es una nueva cara de la injusticia. El muchacho peronista HG: –Algo me hizo pensar en el peronismo como alguien que se adentraba en un terreno desconocido y fascinante, puesto que mi primera inclinación, nunca abandonada por otro lado, era el mundo de la izquierda y la lectura del marxismo. Pero el peronismo era la transfiguración de todo sin abandonar nada, y me gustó encontrarme con muchos sacerdotes ahí. He tenido grandes amistades, tenemos un amigo común, el padre Domingo Bresci. Y después mi cura modelo era el padre Jorge Galli, era en ese momento un cura armado, después tuvo serios dilemas con Montoneros. Y después participé bastante en la política argentina con Brunatti, que tiene un ámbito cristiano peronista, es una figura por la que tengo mucho cariño. Y Galli era un personaje de los curas obreros, discípulo del obispo Podestá. Y era albañil y todas sus metáforas religiosas eran de la albañilería, un cura popular peronista que en su capilla de Pergamino tocaba la campana cuando Boca hacía goles, y los de River iban a protestar y él respondía: “Bueno, si hay goles de River... La parroquia es de todos, vienen y tocan la campana. Yo soy de Boca y toco la campana...” Eso lo recuerdo con gran cariño. A mí me marcó mucho Galli como un cura conocedor de la vida popular, basado en lo picaresco que aparece en tantas novelas. Un cura hedónico digamos y al mismo tiempo con un peronismo popular con grandes metáforas de la albañilería como si fuera masón; era realmente un sacerdote, una sacralidad popular, pero previo a los del Tercer Mundo, previo a Mugica. 03/03/13 Página|12 | Suplemento Radar

No hay comentarios:

Publicar un comentario