viernes, 7 de noviembre de 2014

El Ejército de los Andes jamás podía asesinar o torturar a un compatriota”

El historiador Felipe Pigna acaba de publicar una biografía política de San Martín, La voz del Gran Jefe. En la entrevista, pivotea desde los Derechos Humanos en el Ejército hasta el rol del Instituto Dorrego.
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Por Rodrigo Lugones
APU: Estás a punto de presentar La voz del gran jefe.
Felipe Pigna: Este jueves a la noche vamos a presentarlo. Una pre-presentación a la oficial, lo va a poder ver la gente de Villa María, General Rodríguez y demás.
APU: ¿Qué aporta este libro?
FP: El libro habla del San Martín político, un San Martín escamoteado durante mucho tiempo por esta idea del San Martín exclusivamente militar. Un hombre con muchos años en España, donde tuvo su formación militar y política. Es un hombre muy homenajeado y poco recordado, la gente tiene poca información de cuál fue su trayectoria y el origen de su pensamiento. Un hombre que leía mucha filosofía, mucha política, que ha estado muy presente en la historia argentina, más allá de los detractores que dicen que ha estado poco y no se merece ser el padre de nuestra patria. Es un gravísimo error, porque, aún desde el exilio, estuvo siempre atento a lo que pasaba en la guerra con el Brasil, en el bloqueo francés.
APU: Recuperar al San Martín político y traerlo a una Argentina en la que estamos  revisando nuestro propio pasado.
FP: Sí, porque el relato del presente tiene una correlación directa con el relato del pasado, entonces es importante que la gente entienda que el hoy es producto de lo que pasó. Nos han quitado esta identidad tan digna que tuvimos y tenemos. En el caso de San Martín, es bastante patético, nos han ocultado a sus enemigos ya que, como la historia la han escrito los liberales, han disimulado la enemistad tremenda entre San Martín y Rivadavia, la persecución que sufrió San Martín estando en Mendoza, cuando lo depusieron, cuando él pide licencia y Alvear se la concede por tiempo indeterminado, y es el pueblo de Mendoza quien lo ratifica en el cargo. Es uno de los pocos gobernadores argentinos plebiscitados junto con Güemes y Candioti (el famoso príncipe de los gauchos, un artiguista que gobernaba en Santa Fe). San Martín fue un gobernador popular, con un programa de gobierno donde los ricos pagaban más que los pobres, donde había una gran preocupación por la educación y la cultura. Tuvimos un gran jefe.
APU: Ahí está la relación del Líder y las Masas.
FP: Sí. En San Martín es muy claro, porque tuvo consenso para gobernar la provincia y para armar el Ejército de los Andes, que requería absolutamente de la voluntad popular. Era una empresa que parecía una locura. Y ambas cosas fueron exitosas, la provincia se dinamizó, tuvo sus primeras industrias, la metalúrgica, la vitivinicultura. También fue pionero en la salud pública. Hubo campañas de vacunación. Creó un colegio secundario, ocupándose de su programa de estudios, que quería que fuera moderno, experimental. Muy de vanguardia. Por eso el título, La voz del Gran Jefe, porque remite a la voz, se van a encontrar con mucho texto de San Martín. Y, por el otro lado, recuperar su jefatura político-militar.
APU: Un intelectual orgánico que tomaba las armas para defender una empresa política.
FP: Con un ejército extraordinariamente democrático y moderno. Él dice: “La patria no hace al soldado para que él la deshonre con sus crímenes, qué impresionante. Hablaba el otro día con un coronel democrático y decíamos qué bueno que sería que esa frase estuviera en la puerta de todos los cuarteles de la Argentina. Nada más ni nada menos que el código de honor del Ejército de los Andes. Cuánta falta hizo recordar esa frase en épocas tremendas, cuando los militares estuvieron asociados con lo peor del poder civil y llevaron adelante esos genocidios. Un militar jamás podía asesinar o torturar a un compatriota. Además, hubo una gran participación de los pueblos originarios en los ejércitos sanmartinianos. Está el pedido de San Martín de 300 habitantes de las misiones guaraníes para integrar el cuerpo de granaderos, contra el ninguneo de Rivadavia. Hay un batallón entero de libertos, que eran ex esclavos a los que se les da armas y se les permite nombrar a sus propios oficiales y sub oficiales. San Martín lo ratifica en una carta: “No tenemos aquí los temores que tienen en Haití”. Es un caso prácticamente único en la historia mundial.
APU: Lacan decía: “se trata menos de recordar que de reescribir la historia”. ¿Qué opinión tenés del Instituto Dorrego o de las discusiones que se dan en torno al revisionismo?
PF: Toda creación de un instituto histórico es válida, los que se enojan por eso están muy equivocados, porque es el aporte de otra visión. No se trata de decir: “Todo lo que se escribió hasta acá está mal”, porque sería un acto de soberbia muy estúpido. Sino decir, vengo a agregar miradas. La gente puede optar pero con un criterio de seriedad, todo debe estar absolutamente fundamentado, no es serio plantear denuncias altisonantes sin respaldo en documentos o fuentes confiables. Un libro de historia debe ser juzgado por su bibliografía, de lo contrario estamos frente a un libro que carece de todo rigor histórico.
APU: Volviendo al ejército sanmartiniano, ¿la asociás al discurso que Néstor Kirchner da frente al ejército donde pide un ejército como el de San Martín y Mosconi?
FP: El otro día fui a dar una charla al museo del Ejército y la verdad que me sentí extraordinariamente cómodo. Es evidente que hay un cambio en la oficialidad nueva, incluso cuadros que estaban sumergidos y que no tenían ascensos por su condición de peronistas, o de democráticos y que hoy los ves al frente de cuarteles, y con los que podés tener diálogos enriquecedores. Eso ya es algo fantástico, porque las fuerzas armadas son una necesidad. Y que pueden tener otros roles en tiempos de paz. Uno piensa en toda la labor social que puede desarrollar el ejército. Un contacto con la sociedad inédito. Que tiene que ver con una decisión política, no surge de la nada. He podido hablar de igual a igual, discutir, debatir, con gente del archivo histórico (por ejemplo) que son gente que tiene una mirada muy piola, tipos muy inteligentes, con un enfoque muy interesante de la política de la historia militar. Cosas que tienen que ver con una época de cambios, con un excelente trabajo que inició Nilda Garré y que continúa Agustín Rossi, y la impronta evidente de Néstor de cambiarlo, entendiendo que al Ejército sólo se lo puede cambiar políticamente.

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