lunes, 20 de febrero de 2012

MALVINAS UNA HERIDA ABIERTA, ULTIMA PARTE.



El ahora

En el año 1992, una década después, escribí "Iluminados por el fuego" (7), libro que sin dudas contribuyó a abrir un debate sobre lo ocurrido en Malvinas. Hasta ese momento poco o nada se sabía sobre los suicidios y los traumas de posguerra entre los soldados, y la película (8) realizada luego por Tristán Bauer mostró la cotidianidad de la guerra; el hambre, las torturas a soldados por sus propios jefes. Desde entonces se multiplicaron las denuncias de los soldados sobre los malos tratos.



En 2007, tras un profundo trabajo de investigación y denuncia por parte del Subsecretario de Derechos Humanos de la Provincia de Corrientes, Pablo Andrés Vassel y la decisión colectiva de los ex combatientes (realizan congresos provinciales cada tres meses), se llevó a cabo una recopilación para el libro " Memoria, verdad, justicia y soberanía, Corrientes en Malvinas" (9), donde se denuncia la muerte de cuatro conscriptos –uno ametrallado; los otros por desnutrición y un enorme número de estaqueados. Vassel comenzó a recopilar estos testimonios en 2005, luego del preestreno en Corrientes de "Iluminados por el fuego", al que asistieron numerosos ex combatientes. Vassel narra que después de la proyección hubo un debate y que al comentar los vejámenes lo sorprendió que todos confirmaran las denuncias de la película, pero que al respecto ésta se había quedado corta. Así nació la idea de reunir las denuncias.

Poco tiempo después Vassel filmó y armó con ellas el cuerpo central de los casos. Los primeros testimonios fueron presentados en el 2007 al entonces presidente Néstor Kirchner, en su carácter de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, y a la ministra de Defensa Nilda Garré. Posteriormente, el (FECHA), el documento fue presentado a la jueza Federal de Río Grande (Tierra del Fuego, jurisdicción de las Islas Malvinas), a cargo de la jueza federal Lilian Herraez.

El texto denuncia que algunos efectivos militares de carrera, oficiales y suboficiales, trataron a los soldados conscriptos de manera similar, o con los mismos criterios y métodos de terror, que había utilizado la dictadura militar ante el conjunto de la población. Simulacros de fusilamiento, torturas sistemáticas, vejámenes repetidos y desprecio absoluto por la vida. Varios soldados correntinos murieron de hambre, y ésto no fue una circunstancia inevitable de la guerra, sino consecuencia de un tratamiento humano indigno, ya que todos los testimonios hablan de que el personal de cuadro no sufría privaciones.



Por ejemplo, el ex combatiente Jorge Delgado recuerda: "El hambre que teníamos era una constante, porque estábamos muy mal alimentados; la carne y la verdura se repartían entre los oficiales y suboficiales". Marcos Ojeda agrega: "Al mes del combate el 90% del regimiento estaba con desnutrición, incluso mi compañía tuvo un deceso por esa causa. Yo siempre pesé 70 kilos y cuando terminó la guerra estaba en 52 kilos y medio". Mario Romero: "Nosotros estábamos a un kilómetro del puerto, y ahí pegado había un lugar donde los ingleses faenaban las ovejas y tiraban las vísceras. Los soldados iban y alzaban eso (...) buscaban cáscaras de papa, de naranja, y comían; juntaban y comían. Llegó un momento en que parecía que no éramos soldados, éramos linyeras buscando comida. Se tomaban sanciones contra quienes hacían esto. Los estaqueaban o lo enterraban en un pozo, con sólo la cabeza afuera".

A mediados de agosto de 2007, la jueza Herraez y la secretaria Cecilia Incardone se instalaron en la ciudad de Corrientes, en el Juzgado Federal. Allí tomaron los primeros 23 testimonios y se presentó una segunda denuncia con 15 nuevos casos de estaqueamientos de soldados de la provincia de Corrientes, dos de Chaco, uno de Santiago del Estero, tres de Rosario y uno de Buenos Aires. Este último, "Cacho" Núñez, un ex soldado del Batallón de Infantería de Marina 5 (de Río Grande), compartió la pena con el suboficial retirado del ejército Guillermo Insaurralde, castigado... porque se compadeció y lo liberó del cepo. Fue muy importante el testimonio de un ex conscripto de la Fuerza Aérea, Alberto Fernández, de Casilda (Santa Fé), quien fue enterrado hasta el cuello en la turba helada a causa del acto "indisciplinario" de tomar un paquete de galletitas para alimentarse.

El expediente cuenta con tres cuerpos de 200 fojas cada uno. La Fiscalía interviniente está a cargo de Marcelo Rapoport. La causa está en la etapa probatoria, todavía sin procesados, aunque a raíz de las revelaciones el ministerio de Defensa separó a algunos militares, como el subteniente Gustavo Malacalza, subdirector del Liceo San Martín. También la Armada inició sumarios internos.

De los casos analizados por la Justicia el más grave es el de Rito Portillo, un soldado ametrallado por un cabo. Los militares lo hicieron figurar como muerto en combate y amenazaron con un Consejo de Guerra a un compañero de Portillo que intentó denunciar lo que había sucedido. Entre los muertos por desnutrición está Remigio Antonio Fernández, de quien recuerda uno de los testimonios: "Era un compañero mío, muy flaquito, muy quedado diría yo. No se la supo rebuscar, y falleció en la trinchera, arrolladito".



Perder el miedo
Muchas de las historias reunidas en el libro fueron relatadas por primera vez en 25 años. "Hubo tres formas de presión sobre los ex combatientes: la imposición de silencio de los jefes militares, que los amenazaron para que no hablaran al volver de Malvinas; la campaña de desmalvinización posterior y el olvido que se impuso en los ’90", señala el libro. Una de las consecuencias del silencio ha sido el alto número de suicidios de ex combatientes (400), que supera al de los caídos durante la guerra (271).

Pero además de las políticas impulsadas desde el Estado, el tema de los soldados de Malvinas siempre ha provocado frialdad social. "Para mí, tiene que ver con que Malvinas expresa las contradicciones de los argentinos: el haber salido a la Plaza de Mayo a apoyar a Galtieri, y luego el hecho de que mucha gente asocia el tema a una reivindicación de la dictadura. Esto deja a los soldados en una situación difícil, porque para los militares, ellos son civiles, pero para los civiles son militares", sostiene Vassel.

En noviembre pasado, Vassel y Orlando Pascua, Miembro del Centro de ex combatientes de la provincia de Corrientes (CESCEM), acompañados por el ex combatiente Roque Zabala, estuvieron nuevamente en Río Grande, donde anexaron a la causa tres casos de estaqueamientos detectados en la provincia de Santa Fe y entregados a la Justicia por la Secretaría de Estado de Derechos Humanos de esa provincia, a cargo de Domingo Pochettino y Alfredo Vivono, más dos testimonios de ex conscriptos que residen actualmente en Río Grande. Uno de ellos señala claramente al "famoso" teniente Jorge Taranto (o Baroni) por sus actitudes aberrantes para con los soldados conscriptos.
También en Río Grande, los miembros de la Comisión de Derechos Humanos de la Provincia del Chaco María Cristina Barrios, María Luisa Chomiak y María Elena Vargas, presentaron cuatro denuncias de ex combatientes chaqueños, quienes quieren que la jueza que lleva la causa se apersone también en esa provincia para tomar declaraciones a otros ex combatientes. La presentación la realizó finalmente la propia Legislatura Provincial chaqueña, denunciando ante la jueza fueguina distinto tipo de vejámenes sufridos por soldados durante la guerra, cometidos por miembros del Estado. Los diputados provinciales dispusieron un plazo de 90 días para posibilitar que otros ex combatientes puedan testimoniar. La provincia del Chaco, junto con las de Buenos Aires y Corrientes, es las que más soldados aportó a la guerra.
De esa manera, totalizan 41 los casos denunciados ante la Justicia Federal de Primera Instancia de Río Grande, con jurisdicción sobre las Islas Malvinas. La presentación sostiene que las Fuerzas Armadas pueden aprender mucho del testimonio de los soldados, puesto que para ellos su participación en Malvinas es el hecho más importante de sus vidas; que allí lo pusieron todo, que el hambre, el frío, la incompetencia, no fueron suficientes para quitarles su ánimo de combate y que esos relatos no hacen más que encarnar un profundo deseo de verdad y justicia.

Se trata de establecer la verdad de lo ocurrido. Algo que la sociedad les debe a los caídos y a los que combatieron con dignidad en Malvinas. Se trata de hacer justicia, para separar nítidamente a aquellos que combatieron con honor, incluidos algunos oficiales y suboficiales, de quienes consideraban un acto de valentía estaquear a un soldado hambriento.

El trabajo fue presentado al ex presidente Néstor Kirchner, acompañado de una carta que dice: "debe conocerse en nuestro país la verdad sobre estos hechos y sobre todas las tropelías cometidas por la última dictadura militar, para tener en claro la memoria sobre los padecimientos de nuestro pueblo; la necesidad de contar la verdad sobre la forma en que se condujo la guerra y el trato que se les dio a los patriotas que ofrecieron sus vidas a los 18 años, sugiriendo una comisión investigadora para recibir el testimonio de los soldados".

La presentación judicial, por su parte, hace hincapié en que fue un genocidio planificado, dado que están implicadas las tres fuerzas y los altos mandos y que esos hechos no fueron producto del desvarío y la crueldad de cuatro o cinco oficiales o suboficiales. Por ejemplo, un soldado del Regimiento de Curuzú Cuatiá fue estaqueado en el Liceo Militar General Roca de Comodoro Rivadavia antes de viajar a Malvinas, con lo que el argumento de la ausencia de instalaciones "adecuadas" para el "acto disciplinario", revela toda su falsedad.

La denuncia generó las siguientes acciones oficiales:
- Se ultiman detalles jurídicos para que la Nación, por decisión del ex presidente Néstor Kirchner, se presente como querellante en la causa a través de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, a cargo de Eduardo Luis Duhalde.
- La Comisión de Derechos Humanos de la legislatura de la provincia del Chaco creó una Comisión Investigadora. En las primeras dos semanas de trabajo se recolectaron cinco nuevos casos, presentados en el juzgado de Río Grande a fines de 2007.

- La Provincia de Santa Fe creó a su vez una Comisión Investigadora.
- A instancias de la Subsecretaría de Derechos Humanos de Corrientes tomó contacto con la ministra de Defensa Nilda Garré, a quien le entrego una copia de la investigación: 220 páginas y 10 horas de documento fílmico con los testimonios.
Obran en el expediente 41 casos 'y un número muy importante de testimonios', dijo Vassel, quien agregó que 'sabemos de nuevos casos, descubiertos en Tucumán, Salta, San Luís, Córdoba, Corrientes, Misiones y Buenos Aires. Estamos esperando la mejor oportunidad para presentarlos a la causa'. "En la actualidad hay 41, que podrían llegar a 60 en los próximos meses", detalla Vassel, que durante este año seguirá viajando por el país recopilando denuncias como las de ex combatientes de la provincia de Chubut, que narran como eran picaneados en los pies por sus superiores, con los equipos de comunicaciones de 12 voltios.

Acompañando las denuncias de los ex combatientes, organismos de derechos humanos como Abuelas y Madres de Plaza de Mayo realizaron en Buenos Aires el 8 de diciembre pasado una conferencia de prensa y la presentación del libro de la Subsecretaria de Derechos Humanos de la provincia de Corrientes. En el prólogo del libro Estela de Carlotto, presidente de Abuelas, manifiesta su compromiso con la verdad histórica de Malvinas: "Felizmente la memoria esta presente y activa en nuestro pueblo. Esta vez es la provincia de Corrientes la que nos da el ejemplo de que no debemos olvidar los acontecimientos, ni a las victimas, ni a los responsables de las atrocidades infringidas durante los años de la dictadura militar". Y agrega: "El escarnio, el abandono, el valor de estos conscriptos que con el pecho abierto al amor por la Patria, fueron a defenderla pero indefensos. Nos concierne a todos los pobladores del país saber que no es posible el olvido, que 26 años después la leyenda es un dolor abierto y que debemos saldar estas deudas. Queda entonces esperar que la justicia actúe, que los indiferentes se involucren y que los lectores del libro tomen partido para la construcción entre todos de un país digno, libre y soberano".

Carlotto da en el clavo: los ejes deben ser memoria, verdad y justicia. Memoria, por los caídos, por los que no soportaron tanta desidia y por todos aquellos que dieron la vida allá y acá por la soberanía. Verdad, porque sin ella ninguna sociedad crece ni se desarrolla. Justicia, para que no exista más impunidad.

La sociedad argentina jamás será justa; en país no será distinto, previsible, lógico y pacífico si no condena la impunidad y a quienes violan la Constitución y los Derechos Humanos. Los argentinos necesitamos ganarle a nuestra propia guerra, esa que deambula en nuestra mente y que nos acecha. Malvinas exige que se castigue a todos los culpables, que se proteja y asista a los ex combatientes. Que se recuerde tanto a los que murieron en las islas, como a los que volvieron y como consecuencia de la indiferencia y el olvido se quitaron la vida.

* Edgardo Esteban: Escritor, periodista, ex combatiente en la guerra de Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña (1982). Autor del libro "Iluminados por el Fuego", y coautor del guión de la película del mismo nombre.

Fuente: Le Monde Diplomatique, febrero 2008


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MALVINAS UNA HERIDA ABIERTA III

El día después
Las pensiones a los ex-combatientes de Malvinas sólo se establecieron en 1990, casi una década después de la guerra y gracias a la ley nacional 23.848, que beneficiaba a los ex soldados conscriptos, comenzaron a cobrar 150 pesos mensuales.

La difícil recuperación de las secuelas de la guerra y de la reinserción social, el "Trastorno de Estrés Postraumático" (TEP) afectó en diverso grado a todos los ex combatientes. El TEP es un estado depresivo crónico, propio de alguien que ha experimentado de forma directa la guerra. Genera una constante sensación de temor, angustia u horror y pesadillas, miedos, problemas de relación, irritabilidad, dificultades para conciliar el sueño, sobresalto, un elevado nivel de violencia e irritabilidad, inclinación por las adicciones, entre tantos síntomas.

Según datos estadísticos obtenidos en el 2004 por el Ministerio de salud de la provincia de Buenos Aires (5), un 77.9% de los ex combatientes sufre de trastornos de sueño. Un 10% reconoce haber padecido síntomas psicóticos tales como delirios, alucinaciones y manifestaciones paranoicas. Un 20% asegura sufrir algún tipo de fobia y un 60% se queja de trastornos de la memoria (olvido constante de nombres, fechas, situaciones, etc.). Un 32% declara padecer de ideas obsesivas ligadas a Malvinas y la relación de Malvinas con hechos posteriores. Un 28% de los ex combatientes encuestados tiene ideas recurrentes respecto al suicidio; un 10 % reconoce que ha realizado intentos de suicidio en una o más ocasiones. El 37% se reconoce violento; un 26% usa comúnmente armas de fuego.



Informe Rattenbach - Recortes de prensa. Un fragmento sustancial del Informe Rattenbach, considerado secreto de Estado por la dictadura militar, fue publicado por la revista Siete Días, lo que trajo aparejado una encendida discusión sobre la libertad de prensa. Clic para descargar los recortes en formato imagen.

Los estudios (6) ayudan a entender las particularidades de la población de ex combatientes: el 41% alcanzó la escolaridad primaria; el 60% no tiene resuelta en forma estable su situación laboral; el 36% padece discapacidad física y/o psíquica. Si bien el 99% cuenta con obra social, el 72% no concurre al médico y el 91% no recibe atención específicamente psiquiátrica y psicológica. El 88% nunca concurrió a un centro de salud. Entre el 25 y el 39% de los ex combatientes (varía según su zona de residencia), padece el TEPT.

Las formas más frecuentes de TEPT en estos ciudadanos son: trastornos depresivos severos con intentos de suicidio o idea suicida persistente; violencia familiar; bajo o nulo control de los impulsos; intoxicación por drogas o alcohol; abstinencias; episodios de descompensación psicótica, trastornos de ansiedad en sus distintas formas. La fantasía suicida, los intentos concretos de suicidio, o bien las conductas de autodestrucción y auto agresión se verifican en casi todos los casos de urgencia. Al margen del altísimo número de suicidios consumados, hay un número de casos de "suicidio encubierto" (sobredosis, accidentes, etc.), de los que no se tiene un registro claro.

En los últimos años la situación de los ex combatientes de Malvinas mejoró notablemente. Los Centros de de ex combatientes (organizaciones creadas por los propios soldados, unas 30 ONG en todo el país), han logrado acceder a la participación en la discusión de políticas públicas con el Estado, con objeto de revertir la situación. 26 años después de terminada la guerra, recién ahora se está realizando un relevamiento socio-sanitario nacional de los ex combatientes, para atender aquellos casos de alta vulnerabilidad, a cargo del INSSJP-PAMI, obra social que atiende a los ex combatieres y a su grupo familiar.

Con el incremento de las pensiones, la situación económica de los ex combatientes ha mejorado. A partir del 2004, el estado nacional otorga una pensión de 1.700 pesos, equivalente a tres jubilaciones mínimas y en muchos casos los estados provinciales también otorgan pensiones y coberturas en las obras sociales provinciales. A partir de enero de 2007, la provincia de Buenos Aires, que tiene el 50 % del padrón –unos 5.500 ex soldados-, otorga una pensión equivalente a tres salarios mínimos del estado provincial, unos 1.500 pesos. En la provincias de Corrientes, Chaco, Entre Ríos, Ushuaia, entre otras, la situación es similar.

Cacería de patos
Durante la guerra de Malvinas, el general Galtieri le comentó muy convencido al mediador Alexander Haig "Nosotros tenemos experiencia en guerras porque hemos combatido a la subversión" Y el norteamericano le contestó irónicamente: "Ustedes tuvieron una cacería de patos, guerra es lo que van a tener ahora".

También existen encuadres para el acceso al trabajo. En la provincia de Buenos Aires, los ex soldados tienen prioridad para ocupar cargos auxiliares (porteros) en la Dirección General de Escuelas, donde trabajan 1.000 ex combatientes. Así mismo, en el 2007 el ANSES (Administración Nacional de la Seguridad Social) reconoció un error en la liquidación de los haberes de las pensiones devengadas en años anteriores, estimado en 30.000pesos por ex combatiente.

Durante 10 años no hubo ningún tipo de asistencia ni ayuda, por lo que se reclama una ley de reconocimiento histórico por el periodo que abraca desde 1982 hasta 1990.

Los militares fueron a Malvinas cobrando salario y con cobertura social, en tanto que los conscriptos se encontraban cumpliendo con la Ley de servicio militar obligatorio, derogado en 1994.

* Edgardo Esteban: Escritor, periodista, ex combatiente en la guerra de Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña (1982). Autor del libro "Iluminados por el Fuego", y coautor del guión de la película del mismo nombre.
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sábado, 18 de febrero de 2012

Mar del Plata, con fines de semana como si fuera enero

El relato oficialista no para de ver un país propio de Disneylandia, por eso tiene razón Van der Kooy el editorialisa clarinesco de los días domingos, cuando en tono crítico hacia el gobierno dice que este solo marcha:

"Hacia los lavarropas, los autos, las heladeras y los celulares. Esa es la ruta. No se olvide. Sin ironías. Atte. Evdk." y que además se pregunta:

¿Asi que la utopia setentista quedo reducida a la venta de electronicos, celulares, lavarropas, automoviles?. Tampoco es para sorprenderse. Pero da tristeza. Gracias por su opiniòn. Sin chicanas ni ironias. Atte. Evdk.

Y que todo esto encima con una presidenta que según Evdk:
"La moderación de Cristina se escurre entre sus palabras y mohines.Los hechos señalan crudamente donde estaría conduciendo a la Argentina..."



Mar Del Plata. Corresponsal - 18/02/12

No parece que fuera febrero. Nada de lo que ocurre en estos días tiene que ver con lo que febrero ha deparado por lo menos en la última década. Este año, es atípico: no llueve, el viento sopla dentro de márgenes tolerables, el agua del mar está más cálida que nunca, hacen días de treinta y pico largos y, descomunal también, este mes que se caracteriza por tener alojamiento disponible como para ir a regatear el precio, está ahora prácticamente sin plazas. No hay lugar en los grandes hoteles, queda poco en los más chicos y se alquilaron –al menos hasta anoche- “casi todos” los departamentos en oferta de temporada. Parece enero.

Esta vez la clave son los dos feriados de carnaval, hasta hace unos pocos días atrás de incierta lectura para los operadores. No sabían qué esperar. Pero en febrero terminó por consolidarse la tendencia de los viajes de fin de semana y éste, con lunes y martes anexados, poco a poco comenzó a perfilarse tal vez como uno de los mejores del verano. Desde la Asociación Hotelera Gastronómica hablan de una ocupación que va a estar en un promedio del 90%.

Ayer ya había hoteles de cinco estrellas totalmente ocupados. Los operadores comparan este fin de semana con el tercero de enero, considerado el mejor del verano. En ese, llegaron 320 mil personas, según había dado a conocer el Ente Municipal de Turismo. “Será uno de los mejores de la temporada”, auguran los hoteleros.

En las inmobiliarias cuentan que cuando comenzó el mes muchos dejaron señado el departamento para este fin de semana. “Queda muy poquito, y lo que queda se alquila seguro mañana a la mañana”, explica Oscar Gonnet, que ayer hizo récord para 2012, con sus tres sucursales: “Entre las 6 y las 10 de la mañana, alquilamos casi 130 departamentos”, comenta.

“Personalmente, creo que lo que no se pudo hacer en enero, lo recuperaremos en febrero con los alquileres cortos”, dijo Gonnet, que este año, porque fue pidiéndolo así el turista redujo de 7 a 5 días el período mínimo para alquilar. Otra de las razones de la recuperación, dijo, fue el clima: “Algo inusual para febrero, llevamos comprados unos 50 ventiladores para gente que lo ha pedido después de pasar la noche agobiada por el calor”.

Es que no refresca ni siquiera en las noches. Tampoco de día. El tiempo fui inmejorable. Hubo picos de 35° y varios días con más de 30. No se dieron esos vientos sostenidos de febrero que hacen picar la arena en el cuerpo y lloviznó dos veces, de noche. Para hoy anuncian lluvia. Pero desde mañana se espera más calor, acorde para un carnaval con playas colmadas.

GB

viernes, 17 de febrero de 2012

EL GENOCIDA Y TRAIDOR GALTIERI



Cacería de patos
Durante la guerra de Malvinas, el general Galtieri le comentó muy convencido al mediador Alexander Haig "Nosotros tenemos experiencia en guerras porque hemos combatido a la subversión" Y el norteamericano le contestó irónicamente: "Ustedes tuvieron una cacería de patos, guerra es lo que van a tener ahora".

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UNA HERIDA ABIERTA II


El genocidio iniciado por los militares y sus apoyos civiles con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, continuó de algún modo en Malvinas. La misma crueldad, la misma incompetencia, el mismo desprecio por la vida ajena, la misma cobardía. En Malvinas, los militares cometieron aberraciones progresivamente denunciadas por quienes las sufrieron en carne propia: tortura física y psicológica; traición. Con alguna otra excepción, sólo la valentía y capacidad técnica de los pilotos de la Fuerza Aérea quedan fuera de estas calificaciones.


La derrota fue tan dura para la Junta Militar, que se vio obligada a nombrar a una Comisión Investigadora. Un digno general de la Nación, Benjamín Rattenbach, elaboró en 1983 un informe (2), a pedido de la Comisión de Análisis y Evaluación Político Militar de las Responsabilidades del Conflicto del Atlántico Sur. El informe califica la Guerra de Malvinas como una "aventura irresponsable" (ver "El Informe..."). Señala que cada arma funcionaba por su cuenta, que carecían de preparación y que la conducción estuvo plagada de errores. Sobre esta base, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas condenó a Galtieri a 12 años de reclusión con accesoria de destitución; al almirante Jorge Isaac Anaya a 14 años de reclusión con accesoria de destitución y al brigadier Basilio Arturo Lami Dozo a 8 años de reclusión. En cambio, quedaron absueltos, por prescripción de los delitos, los jefes militares Osvaldo Jorge García, Helmut Conrado Weber, Juan José Lombardo, Leopoldo Alfredo Suárez del Cerro, Mario Benjamín Menéndez y Omar Edgardo Parada. En 1988, al cabo de la revisión en segunda instancia civil y federal de la condena a Galtieri y demás responsables militares, un tribunal ratificó las condenas por los delitos cometidos unificándolas en 12 años solo para los tres máximos jefes militares. No hubo otros condenados por responsabilidades en la Guerra de Malvinas. Finalmente Galtieri, Anaya y Lami Dozo fueron indultados en 1990 por el presidente civil Carlos Saúl Menem.
Militares que cometieron violaciones de los derechos humanos como tortura, tortura seguida de muerte, (Art. 144 del Código Penal) y robos, homicidios y delitos conexos cometidos como miembros de una organización delictiva (dirigida por las juntas militares que gobernaron durante el llamado 'Proceso'), cobran pensión actualmente como ex combatientes de Malvinas. En algunos casos no se los juzgo o se los absolvió; en otros se los indultó o sus procesos se cerraron a causa de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida (3).

Entre los absueltos figuraba el entonces teniente de navío Alfredo Ignacio Astiz, miembro de los primeros comandos enviados a las islas Georgias del Sur, vecinas de las Malvinas y también bajo ocupación británica. Astiz se rindió con su tropa al enemigo sin efectuar la debida resistencia; fue capturado y remitido a Gran Bretaña. De regreso en el país y ya en democracia, fue juzgado en Argentina y condenado (en ausencia) en Francia por participar de secuestros y desapariciones durante la dictadura, entre ellos el de dos monjas francesas y de miembros de Madres de Plaza de Mayo. Otra de sus hazañas, realizada el 27 de enero de 1977 en la localidad de Palomar, cuando encabezaba un grupo de tareas que operaba en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), consistió en balear por la espalda a la adolescente sueca Dagmar Hagelin, cuando ésta corría asustada sin ofrecer resistencia. Estos actos de "valentía" en el servicio no los repitió Astiz en Malvinas: es conocido que ante el primer disparo del enemigo alzó la bandera de rendición y se entregó junto con su tropa.

El descarnado informe del general Rattenbach fue silenciado por sus camaradas, que no quisieron hacerse cargo del debate y sumir una autocrítica sobre lo ocurrido. Tampoco por los gobiernos civiles. Solo fue publicado en una edición del Centro de Soldados ex Combatientes de Malvinas de La Plata (CESIM). Como dice el escritor Osvaldo Bayer, autor del prólogo: "Malvinas es la única guerra del mundo donde murieron los soldados y se rindieron todos los generales, almirantes, brigadieres, coroneles, vicealmirantes, contraalmirantes, mayores, capitanes, sargentos, cabos primeros".(4)

Todos esos heroicos militares van muriendo en la cama, poco a poco, gozando de pensión completa. El cinismo continuó con la democracia, cuando se empezó a inaugurar monumentos a los "Héroes de Malvinas", mientras los ex soldados comenzaban a suicidarse. Los "héroes" en realidad fueron víctimas. Mientras oficiales y suboficiales siguieron cobrando sueldos, pensiones y retiros al margen de su responsabilidad en los hechos de la guerra (y en otros hechos, durante la represión dictatorial), los "soldaditos" en un primer tiempo tuvieron que salir a mendigar.


Por Edgardo Esteban* Escritor, periodista, ex combatiente en la guerra de Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña (1982). Autor del libro "Iluminados por el Fuego", y coautor del guión de la película del mismo nombre
FIN SEGUNDA PARTE.

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UNA HERIDA ABIERTA.

Por Edgardo Esteban*

La guerra de Malvinas es una parte de la historia reciente argentina de la que poco se habla. Los datos y testimonios reunidos a lo largo de un cuarto de siglo han logrado quebrar el silencio oficial y poner al descubierto un hecho espeluznante: durante la guerra los soldados argentinos no sólo tuvieron que combatir al enemigo, sino al hambre, el frío y la inaudita incompetencia, cobardía y crueldad de sus propios jefes militares. Lo que vino después, el regreso, la posguerra, estuvo determinado por la indiferencia de una sociedad traumada por su irreflexivo apoyo a la dictadura y el silencio y el olvido impuesto por los militares. Volver fue el comienzo de un doloroso camino para una gran cantidad de soldados sacudidos por el horror vivido y por el porvenir, que ya no sería el mismo.

De alguna forma se combatió a los excombatientes, dándoles la espalda, obligándolos a la marginación, sepultándolos en el olvido, la indiferencia. Resultado: a la fecha los ex combatientes suicidados llegan 400, mucho más que los 267 muertos en combate. Los que aún viven padecen distintas afecciones, de graves consecuencias, englobadas en la denominación "Trastorno de Estrés Postraumático"...

La indiferencia social posterior al conflicto contrastó con el fervor patriótico que el 2 de abril de 1982 generó el anuncio de la "recuperación" de las Islas Malvinas, en boca del dictador Leopoldo Galtieri. La Plaza de Mayo de Buenos Aires, teñida de color celeste y blanco, se colmó de miles de ciudadanos, entre ellos muchos reconocidos dirigentes políticos y sindicales. Aclamaban a Galtieri, quien decía: "si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla".

Al final de la guerra, el 14 de junio, todo cambió de golpe. Tras la derrota, esa misma gente trató de incendiar la casa de gobierno, echó a Galtieri del poder y no quiso volver a hablar de Malvinas. El final del conflicto cerró el capítulo de la dictadura y fue un factor decisivo para la reinstauración de la democracia, pero en cuanto a la guerra, la sociedad no se hizo cargo de sus responsabilidades.

Las autoridades y la sociedad se comportaban como si los soldados fuesen los responsables de la derrota. Hubo un acuerdo tácito para olvidar la guerra, esconder a los que regresaban y borrar de las mentes lo vivido. Para obtener la baja militar, los oficiales hicieron firmar a los soldados una declaración jurada, en la que nos comprometíamos a callar y por ende a olvidar. Hablar de la guerra, de lo ocurrido durante la guerra, fue lo primero que nos prohibieron. Así, el dolor, las humillaciones, la frustración, el desengaño, la furia, quedaron dentro de cada uno de nosotros hasta tornarse insoportables en muchos casos. Es que hablar, contar, era el primer, necesario paso para exorcizar nuestro infierno interior y empezar a curar las heridas. Pero no se podía, eran cuestiones de Estado. De modo que el regreso fue cruel, en silencio, a escondidas, como si fuésemos un grupo de cobardes. La bienvenida quedó para el hogar.

Asignaturas pendientes

Nadie discute hoy, ni ha discutido nunca, el justo reclamo argentino de soberanía que la República Argentina mantiene sobre las Islas desde 1833. Pero eso nada tiene que ver con el análisis descarnado de lo ocurrido en 1982. Durante mucho tiempo se ha preferido eludir la autocrítica de la derrota, de la que nadie quiso hacerse cargo. Galtieri y recientemente el almirante Jorge Anaya murieron sin haber hablado, sin enfrentar sus responsabilidades políticas y militares. Ninguna guerra es buena, pero ésta, por la improvisación e incompetencia, fue peor.

Al margen de los errores tácticos y estratégicos que definieron la suerte de la guerra, lo que aparece como inaudito son los injustificados malos tratos, las crueldades de algunos oficiales y suboficiales hacia sus soldados: por ejemplo, "estaqueos" (1) durante horas en la turba mojada, con temperaturas bajo cero. En su gran mayoría eran castigos por robar comida. Teníamos hambre, porque la imprevisión y la incompetencia eran tales, que a pesar de que "invadimos" unas islas semidesiertas, estábamos al lado de nuestras costas y permanecimos allí 30 días hasta que llegaron las tropas inglesas y empezaron los combates... ¡no había casi comida!.

El genocidio iniciado por los militares y sus apoyos civiles con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, continuó de algún modo en Malvinas. La misma crueldad, la misma incompetencia, el mismo desprecio por la vida ajena, la misma cobardía. En Malvinas, los militares cometieron aberraciones progresivamente denunciadas por quienes las sufrieron en carne propia: tortura física y psicológica; traición. Con alguna otra excepción, sólo la valentía y capacidad técnica de los pilotos de la Fuerza Aérea quedan fuera de estas calificaciones.

FIN PRIMERA PARTE.
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Rosas, y el Imperio Británico.

El 28 de junio del año 1841, los torys colocaban en el Foreign Office a lord Aberdeen.
En agosto del año 1842 culminaba con el tratado de Nanking la guerra del opio, tras la cual China permitió la venta libre de esa droga en su territorio, se hizo cargo de los gasto de guerra, cedió Hon Kong y factorías en Shangai, Cantón, y otros puertos, al tiempo que entregó sus mercados a tejedurías británicas.

Este hecho aparentemente etéreo y difuso, oculto tras una cortina de humo, de opio posiblemente,tuvo mucho que ver con un documento, encargado por Aberdeen sobre el comercio británico,que se firmó en 1841.

En el mismo se sugerían las posibilidades británicas en Montevideo, refiriéndose a la alternativa de apoyar un tratado con una fuerza de "socorro" destinada a defender una posible intervención extranjera.
Poco después el titular del F.O. reclamaba el levantamiento de las medidas que interrumpían la libre navegación de los ríos interiores argentinos.

La respuesta de Rosas fue elocuente: "Mi partido se compone de gentes capaces de llevar armas; una guerrera y poderosa raza. No hay aristocracia en el país donde pueda apoyarse un gobierno; la opinión pública y las masas gobiernan."


Fuente Revista El Porteño, año 1982.

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EL JUEZ MONTI Y EL GRUPO CLARIN.

Papel Prensa: la Cámara le puso fin a los artilugios de Clarín y La Nación

Por Ignacio Chausis

Además de rechazar las recusaciones planteadas contra los jueces, advirtió a los socios privados de Papel Prensa, Clarín y La Nación, que se abstengan en el futuro de ocasionar “un dispendio jurisdiccional innecesario” bajo riesgo de aplicarles sanciones legales.

Los socios privados de Papel Prensa, Clarín y La Nación, sufrieron un fuerte revés por parte de la justicia comercial en sus intentos por despojar al Estado del control de la única fábrica de papel de diario del país. Dicho revés no tiene que ver solamente con el rechazo a las recusaciones planteadas por los dos diarios –en un expediente interminable, con múltiples incidentes, no es la primera vez que la justicia desestima las presentaciones de los socios privados– sino por el tenor de la advertencia efectuada por los jueces para que tanto Clarín como La Nación desestimen en el futuro la presentación de recursos judiciales cuyo único fin es “retrasar indebidamente la marcha normal del proceso”.

El fallo pertenece a la sala C de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial, que con fecha del 25 de enero pasado resolvió rechazar las recusaciones planteadas contra uno de los magistrados que integran la misma, el recientemente nombrado Eduardo Machín. El tribunal resolvió por unanimidad que no existen motivos para que el magistrado, “recusado tardíamente, deba apartarse para decidir el presente planteo”. También rechazó la recusación planteada contra la jueza de primera instancia Cristina O’Reilly, titular del Juzgado Comercial 26, quien como subrogante había habilitado la feria judicial de enero para llamar a una audiencia entre las partes. Los representantes legales de Clarín y La Nación interpretaron esta convocatoria como “prejuzgamiento” a favor del Estado. Para la Cámara, por el contrario, se trató “de una facultad propia del juez, quien puede, en cualquier momento, disponer la comparecencia de las partes”.

Pero más allá de impugnar los planteos, la Cámara hizo una evaluación sumamente negativa de los antecedentes de la conducta de los socios privados. Y es que, para la sala C, las reiteradas recusaciones obedecen a una estrategia judicial elaborada para obstaculizar la marcha del proceso judicial. Según los magistrados, “la manifiesta improcedencia de la recusación planteada no pudo ser desconocida” por los abogados de Clarín y La Nación.

En tal sentido, el fallo exhorta a que Clarín y La Nación eviten, en lo sucesivo, “proponer cuestiones como la que nos ocupa a fin de evitar un dispendio jurisdiccional innecesario, que tiende a desnaturalizar y retrasar indebidamente la marcha normal del proceso, ello bajo apercibimiento de aplicar las sanciones que emanen de la norma legal”.

El fallo lleva la firma de los magistrados Matilde Ballerini y Eduardo Machín. Este último fue nombrado en remplazo del juez José Luis Monti, cuando tomó estado público, en julio del año pasado, la presunta existencia de una cuenta no declarada a su nombre y de sus hijos en el ING Bank de Suiza, por un valor de U$S 1,5 millones. La denuncia contra Monti forma parte de la investigación sobre la “cueva” financiera que funcionaba en el edificio del BNP Paribas ubicado en el piso 27 de Leandro Alem 855, y que lleva adelante el juez federal Claudio Bonadío, y de la cual tomó parte la Unidad de Información Financiera. La justicia busca dilucidar si existe además, el delito de enriquecimiento ilícito.Denunciado ante el Consejo de la Magistratura, Monti había favorecido a Clarín y La Nación durante el período en que fue miembro de la sala C. En una polémica decisión, por ejemplo, había negado un recurso extraordinario presentado por la fiscal general en lo Comercial, Alejandra Gils Carbó contra la decisión del tribunal de revocar la coadministración judicial en el caso Papel Prensa. También era investigado por su actuación irregular en el acuerdo extrajudicial de Transportadora de Gas del Norte (TGN)

17/02/12 Tiempo Argentino


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EL AMIGO PERIODISTA DE VIDELA.

El entrevistador de Videla es un propagandista de la ultraderecha

Colabora con un grupo de estudios estratégicos sobre seguridad, ligado al Partido Popular. Define a Chávez como “sátrapa”, es un anticastrista recalcitrante y dice que Cristina es el “hazmerreír” del mundo con su reclamo por Malvinas.


Los medios hegemónicos de Buenos Aires parecen haber descubierto a su nuevo niño mimado. Español, nacido en Salamanca, responde al nombre de Ricardo Angoso. Es el autor de la entrevista al dictador Jorge Rafael Videla. Ayer, un día después de que el reportaje fuera reproducido en todos los medios del país, Angoso fue buscado por radios y sitios web de diarios. “Los periodistas tenemos que escuchar a todas las fuentes. Un periodista que toma partido por una posición pasa a ser un propagandista”, sentenció el español. Quería justificar su entrevista a Videla, condenado a perpetua por crímenes de lesa humanidad y procesado por el robo sistemático de bebés que llevaron adelante las Fuerzas Armadas.

En las notas que le hicieron, y también a través de su cuenta personal en Twitter, Angoso contó cómo consiguió entrevistar a Videla, que está preso en la Unidad 34 del Servicio Penitenciario, ubicada en Campo de Mayo.
“Llevaba entre siete y ocho meses detrás de Videla y por unos contactos con unos conocidos en el Ejército Argentino, una fuente militar, digamos, me facilitó el acceso a Campo de Mayo. Tardé dos meses para confirmarla”, reveló.

El periodista español, graduado en Sociología, no identificó cuáles eran esos contactos en el mundo castrense. Sin embargo, un repaso pormenorizado por su blog personal www.iniciativaradical.org como también por los sitios de Internet de la organización de derecha continental Unoamérica, lo muestran como un fogoso antichavista, anticastrista y, lo que ratifica una línea de conducta bastante coherente, como un entusiasta defensor de militares sentenciados por la justicia por delitos de lesa humanidad de América Latina.

Angoso también es colaborador habitual del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES), un centro de estudios dedicado al “análisis de la seguridad internacional y la defensa” ligado al Partido Popular español. De hecho, entre 2004 y 2010 el ex presidente José María Aznar supo escribir con bastante regularidad para el GEES. Más cerca en el tiempo, otro de los columnistas frecuentes llegó a definir a los indignados españoles de la Puerta del Sol como una expresión del “ciberbolchevismo”.

El entrevistador de Videla tiene varios libros escritos sobre la guerra en los Balcanes, fue becario del Ministerio de Relaciones Exteriores de España y ha sido observador electoral para la Organización para la Seguridad en Europa (OSCE): ese rol le permitió integrar misiones internacionales que analizan la transparencia de los comicios en el Viejo Continente.

Angoso no oculta sus simpatías con la jerarquía de la Iglesia Católica, claro que en su faceta más conservadora: en su blog se puede leer una entrevista suya al arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, quien le facilitó un título para la polémica: “Querer ser funcionario es una enfermedad social”. El arzobispo de Granada es un conocido antiabortista y ha instado a los fieles a “desobedecer las leyes” si estas se oponen a sus exigencias morales. El arzobispo, como otros jerarcas de la Iglesia española, es un promotor del culto a Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei y considerado santo por el Vaticano.

Aunque quiera despegarse de la definición de “propagandista”, Angoso no oculta sus simpatías derechistas a la hora de opinar sobre América Latina. A Fidel Castro, previsiblemente, lo llama “dinosaurio”. A Hugo Chávez le dice “sátrapa”, como aquellos gobernadores del extenso imperio persa de Darío. En el caso de la presidenta Cristina Fernández, el periodista español intenta la ironía, sobre todo al analizar su política ante el conflicto con Gran Bretaña por la soberanía de Malvinas. “Una de las virtudes de las que carece la presidenta argentina, junto con su torpe y diría que casi bisoña diplomacia, es la prudencia”, escribió en una nota. “La democracia argentina, a merced de las payasadas del matrimonio bufonesco de los Kirchner con los Chávez, Castro y el resto de la comparsa bolivariana, es el hazmerreír de medio mundo, por no decir del universo entero”, es el diagnóstico sesudo que hace sobre el reclamo de la Argentina por la militarización del Atlántico Sur y el apoyo que esa posición está consiguiendo en buena parte de América Latina.

Angoso aparece promovido como fuente de consulta en el portal de Internet de Unoamerica. Esa organización, en la Argentina, tiene entre sus portavoces al ex carapintada Jorge Mones Ruiz, quien fuera condenado por el levantamiento de Mohamed Alí Seineldín en 1990. Los contactos del entrevistador de Videla pueden adivinarse al repasar su blog: allí aparece, posteada por él mismo, una publicidad digital de las Víctimas del Terrorismo en la Argentina –la agrupación que tiene como su cara más conocida a Cecilia Pando– en la que se convocaba a movilizarse a la Plaza San Martín, el 6 de octubre de 2008, pa ra “homenajear a las víctimas de la subversión”.

Ayer, cuando lo entrevistaron desde el sitio web del diario Perfil, Angoso mostró su absoluta indiferencia con la causa de la usurpación de identidad y apropiación de niños por la dictadura. Cuando le preguntaron si había hablado con Videla de “la causa por el robo de bebés que lo llevó a la cárcel”, el español se limitó a contestar: “Los Derechos Humanos se trataron de forma genérica, no entramos en casos concretos.”

17/02/12 Tiempo Argentino

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EL MILITANTE GRONDONA.

El caso del dr. Jekyll y el sr. Hyde

A propósito del periodismo militante, siempre es interesante y necesario recordar y refrescar diferentes casos del pasado reciente.

Mariano Hamilton // Jueves 16 de febrero de 2012

Por Mosquito
Cada domingo me desayuno con un nuevo editorial del periodista Mariano Grondona en el diario La Nación. También, eventualmente, lo veo en el Canal 26, en donde baja su línea política sin medias tintas, desde un lugar muy claro: oposición a ultranza al kirchnerismo y empecinamiento para la reconstrucción de una oposición que, a opinión de Grondona, está fragmentada y hace todo al revés de lo recomendable para luchar contra un poder central despótico (casi dictatorial, según sus propias palabras) que está asolando a la Argentina desde 1983.

Esta situación me remota a mi primera juventud, allá por los 80, cuando un periodista llamado Francesco Guicciardini se convirtió casi en una obsesión. No sólo por las cosas que decía en El Cronista Comercial, sino además porque me intrigaba las razones de la elección de ese seudónimo (no tenía dudas que lo era).

Hay muchas referencias en diferente enciclopedias sobre quién era Francesco Guicciardini. En la enciclopedia Espasa Calpe se dice que fue un historiador y político italiano nacido en Florencia en 1483 y muerto en la misma ciudad en 1540. Que fue contemporáneo de Maquiavelo, quien incluso eventualmente lo fichó como analista y consejero. También llegó a ser asesor de Alejandro de Medici. Uno de los aportes más notables de Guicciardini entre sus diferentes escritos es que la razón del Estado implica el uso de la fuerza para garantizar el orden de la sociedad.

Mucho más a fondo va el historiador catalán Josep Fontana, quien en su libro Historia, análisis del pasado y del proyecto social, cuenta que Francesco Guicciardini era el adversario político e ideológico de Nicolás Maquiavelo cuando los Médicis lograron controlar el gobierno de Florencia. Maquiavelo tuvo a Guicciardini como colaborador y amigo, pero con el tiempo se distanciaron. Discrepaban en sus concepciones políticas. Maquiavelo era un republicano, y Guicciardini, partidario de una libertad moderada, de una apariencia de democracia pero con control oligárquico. Guicciardini le tenía miedo al pueblo, tanto que escribió: “quien dice un pueblo dice verdaderamente un animal loco, lleno de mil errores, de mil confusiones (….), sin estabilidad”.

Maquiavelo fue denostado por los Médicis por su apoyo a la República y su oposición a la aristocracia, fue exiliado y pasó a la historia como la adjetivación de las roscas y las malas artes en la política, en un ejemplo de lo que puede hacer con un individuo y su obra la mala prensa (en este caso, los malos historiadores). Guicciardini, en cambio, fue elogiado desmesuradamente por los académicos, pese a no haber realizado ningún aporte valioso a la teoría de la historia.

¿Qué decía nuestro Francesco Guicciardini, el contemporáneo, en El Cronista Comercial? Sería muy largo extractar todas sus columnas. Pero sí nos vamos a referir al tema Malvinas, tan conversado por estas fechas.

Decía Guicciardini:
“El 10 de abril, en cambio, ‘todo’ del pueblo estuvo representado en la Plaza ‘pese’ a que buena parte de él no se sentía representada políticamente por el gobierno militar que presidió el evento desde el balcón de la Casa Rosada. He aquí una jornada particular, entonces. Lo que vivimos el 10 de abril no fue acto partidista sino un acto nacional. La diferencia es decisiva. Para encontrar un acto similar hay que volver los ojos al Mundial, en 1978. También entonces se vivió a la Argentina sin distinciones. Pero 1978 fue el ensayo general de 1982, pues el deporte es juego y hace como si la lucha fuera de verdad. Sabíamos que la lucha de verdad es el 10 de abril.” (El Cronista Comercial, 14 de abril de 1982).

“En medio del fragor del combate, cuando nuestras energías se concentran en el despliegue de firmeza y valor de los soldados argentinos después de más de un siglo de paz, debe quedar un poco de tiempo para pensar más allá, en dirección a los grandes cambios de perspectiva que genera esta guerra no declarada, pero real, con el Reino Unido.” (5 de mayo de 1982).

“La Argentina luchó desde el principio con el vigor de una Nación que aspira a su propio territorio. Nuestra motivación es integrar el territorio contra la presión extranjera. No hay mayor motivación que esta en la historia, ya sea Vietnam, en la Rusia que se defendía contra Napoleón o contra Hitler o en la Finlandia que se defendía contra los rusos. Por es los defensores de la propia tierra tienden a ganar aún en condiciones de inferioridad militar. Las motivaciones inglesas parecían, desde el comienzo, superficiales. Una, el orgullo herido, esa arrogancia que no se apaga pese a que el Imperio ya no está. Pero el orgullo herido a 9.000 millas de distancia no es un motor suficiente para una tropa enganchada, a sueldo, que se enroló para combatir al desocupación.” (12 de mayo de 1982).

“Ni Londres ni Buenos Aires han llegado todavía al límite de privar al otro de lo que tampoco se obtiene; por eso, mientras tanto, un proceso paralelo, sigue su ritmo de presiones. Nos referimos al proceso militar. Es posible que algunos de los gobiernos llegue a aceptar la hipótesis diplomática mínima de Pérez del Cuellar (el empate, ni mías ni tuyas) si, en lo militar, temiera secretamente una derrota importante. Pero ambos países, por ahora, creen en la posibilidad de buenos resultados militares. ¿Por qué habrían de ceder? Los ingleses confían en el bloqueo y en forzar una invasión que les deje al menos una porción insultar. Los argentinos confiamos en la fortaleza que hemos levantado en las Malvinas…” (19 de mayo de 1982).

“Lo aconsejable habría sido enfrentar la caída de Puerto Argentino con ánimo sereno, en unidad -sin cargar culpas que ya habría tiempo de asignar-, en busca de una recomposición y una minimización de las pérdidas, para no dar al enemigo, además, la sensación de una victoria total. Éste ha de pensar, en cambio, después de la crisis que ha suscitado la derrota, que no sólo ha vencido a la guarnición de Puerto Argentino. Que ha vencido a la Argentina como tal. No creemos que esto sea verdad. Pero es verdad, en cambio, que nuestro comportamiento colectivo ha dado margen para que así se crea.” (23 de junio de 1982).

“El nuevo presidente, general Bignone, produjo excelente impresión entre dirigentes a través de su primer contacto. La opinión unánime fue que Bignone había empleado ante los políticos un lenguaje desacostumbrado desde el pronunciamiento militar de 1976. Un lenguaje ‘humilde’ (…)
Se dirá: ¿en qué podría consistir ahora la ‘humildad’ de los políticos? En acordar con los militares las bases y puntos de partida de la institucionalización. En no dejarlos afuera. En lograr, a través de su comportamiento, que podamos tener la sensación de que el naciente sistema democrático habrá de ser, a la vez, un sistema de concordia cívico-militar. Un sistema englobante, de modo tal que, sea quien fuere el vencedor en los comicios del futuro, no quede solo al día siguiente frente a la sospecha y la impugnación de sus vencidos; que quede en todo caso al lado del control, la vigilancia y la crítica razonable, interior al sistema, de sus asociados civiles y militares. Si nadie queda afuera del nuevo sistema, nadie tendrá títulos, el día de mañana, para interrumpir su evolución.” (30 de junio).

Como muestra hace falta un botón. Está más o menos claro el espíritu colaboracionista de Francesco Guicciardini durante la guerra y las piruetas que hacía para salvar a sus amigos militares de la democracia que se venía al galope. Hay otras perlas, claro, que preferimos guardar para otro momento.

Se habla mucho del periodismo K, de las nuevas camadas que llegan. Incluso Luis Majul, en La Nación de 16 de febrero de 2012, defendió el tipo de periodismo de denuncias que él representa junto a otros personajes como Jorge Lanata.

Es discutible, claro. A algunos les gusta denunciar casos aislados de corrupción y los extienden a una administración, otros apuntan a cuestiones más estructurales y otros se alinean con mayor o menor distancia con el oficialismo. Son formas de entender el momento histórico que estamos atravesando. Y todos son respetables. Más aún después de ver como se manejaban las cosas o las columnas que se escribían durante la dictadura.

Aquel periodismo es el inadmisible. El que ocultaba crímenes de lesa humanidad, el que respaldaba acciones bélicas sin sentido o el que amenazaba a una democracia naciente para que pactara con los militares asesinos. No hay que olvidarse de Francesco Guicciardini.

Como tampoco hay que dejar de decir que era el seudónimo con el que escribía sus columnas el doctor Mariano Grondona.

http://www.diarioregistrado.com/politica/57857-el-caso-del-dr-jekyll-y-el-sr-hyde.html

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NO ROMERO LAS MALVINAS SON NUESTRAS.

El historiador en cuestión es hijo de José Luis Romero, otro historiador de renombre al servicio de la historia oficial, ya que en el año 1955 fue designado por la autdenominada Revolución Libertadora interventor de la Universidad de Buenos Aires.
Su padre era un ferviente militante del antiperonismo.

Luis Alberto continuó en esta línea pero es cierto que es un académico de fuste en relación a la Historia Argentina; claro que, al servicio de la Historia de Mitre, oficial y elitista.
Pro-oligárquica y pro-británica.
Lo cual no ofrece inconvenientes ya que la pasión y la ideología también son parte del hacer Historia, y así lo demuestra este historiador cuando desde sus cátedras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA "baja línea" a los jóvenes estudiantes en concordancia con sus ideas alejadas de lo nacional y popular.

En la nota publicada en este blog copiada textualmente del diario La Nación aparecen definiciones sobre el tema Malvinas, propias de quien está en las antípodas del pensamiento nacional.
Esboza conceptos como "preocupante" en relación a la acción del gobierno, "estamos a punto de repetir conductas" preconiza aludiendo a un peligro inminente de militarización galteriana.

"Debemos escuchar las premisas británicas, las nuestras no son del todo seguras", ratifica, "las ideas acerca de la pertenencia de las islas a nuestro territorio no son compartidas por muchos"
( no aclara aquí qué, quienes, cuantos muchos son , serán)y por supuesto los habitantes, para él, como nunca hubo una población argentina, deben decidir qué quieren o consideran mejor para ellos.

Coincidimos en que la India o Indochina son casos diferentes de colonización, y el nuestro Malvinas incluídas,desde 1806, también fue un caso particular de agresión imperial, hasta la llegada del peronismo que logró poner en caja a los ingleses, hasta que, en 1955, retornó la dominación semi-colonial de la mano de los EE.UU..

Defiende finalmente la postura a futuro de los kelpers y atemorizado él, recomienda no caer "en nacionalismos de infaustas consecuencias",
o "nacionalismo enfermizo".

No, creo que no, nuestro nacionalismo no es patriotero u oportunista , abreva en la Historia de las luchas populares, que reiteradamente en este espacio tratamos de reproducir.

Será por eso, que en sus textos de Historia Argentina Contemporánea, solo le dedica dos renglones al bombardeo a la Plaza de Mayo en el año 1955, que su padre apoyara.

Expiar, instrospección, son dos conceptos que utiliza pontificando antes de hablar sobre la necesidad de reivindicar Las MALVINAS.
Expiar, Introspección, también, y para escuchar no solo a los falklanders; a la vos de un Pueblo décadas silenciado en los libros de Historia escritos por muchos como ud.

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LAS MALVINAS NO PERTENECEN A NADIE?

Malvinas Martes 14 de febrero de 2012 | Publicado en edición impresa.Dos miradas sobre un conflicto que sigue perturbando a los argentinos

¿Son realmente nuestras las Malvinas?

Por Luis Alberto Romero | Para LA NACION

Ver comentarios .El Gobierno acaba de convocar a la unidad nacional por las Malvinas. Afortunadamente, en tren de paz. Pero es imposible no recordar la convocatoria, treinta años atrás, a una "unión sagrada" similar, que no apela al debate y los acuerdos sino al liderazgo autoritario y a la comunidad de sentimientos. Otra vez, los argentinos se ven en la disyuntiva de aceptarla o ser acusados de falta de patriotismo.

En este revival hay algo profundamente preocupante. El 15 de junio de 1982 -en rigor, la fecha más adecuada para conmemorar estos desdichados sucesos- hubo un amplio consenso para repudiar a los militares. La derrota abrió las puertas a la recuperación democrática, y nadie quiso indagar mucho sobre los términos del consenso. Creo que todos decidimos postergar la cuestión, pero como ocurre en estos casos, hay un momento en que hay que saldar las cuentas. En 1982 hubo quienes reprocharon a los militares el haber ido a la guerra. Pero la mayoría solo les reprochó el haberla perdido. La mayoría aclamante reunida el 2 de abril probablemente habría estado muy satisfecha con un triunfo, cuyas consecuencias no es necesario explicitar. Creo que el ánimo mayoritario no ha cambiado.

La convicción de que la Argentina tiene derechos incuestionables sobre esa tierra irredenta está sólidamente arraigada en el sentido común y en los sentimientos. No es fácil animarse a cuestionarlos públicamente. Malvinas es una de las claves del nacionalismo, una tradición política y cultural que a lo largo del siglo XX fue amalgamando diversas corrientes. Hubo un nacionalismo racial: hasta hace poco en los libros de geografía se decía que la población argentina era predominantemente blanca. También hubo un nacionalismo religioso: la Iglesia sostuvo que la Argentina era una "nación católica", y colocó al resto en un limbo de metecos. Hay un nacionalismo cultural, eterno buscador de un "ser nacional" que exprese nuestra "identidad". Y hay un nacionalismo político: el yrigoyenismo en su momento, y el peronismo luego, se presentaron como la expresión de la nación.

Todas esas versiones, que buscan la unanimidad nacional, están llenas de contradicciones y aporías: en el país hay demasiados morenos, judíos, borgeanos o no peronistas, que desmienten la unanimidad. Lo que las conjuga en un territorio que es el sostén último de la argentinidad. Se supone que las bases de una nación deben estar más allá de las contingencias de la historia. Por eso, nuestro territorio fue siempre argentino, quizá desde la Creación, y todo quien lo habitó fue argentino. Incluso los aborígenes, que desde hace diez mil años ya se ubicaban a un lado u otro de las fronteras.

Base de nuestra nacionalidad, el territorio es intangible, y la amenaza sobre su porción más pequeña conmueve toda la certeza. Allí reside el callejón sin salida de Malvinas. Pocos argentinos las conocen. Pocos podrían decir que les afecta en su vida personal. Pero la "hermanita perdida" está enclavada en el centro mismo del complejo nacionalista. La argentinidad de las Malvinas, menos alegada en el siglo XIX, ha sido afirmada en el siglo XX en todos los ámbitos, comenzando por la escuela. Las islas irredentas están incluidas en todas las versiones del nacionalismo. Cualquier acción destinada a establecer el dominio argentino será celebrada o al menos aprobada. Muchos critican algunas consecuencias de esa idea, particularmente el militarismo. Pero no basta. Es necesario revisar las premisas, si no queremos repetir las conductas, como parece que estamos a punto de hacerlo.

Es cierto que la Argentina tiene sobre Malvinas derechos legítimos para esgrimirlos en una mesa de negociaciones con Gran Bretaña. Pero no son derechos absolutos e incuestionables. Se basan en premisas no compartidas por todos. Del otro lado argumentan a partir de otras premisas. Si creemos en el valor de la discusión, debemos escucharlas. El argumento territorial que esgrimimos se basa en razones geográficas e históricas. Las primeras se expresan en un mapa de la Argentina; lo hemos dibujado tantas veces en la escuela que terminamos por creer que era la realidad. Muy pronto nos llevaremos una sorpresa, cuando descubramos que son muchos los aspirantes a la soberanía sobre nuestro Sector Antártico. En cuanto a Malvinas, debemos enterarnos de que nuestras ideas sobre la Plataforma Submarina y el Mar Epicontinental, que tan convenientemente se extienden hasta incluirlas, no son compartidas por muchos.

En cuanto a la historia, los derechos sobre Malvinas se afirman en su pertenencia al imperio español. Pero hasta el siglo XIX los territorios no tenían nacionalidad; pertenecían a los reyes y las dinastías y en cada tratado de paz se intercambiaban como figuritas. Antes de 1810, Malvinas cambió varias veces de manos, como Colonia del Sacramento -finalmente uruguaya- o las Misiones, que en buena parte quedaron en Brasil. Sobre esta base colonial se puede construir un buen argumento, pero no un derecho absoluto e inalienable.

Luego de 1810, lo que sería el Estado argentino prestó una distraída atención a esas islas, que los ingleses ocuparon por la fuerza en 1833. De esa ocupación quedó una población, un pueblo, que la habita de manera continua desde entonces: los isleños o falklanders , incluidos en la comunidad británica. En ese sentido, Malvinas no constituye un caso colonial clásico, del estilo de India, Indochina o Argelia, donde la reivindicación colonial vino de la mano de la autodeterminación de los pueblos. En Malvinas nunca hubo una población argentina, vencida y sometida. Quienes viven en ella, los falklanders , no quieren ser liberados por la Argentina.

Me resulta difícil pensar en una solución para Malvinas que no se base en la voluntad de sus habitantes, que viven allí desde hace casi dos siglos. Es imposible no tenerlos en cuenta, como lo hace el gobierno argentino. Supongamos que hubiéramos ganado la guerra, ¿que habríamos hecho con los isleños? Quizá los habríamos deportado. O encerrado en un campo de concentración. Quizá habríamos pensado en alguna solución definitiva. Plantear esas ideas extremas -creemos que lejanas de cualquier intención- permite mostrar con claridad los términos del problema.

Podemos obligar a Gran Bretaña a negociar. Y hasta convencerlos. Pero no habrá solución argentina a la cuestión de Malvinas hasta que sus habitantes quieran ser argentinos e ingresen voluntariamente como ciudadanos a su nuevo Estado. Y debemos admitir la posibilidad de que no quieran hacerlo. Porque el Estado que existe en nuestra Constitución remite a un contrato, libremente aceptado, y no a una imposición de la geografía o de la historia.

En tiempos prehistóricos -se cuenta- los hombres elegían su pareja, le daban un garrotazo y la llevaban a su casa. En etapas posteriores los matrimonios se concertaban entre familias o Estados. Hoy lo normal es una aceptación mutua, y eventualmente el cortejo por una de las partes. Hasta ahora intentamos el matrimonio concertado, y probamos con el garrotazo. No hemos logrado nada, salvo alimentar un nacionalismo paranoico de infaustas consecuencias en nuestra propia convivencia. Queda la alternativa de cortejar a los falklanders . Demostrarles las ventajas de integrar el territorio argentino. Estimularlos a que lo conozcan. Facilitarles nuestros hospitales y universidades. Seguramente a Gran Bretaña le será cada vez más difícil competir en esos terrenos. Durante varias décadas, la diplomacia argentina avanzó por esos caminos. Había aviones, médicos y maestros argentinos al servicio de los isleños. Probablemente hubo avances, en un cortejo necesariamente largo. Pero en 1982 recurrimos al garrotazo. Destruimos lo hecho en muchos años. Creamos odio y temor, perfectamente justificados. Perdimos las Malvinas. Y, además, perdimos a muchos argentinos.

Hoy debemos resignarnos a esperar que las heridas de los falklanders se cierren. Pero también necesitamos un trabajo de introspección, para expurgar nuestro imaginario del nacionalismo enfermizo y construir un patriotismo compatible con la democracia institucional. Si no lo hacemos, siempre estaremos listos para el llamado a una "unión sagrada".


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miércoles, 15 de febrero de 2012

EL VUELO DE LOS CONDORES POR ROBERTO BARDINI PARTE I



El vuelo de los cóndores

Por Roberto Bardini

...esas olvidadas islitas del sur,
en una fría mañana del Onganiato,
se incendiaron al paso de aquellos nacionales.
[Jorge Falcone, Un dardo clavado en el sur]


Un día de primavera, 38 años atrás, dieciocho muchachos peronistas desviaron un avión de pasajeros en pleno vuelo, aterrizaron en las Islas Malvinas e hicieron flamear banderas argentinas en el lejano territorio usurpado. Fue uno de los primeros secuestros aéreos del siglo XX. La excluyente y selectiva historia oficial argentina -liberal antes, neoliberal hoy, conservadora siempre- continúa ignorando esa pequeña gran gesta patriótica.

El 28 de septiembre de 1966 cayó miércoles. En Buenos Aires fue un día soleado. Hacía tres meses que el general Juan Carlos Onganía, alias La Morsa, estaba el poder en nombre de una autodenominada revolución argentina. Noventa días antes, un pelotón de la Guardia de Infantería de la Policía Federal había desalojado de la Casa Rosada al presidente Arturo Umberto Illia, de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), quien había llegado al gobierno con poco más del 20 por ciento de los votos y con el peronismo proscrito.

Illia era un apacible médico originario de Cruz del Eje (Córdoba), con hábitos provincianos. Acostumbraba a dormir la siesta después de comer y cruzaba a la Plaza de Mayo sin custodia para darle de comer a las palomas o sentarse en un banco a leer el diario. La gran prensa de la época -tan antipopular como la de ahora- lo ridiculizaba constantemente. La revista Tía Vicenta, dirigida por el dibujante Juan Carlos Colombres (Landrú) lo caricaturizaba como La tortuga.

Un príncipe en la corte del general de ganadería

Onganía, a quien sus compañeros de promocióny apodaban El Caño -recto y duro por fuera, hueco por dentro- no dormía siesta y detestaba a las palomas. Era un mediocre führer autóctono que aspiraba a un( módico Reich de alrededor de 20 años, tiempo suficiente para acabar con el incorregible peronismo. Con esa brillantez teórica propia de algunos oficiales de caballería -a quienes, según el periodista Rogelio García Lupo, se debería denominar generales de ganadería- el militar había proclamado sin ruborizarse que la Revolución Argentina tiene objetivos pero no tiene plazos. Dos periodistas habían aportado su intelecto para desplazar a Illia e instaurar a Onganía: Jacobo Timmerman, desde la revista Confirmado, y Mariano Grondona, en Primera Plana. El primero hoy está considerado casi como un héroe del cuarto poder; el segundo, es un lamentable neodemócrata que da lástima por televisión.


Familia Cabo: De izquierda a derecha: Dardo, Armando y Susy (padres), en el centro Vicky

Como ocurre casi siempre que los hombres de uniforme suplantan a los ciudadanos de civil, se anunció que un Estatuto de la Revolución Argentina -aprobado por los tres comandantes en jefe del ejército, la marina y la fuerza aérea- reemplazaría a la Constitución Nacional. Para servir mejor a la patria, se prohibieron los partidos políticos y la actividad sindical, se impuso una estricta censura de prensa y se persiguió a estudiantes, intelectuales y artistas.

El 29 de julio de 1966, Onganía decretó la intervención de las universidades nacionales. El jefe de la Policía Federal, general Mario Fonseca, ordenó a la Guardia de Infantería expulsar violentamente de los recintos universitarios a estudiantes y profesores. Sáquenlos a tiros si es necesario, exhortó a sus huestes. La destrucción alcanzó a los laboratorios y bibliotecas de las casas de estudio y la adquisición más reciente y novedosa para la época: una computadora. Ese recio aporte castrense a la cultura se conoce hasta hoy como La noche de los bastones largos. Muchos profesores e investigadores partieron al exilio y fueron contratados por universidades de América Latina, Estados Unidos, Canadá y Europa.

Esa mañana del 28 de septiembre de 1966 una de las mayores preocupaciones del general Juan Carlos Onganía era la preparación del partido de polo que jugaría con Felipe de Edimburgo, el príncipe consorte inglés, quien se hallaba de visita en Buenos Aires.

Los kelpers

Ese mismo miércoles amaneció nublado en Puerto Stanley, capital de las Islas Malvinas. El día anterior había llovido. En esa época habitaban las islas poco más de mil personas, a los que ya se denominaba kelpers. Kelp es un alga marrón que se reproduce las frías aguas del Atlántico sur. Kelper quiere decir recolector de algas. La mayoría de ellos vivía en Puerto Stanley y un centenar en Puerto Darwin. El resto estaba distribuido en el campo, en grupos de 20 o 30 personas. Trabajaban en los settlements, establecimientos rurales dedicados a la cría de ovejas. Un explorador inglés visitó las Malvinas en 1914 y describió a Puerto Stanley como -una calle que costea la bahía, con un matadero a un extremo y un cementerio al otro.

El poblado conoció el pavimento recién en 1920. El archipiélago tiene una superficie de alrededor de 12 mil kilómetros cuadrados, lo que equivale a la mitad de la provincia de Tucumán. El conjunto de las islas es más grandes que Hawai, Puerto Rico y Jamaica.

Ese día de septiembre, hace 38 años, había 554 mujeres y 520 hombres en el archipiélago. Asistían a la escuela 321 alumnos (146 varones y 175 chicas) y desconocían el origen de los actuales pobladores de la isla. Los malvinenses carecían de enseñanza superior y dependían de becas para enviar a los muchachos a estudiar a Gran Bretaña. Accedían a estas becas los ocho mejores promedios.


El grupo de los cóndores en Malvinas. Fotografía Revista Extra, octubre 1966

La avenida costanera de Puerto Stanley, llamada Road Ross, tenía aproximadamente 12 cuadras. Iba desde el muelle -que era, por supuesto, de La Compañía- hasta el Battle Memorial. Este monumento se levantó en homenaje a un combate naval durante la Primera Guerra Mundial (1914-18) entre alemanes y británicos en las inmediaciones de las islas.

Una pequeña emisora de radio, instalada en 1942, transmitía entre cinco y siete horas diarias, y divulgaba programas de la BBC de Londres. También existían muchos radioaficionados que se comunicaban con los settlements, otras islas y el exterior. Cumplían una labor importante durante las emergencias.

Tedio, alcohol y sexo

Entonces, como hoy, anochecía temprano, y los malvinenses tenían dos opciones: ir a dormir a la casa o a beber a los pubs. Había cinco cantinas: Rose, Globe, Pictroly, Ship y la de los militares. En todas se escuchaba música y se organizaban torneos de dardos. En alguna, se aceptaba la presencia femenina.

Los puritanos del lugar aseguraban que esa apertura convertía a Puerto Stanley en la capital de la infidelidad. No andaban muy errados. Los habitantes se entretenían practicando equitación, tiro al blanco, pesca deportiva y rugby. Pero había otra forma de esparcimiento que no figuraba en las estadísticas oficiales: las relaciones extramatrimoniales. Las Malvinas poseían el más alto índice de divorcios en el mundo.

Las islas también tenían el récord mundial de consumo de alcohol per capita. En 1963 se habían vendido 80 mil litros de whisky, gin y cerveza. El horario de los pubs se cumplía rigurosamente, al estilo británico: de 8 a 12 y de 17 a 22. A las 10 de la noche, la radio transmitía el Himno Real y cesaban las actividades. Los domingos, las cantinas sólo abrían una hora, después del oficio religioso.

El Darwin era el único barco que una vez al mes vinculaba al archipiélago con el continente, desde Montevideo. Tras cinco días de navegación, el buque descargaba ropa, víveres, combustible, vehículos, materiales de construcción, muebles y artefactos electrodomésticos. El local comercial que ostentaba mayor surtido de mercaderías pertenecía, por supuesto, a la Falkland Islands Company. El Darwin también traía correspondencia, algunas revistas de Buenos Aires y el Times, de Londres. Desde Argentina -el tercer importador de productos- llegaban alimentos, especialmente manzanas. Hacia Gran Bretaña salía medio millón de kilos en lanas y cueros.

Un jefe de policía, un inspector, un sargento y cuatro aburridos agentes mantenían la ley y el orden. La delincuencia casi no existía y los uniformados actuaban generalmente en riñas de ebrios. Ni siquiera se generaban problemas de tránsito: había 77 camiones, 159 automóviles, 239 jeeps Land Rover y ocho motonetas, pero la mayoría de los vehículos estaba en el campo.

No había ministerio de Trabajo y existía un solo sindicato: el Falkland Islands General Employee Union. Richard Goss era el secretario general. Goss también ostentaba el grado de capitán de la Fuerza de Defensores Voluntarios, una milicia de reservistas. Seis ex comandos ingleses que participaron de la Segunda Guerra Mundial entrenaban una o dos veces por año a los voluntarios. En el arsenal local, cada uno de los habitantes que integraba la milicia poseía su fusil, la provisión de municiones y el equipo militar; algunos, incluso, guardaban el arma en la propia casa.

Veinte soldados constituían la fuerza militar del Reino Unido. Se cree que muchos de ellos eran mercenarios belgas que combatieron el ex Congo en los primeros años de la década del 60.

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LOS CONDORES


Con pensión y acceso a obra social

Por Diego Martínez

El 28 de septiembre de 1966, durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, un comando de estudiantes, obreros y sindicalistas peronistas desvió un avión hacia las islas Malvinas, donde hizo flamear banderas argentinas. La CGT los calificó de héroes; el dictador, de facciosos. En la década siguiente, los miembros del Operativo Cóndor tomaron caminos distintos: unos fueron víctimas de la dictadura, otros como Alejandro Giovenco se integraron a la ultraderecha. A 44 años de aquella reivindicación de la soberanía y a casi tres años desde que la Legislatura bonaerense aprobó una ley para otorgarles una pensión y acceso a una obra social, el gobernador Daniel Scioli firmó el decreto que concretará el beneficio.

El núcleo duro pertenecía al Movimiento Nueva Argentina, que se había desprendido de Tacuara en 1961. El jefe era Dardo Cabo, hijo de un legendario dirigente gremial. Cabo militó luego en Montoneros. Fue arrancado de la U9 de La Plata y ejecutado en 1977. El segundo era Giovenco, que después se integró a la CNU, participó como custodio de la UOM en la masacre de Ezeiza y murió desangrado por la explosión de una bomba que llevaba en su portafolios. La tercera, única mujer, fue Cristina Verrier, periodista y dramaturga que en la cárcel se casó con Cabo.

Según una investigación de Roberto Bardini, el Cóndor fue planificado durante tres años. A las seis del 28 de septiembre, Cabo y Giovenco le ordenaron al comandante del vuelo con destino a Río Gallegos desviar el Douglas DC-4 hacia Malvinas. Un radioaficionado registró el aterrizaje a las 8.42. Habían pasado 133 años desde la última presencia oficial argentina en las islas. El objetivo de tomar la residencia del gobernador y difundir una proclama no fue posible. El avión se enterró en la pista y fue rodeado por un centenar de isleños armados. El sacerdote Rodolfo Roel intercedió y a pedido de Cabo dio misa en el avión. A la mañana se formaron frente a un mástil con la bandera argentina, entonaron el Himno y entregaron las armas al comandante, única autoridad que reconocieron. Un buque los trajo de retorno. “Fui a Malvinas a reafirmar nuestra soberanía”, repitieron ante el juez. Quince fueron liberados nueve meses después. Cabo, Giovenco y Juan Carlos Rodríguez estuvieron tres años presos.

No sólo Cabo y Giovenco tuvieron un final violento. Miguel Angel Castrofini fue ultimado por un comando del ERP-22 de Agosto. Rodríguez y Jorge Money fueron asesinados por la Triple A. Pedro Cursi y Edgardo Jesús Salcedo están desaparecidos. Andrés Castillo estuvo secuestrado en la ESMA y desde que volvió del exilio milita en el gremio bancario. La ley provincial 13.808 de noviembre de 2006 los calificó como “ejemplo de entrega, compromiso y patriotismo para las nuevas generaciones, siempre ansiosas y necesitadas de encontrar referentes de desinteresado amor a la Patria”.

Página|12, 22/07/09


Antecedentes de la disputa de soberanía

Integrantes del Comando Cóndor (28/09/66):

Dardo Manuel Cabo, 25 años, periodista y metalúrgico; Alejandro Armando Giovenco, 21, estudiante; Juan Carlos Rodríguez, 31, empleado; Pedro Tursi, 29, empleado; Aldo Omar Ramírez, 18, estudiante; Edgardo Jesús Salcedo, 24, estudiante; Ramón Adolfo Sánchez; María Cristina Verrier, 27, periodista y autora teatral; Edelmiro Ramón Navarro, 27, empleado; Andrés Ramón Castillo, 23, empleado; Juan Carlos Bovo, 21, obrero metalúrgico; Víctor Chazarreta, 32, metalúrgico; Pedro Bernardini, 28, metalúrgico; Fernando José Aguirre, 20, empleado; Fernando Lizardo, 20, empleado; Luis Francisco Caprara, 20, estudiante de ingeniería; Ricardo Alfredo Ahe, 20 estudiante y empleado y Norberto Eduardo Karasiewicz, 20, obrero metalúrgico.

Fotografía: Dardo Cabo y María Cristina Verrier
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Antecedente : El vuelo de Miguel Fitzgerald en 1964


Miguel Fitzgerald fue el primer argentino en volar a las islas y plantar la bandera nacional. Lo hizo en 1964, piloteando un Cessna, el día de su cumpleaños. Dejó una proclama y regresó.

Miguel Fitzgerald había hecho dos años antes otra hazaña, un vuelo a Nueva York sin escalas.

Por Sandra Russo, septiembre 2006


En la casa de Miguel Fitzgerald hay mucho movimiento, porque le festejan sus 80 años. Y él, hijo de padre y de madre irlandeses, acomoda su cuerpo alto y flaco en un sillón del living para relatar la hazaña de su vida. Es su propio festejo. Quizá Miguel no lo sabe. Al menos por la forma en que lo cuenta, pareciera que aterrizar en las islas Malvinas en l964, difundir una proclama y plantar una bandera argentina en ese suelo fue una ocurrencia que tuvo. Va desgranando paso a paso esa historia tan familiarizada con él, que una primera impresión puede hacerle a uno pensar que Miguel no le da demasiada importancia, que hizo algo que creía que debía hacerse, y ya. Pero Miguel llevó a cabo, hace 42 años, un sueño que tuvo, y su Cessna quedó estampado en ese año que lo tuvo por protagonista.

Ser piloto civil, dice, es una vocación. "Ya a los seis años tenía esa chifladura", sintetiza. A los 16 voló planeadores y a los 20 aviones con motor. Trabajó en Aerolíneas, hizo fotografía aérea, taxi aéreo, remolque de carteles. El aclara: "Menos fumigación y contrabando, hice de todo".


Emisión del programa radial Atrapados en libertad por AM 530, La Voz de las Madres
Ese año, 1964, Malvinas estaba en la agenda de la ONU. No por iniciativa del gobierno argentino, sino por decisión de la Asamblea, se iba a tratar el tema de las colonias en América. Y en los hangares del país, en las charlas entre pilotos, aparecía y reaparecía un sueño: mandarse, plantar bandera.

Miguel decidió que lo haría. Un amigo suyo trabajaba en La Razón y averiguó si al diario le interesaba la cobertura. A Miguel a su vez le interesaba la difusión, porque podía ser sancionado por la Fuerza Aérea con una suspensión severa. El viejo Félix Laiño (editor del diario de los Peralta Ramos) no se interesó para nada. Pero acababa de salir otro diario, Crónica, y a su joven director se le subió ese viaje a la cabeza. "Me ofreció el avión, la nafta, los gastos, si viajaba conmigo un fotógrafo del diario. Pero ese viaje era mío. Yo solamente quería que me hicieran una nota cuando volviera, para cubrirme."

El Cessna se lo prestó finalmente Siro Comi, el presidente del Aeroclub de Monte Grande, que era representante de esa marca de aviones. Fue redactada la proclama que reivindicaba a las islas como argentinas, y Miguel partió rumbo a Río Gallegos, hacia su hazaña personal. Era el 8 de septiembre de 1964 y ese mismo día él cumplía 38 años.

Quince minutos

"Cuando uno está volando y está haciendo algo arriesgado, no piensa en nada más que en eso. Está concentrado en lo que está haciendo. Yo soy así, muy cerebral", dice Miguel, como si haber hecho lo que él hizo no exigiera al menos un impulso fenomenal. En Río Gallegos, su pista de despegue fue la del Aeroclub, que no tenía torre de control monitoreada por la Fuerza Aérea. Y se mandó. Y cuando lo cuenta vuelve atrás.



(Proclama que Fitzgerald entregó en mano a un poblador de Malvinas)

"Yo salgo de Gallegos, vuelo mar adentro, a las tres horas y quince minutos veo el archipiélago. Desde arriba se ve un rectángulo como de cien islas e islotes. Voy diciendo ‘operación normal’, y en Gallegos hay gente que entiende lo que digo. Cuando sobrevuelo el archipiélago, una capa muy densa de nubes me impide ver. No puedo zambullirme entre las nubes, porque en alguna parte de ese rectángulo hay un cerro de seiscientos metros de altura. Espero un claro. Lo veo. Y me lanzó hacia debajo de la capa de nubes, identifico Puerto Stanley, busco la pista de cuadreras, y aterrizo. Me bajo del avión, saco la bandera y la cuelgo del enrejado de la cancha. Viene un hombre de los que se habían juntado a ver el aterrizaje. Me pregunta si necesito combustible. No se le ocurre que soy argentino. Le doy la proclama y le digo: ‘Tome, entréguele esto a su gobernador’. Me subo al avión y vuelvo a Gallegos. Habré estado en Malvinas unos quince minutos."
Cuando llegó a Río Gallegos, Héctor Ricardo García, el director de Crónica, empezó a jugar su papel. Crónica tenía la primicia. El título en letra catástrofe fue: "Malvinas: hoy fueron ocupadas". Ese día, 8 de septiembre de l964, no se habló de otra cosa. La Razón registró uno de los días de más bajas ventas de su historia. Su competidor llamó la atención e inauguró un estilo periodístico. Cuenta la leyenda que hasta ese día los diarios no aceptaban devoluciones, pero los canillitas presionaron tanto a La Razón para devolverle sus ejemplares que ese antecedente después modificó el negocio y la relación entre los dueños de los diarios y los repartidores.

Al volver a Buenos Aires, en Aeroparque, los muchachos de Tacuara esperaban a Miguel. Lo subieron a un jeep y lo llevaron a dar vueltas por la ciudad, como a un héroe. Ese recibimiento y el festejo popular impidieron a la Fuerza Aérea suspender la matrícula de piloto de Miguel: fue solamente apercibido.

Miguel busca la tapa de Crónica, y no la encuentra. No es de extrañar en un hombre que hizo lo que hizo y ni por un momento se lamentó de no tener una foto que hubiese registrado la hazaña. Miguel es un piloto solitario que ya dos años antes había hecho el primer vuelo sin escalas desde Nueva York a Buenos Aires. Ayer, cumplió ochenta años, y parecía satisfecho de la vida que ha vivido.

Fuente: Página/12, 09/09/06

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viernes, 10 de febrero de 2012

LA OEA SI CLARIN NO


Insulza: “La presidenta argentina cuenta con todo el respaldo de la región”
El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) aseguró hoy que el planteo pacífico de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner “cuenta con el respaldo de toda nuestra región” en la denuncia de la militarización del Atlántico Sur.


José Miguel Insulza destacó que al “reivindicar el derecho que asiste” a la Argentina sobre las Malvinas, la mandataria “ha recurrido al único instrumento válido para quienes creen en la paz y en la democracia: el diálogo pacífico, y en esa perspectiva, ella cuenta con el respaldo de toda nuestra región”.

Asimismo, el máximo titular del organismo hemisférico, sostuvo que “la decisión de repudiar la “militarización del Atlántico Sur” expresada por la presidenta Fernández, quien también aseguró que preservará una región donde la paz impera, donde hemos tenido conflictos que hemos resuelto sin armas, entre los propios sudamericanos”, según informó la OEA a través de un comunicado.

En ese sentido, Insulza advirtió respecto a la peligrosidad del envió de naves de guerra al Atlántico Sur y subrayó el “contrasentido de poner tono belicista a un conflicto con un país que en los últimos años ha expresado su voluntad de paz y no ha dado ninguna señal de querer cambiar esa política”.

Al hacer referencia a la determinación de los gobiernos de los países del Mercosur de negarse a recibir barcos con bandera de las islas, Insulza expresó su total coincidencia con esta postura, señalando que “Gran Bretaña no debería tratar de forzar el ingreso a los puertos de América Latina y el Caribe de una bandera no reconocida por la comunidad internacional”.

En consonancia con el respaldo a la Argentina expresado por el Secretario General, “año a año la Asamblea General de la OEA reitera la vigencia de la resolución adoptada por consenso el 19 de noviembre de 1988”, reiteró el organismo interamericano.

La misma pide “a los gobiernos de la República Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte que reanuden las negociaciones, a fin de encontrar, a la brevedad posible, una solución pacífica a la disputa de soberanía”.

Fuente Apegeba.
GB

N° 784 - Epopeya de una nación mutilada Agende de Reflexion.





Libro de culto en los años 60 y 70, Historia de la Nación Latinoamericana, el texto de Abelardo Ramos, es crucial para entender el sueño inconcluso de la unidad americana.

Por Horacio González
[Director de la Biblioteca Nacional]

La mordacidad combatiente, el ojo aguzado para la ironía y el chascarrillo constante no le impedían a la obra de Jorge Abelardo Ramos (1921-1994) transitar por los grandes panoramas históricos. Al contrario, el espíritu satírico de Ramos proviene de su concepción histórica: la promesa y el resquebrajamiento de los significados de una historia de gesta.

Hay un tema casi obsesivo en Historia de la Nación Latinoamericana , libro que estaba prefigurado por el muy temprano América Latina: un país y cuya versión actual es producto de numerosas reescrituras, en las que se hallaba trabajando Ramos al momento de su muerte. Es el tema de una agonía colectiva de la empresa que no por hipotética deja de coleccionar fracasos trágicos, esa Nación Latinoamericana, gran personaje de Ramos casi forjado a la manera de una obra de Gogol, cuya “corrosiva comicidad” había festejado de joven en un artículo firmado con uno de los tantos pseudónimos que cultivaba. Esa persona colectiva produce cumbres iluminadas y abismos frustrantes que exigen el concurso de un aliento cáustico, que es el contrapunto necesario con el sentido épico de la historia. Sin estos traspiés contrastantes no se entiende la obra de Ramos.

En efecto, Ramos escribe un vigoroso cantar de gesta con un concepto que extrae de uno de sus maestros, León Trotsky -los Estados Unidos de América Latina-, pero con un estilo que sin ser su secreto mejor guardado, no siempre figuró en primer plano a la hora de interpretarlo: Ramos fue un gran escritor satírico que no expulsaba de sus narraciones el excedente picaresco que tiene toda historia.

El mismo era un gran contador de historias a las que sabía ponerle el ingrediente socarrón que en el fondo traducía la hendidura por la cual aparecía el desengaño por una gran epopeya extraviada.

Historia de la Nación Latinoamericana es una obra de un vastísimo despliegue bibliográfico, lo que permite considerar a Ramos uno de los más importantes bibliófilos argentinos, una suerte de Ernesto Quesada tensionado por un pathos político que ponía en las penumbras su formidable y despareja erudición.

Su vocación política es la de un fundador de partidos, pero antes, la de un gran editor y publicista, y aún antes, la de un apasionado librero.

Al releer esta Historia de la Nación Latinoamericana saltan a la memoria del lector libros que hoy parecen enterrados en un submundo, una prehistoria de la lectura social e histórica argentina, como el clásico del historiador y economista italiano Antonello Gerbi, La disputa por el nuevo mundo (que tanto le sirviera al socialista José Aricó para su trabajo sobre Marx y América Latina), hasta la Autobiografía de Victoria Ocampo, uno de los nombres reconocibles sobre los que ensaya una regocijada befa.

Gran aficionado a metáforas perdurables, la figura de la balcanización es una de las que se sitúa en el centro de su obra, y sin que Ramos la haya inventado, hizo pertinaz ese nombre para el análisis de la tendencia a la disgregación de los Estados latinoamericanos luego de las guerras emancipadoras.

Sin embargo, Ramos le da un dramatismo -diríamos una teatralidad explicativa- que pone a cada personaje, un Bolívar, un Martí, un Artigas, un Perón, un Prestes, ante un ramillete de opciones que es la libertad de índole trágica que posee la historia en su esencia última, y que Ramos percibe desde su “marxismo de Indias”, al que siempre se le vio su dimensión nacional y social, pero mucho menos lo que podría ahora percibirse, su tesis nunca escrita sobre la condición agónica de los procesos históricos.

Un lugar común del debate argentino consiste en contraponer a Tulio Halperín Donghi con Jorge Abelardo Ramos. No es así, si nos adentramos a un pequeño cotejo de la Historia de la Nación Latinoamericana de este último, con Historia contemporánea de América Latina , de Halperín. Las diferencias ya las sabemos y ambos las dijeron de sí mismos y del otro. Halperín denominó historia satanizadora a la que hacía Scalabrini Ortiz al juzgar el papel de Inglaterra en las historias latinoamericanas. El mote sería aplicable a Ramos, pero dice Halperín de Bolívar: “A los veintiún años ya era un hombre íntimamente desesperado y pese a su aparente movilidad de carácter, este rasgo estaba destinado a durar”.

¿Es posible evitar siempre un sentido destinal en las cosas, como lo revela este juicio de Halperín, y al mismo tiempo, no es posible ver al Bolívar de Ramos en su propia congoja, “hablando de una nación latinoamericana pero fundando una provincia, Bolivia” o “parecía un espectro y toda su política se veía espectral”? Hay una “larga agonía” de las voluntades históricas de Ramos como una ironía de la historia, con suaves demonios que nunca logran lo que buscan, bajo la mordiente mirada de Halperín.

Historia de la Nación Latinoamericana es un libro trabajado con su rara erudición, sus delicias sediciosas y su incesante espíritu burlón, con el que traducía la dolorida cuestión de la “inconclusión” de la unidad entre naciones que postulaba Ramos.

La obra merece ahora un juicio más atento de los lectores actuales. Es un libro crucial, desordenado, hijo de una pasión y de un humor paradojal, que era la marca registrada de las más recordables invectivas de Ramos.

Dice del historiador boliviano Alcides Arguedas: “Se pasaba la vida en Cuilly, cerca de París; cortaba rosas de Francia por la mañana y redactaba dicterios contra los indios de su país por la tarde”. A un escritor así le gustaba el goce de vivir. Como gran esgrimista del ensayo político, su deleite y su agonía podía consistir en una buena estocada, dibujando un exacto arabesco en el aire.

Prof GB

jueves, 9 de febrero de 2012

RODOLFO WALSH Y EL GENERAL

El guardia civil pregunta el nombre, consulta su lista,
abre la puerta del parque. El tenue sol madrileño quita de
las rodillas la lluvia de París, funde la nieve de Praga.
En la casa me recibe el secretario discreto, urgido por
irradiación cotidiana. Yo sé que debería estar observando
los detalles pero no veo más que la alfombra, el
artesonado, la penumbra de la sala donde enseguida
aparece el Viejo, su voz tranquila. Me estaba esperando.
Sigue alto y erguido, indestructible. Se agacha un poco
para darme la mano.

“Lo estaba esperando “dice.
“Tenía muchos deseos de conocerlo “aseguro.

Todo es claro y ordenado en su despacho: libros en los
anaqueles, un Martín Fierro a caballo, el banderín
argentino, Juan XXIII bajo el vidrio del escritorio.
Cuando se sienta, veo por primera vez la desollada cara
del Viejo, la cascada de venitas rojas que no aparece en
las fotos o que las fotos olvidan, lo mismo que uno.

“¿Café? “dice”, ¿Coñac?
Ofrece Winstons, se inclina hacia adelante para dar
fuego con el encendedor de oro. Tal vez me he quedado
dormido en alguna butaca de algún aeropuerto en alguna
indescifrable escala nocturna y este sueño preocupado es
una broma del cansancio. Pero el Viejo está allí, veo el
traje pizarra, el pulóver rojo, las ideas que se ordenan en
su cara, la embellecen, escucho la voz persuasiva que
habla del mundo, sus grandes movimientos circulares, sus
leyes inmutables.

“A los imperios no los derriba nadie “dice”. Se pudren
por dentro, se caen solos.
Solos, pienso.
Parece que adivina.

“Cuando alguien los empuja “dice, recuerda”. En este
continente yo los he enfrentado
“dice, anulando de un
golpe la distancia, regresando o no partiendo nunca,
clavado a este continente que no es este, no es la
muchacha que vuelve y sirve el coñac y sirve el café.

“Café sin cafeína “dice el Viejo”. Es más sano. Mire
Vietnam “
dice.

Miro Vietnam: sonrisas ambiguas, pisadas nocturnas en
la selva húmeda, espaldas maternas cargando abuses, una
bandera roja flameando sobre Hué bajo una lluvia
incesante de napalm.

“Los militares yanquis “explica” son muy brutos, no leen
la historia, creen que la guerra se gana con el ejército.
Otra vez el gesto circular abarca las edades, los
pueblos, el orgullo pisoteado, Roma se derrumba en el
espejo de la memoria y la voz del Viejo parece que gozara.
“Líneas de abastecimiento. Lo sabe un cadete.
Toma su café sin cafeína.

“Ya no les quedan amigos en el mundo “dice.
“Si estos se salvan “dice” será porque tienen dos
océanos de por medio.

“Pero a usted lo derrocaron.
“A mi me derrocó la Sinarquía “aclara”. Después vinieron a
buscarme. Los yanquis “dice, rememora”. Cuántas veces.
“y usted.


Me pregunta si conozco el cuento del vasco. Escucho el
cuento del vasco, rodeado de parientes, que no quería
firmar el testamento. El índice del Viejo va y viene
despacio sobre el índice izquierdo, preparando la pregunta,
la pausa, el corte de manga, su porfiada respuesta. Y
ahora no sé cuál es mi risa, cuál es la suya, la del Papa
Juan divertido a su modo en el cromo.

El círculo pulsa, se achica, se concentra. El Viejo desliza
sobre el vidrio una caja taraceada de tabacos. Tomo uno,
lo hago girar entre los dedos, aspiro su lejano aroma.

“Me los manda Fidel “dice el Viejo”. Cómo están por
allá."
“Siempre preguntan por usted.
Es cierto: siempre preguntan por él.
"Esperaban su visita “digo.
"Me hubiera gustado ir “suspira”.

No ha llegado el
momento. Usted sabe, había que pasar por Moscú.


El periódico sigue inmóvil sobre el escritorio, con sus
terremotos, naufragios, sobresaltos del oro, el nuevo
récord de Iberia: seis horas, treinta y dos minutos, vuelo
directo. No veo las manos del Viejo, tal vez el índice
derecho sigue moviéndose despacito sobre el izquierdo,
debajo de la mesa, una broma conjunta que podemos
apreciar.

El círculo ha vuelto a crecer, las costas se dilatan, la
selva. América. Ahora hablamos de los muertos. El Viejo
guarda la caja de tabacos, saca un libro abierto en la
dedicatoria de “un adversario que evolucionó”, la firma
brevísima del gran muerto reciente () cuyas cenizas
llueven sobre mil ciudades, que anda por ahí asomado a
las cocinas, a los dormitorios, probando el caldo de las
ollas, creciendo en los huesos de los chicos.
“Tenía el fuego sagrado “dice el Viejo”. Lástima que no
trabajara para nosotros “y la cara se le nubla,
de pena, desconcierto, quién sabe.
“El pensaba que había que apurarse.
“Sí, pero ya ve.

“Porque ellos creen que Vietnam se acaba, y que
después caerán sobre ellos,
sobre nosotros “digo”. Por eso
estaban apurados.
“La guerra es larga “responde sin apuro.
Vuelvo a mirarlo como si yo fuera el Viejo y él tuviera
un largo futuro por delante.
Si él quisiera, pienso.
La puerta se abre sola. Un fogonazo de alegría alumbra
la cara surcada de venitas del Viejo, que se para, avanza
hacia el perro lanudo que entra en dos patas. Yo miro el
despliegue de mimos y festejos que corta las preguntas,
acaso la entrevista.
Pero el Viejo vuelve, se sienta.
“Otro café “dice.
De la manga del saco sale otra anécdota, como otro
conejo. Cada vez que el general Roca recibía al embajador
boliviano, ponía dos sillas. Una para el embajador, otra
para la mala fe.
“Yo le mandé decir que tuviera cuidado, que desconfiara
de esa gente. No era tiempo.
“Cuándo entonces “digo.
“Yo he esperado mucho.

Tal vez lo estoy fastidiando, acaso va a mirar su reloj,
usar un pretexto que no necesita, la mujer que atravesó el
Atlántico para conseguir su dedicatoria en una foto, el
dirigente que aguarda en la sala su epifanía de palabras
lejos, vestales con pinta de herederos, tahúres de doble
entraña, empresarios dispuestos a compartir las pérdidas,
terratenientes a socializar los caminos, clérigos a repartir
el reino de los cielos, gorilas convertidos.

El arresto del último general que casi se subleva flota
sobre los pocillos de café sin cafeína.
“Es un buen muchacho “sugiere”. Le vaya contar un
chiste “sugiere.
Las once de la mañana entran por el ventanal,
aclarando la sonrisa.
Un empresario americano fue a Brasil, donde querían
comprar petróleo; fue a Kuwait: querían vender petróleo;
a Grecia: les propone transportar petróleo. Armó el
negocio, se quedó con la mitad. Los otros le peguntaron:
¿Pero usted qué pone?
“¿Cómo qué pongo?”, dijo el empresario “dice el Viejo”.
“Yo pongo el Atlántico.”


Con este muchacho pasa lo
mismo. El ejército pone las armas. Nosotros ponemos la
gente. ¿y él qué pone? ¿La patria?
Risas. Imposible no reír cuando el Viejo cuenta un
chiste, porque lo cuenta muy bien. Pero consigue que el
cotejo con la realidad parezca un segundo chiste, mejor
que el primero.
Ahora sí, ha mirado su reloj. De golpe entiendo que he
pasado horas sumergido en la envolvente conversación del
Viejo, como quien escuchara a cualquier padre, y que al
salir estaré caminando por una calle de Puerta de Hierro,
de Southampton, de Martín Garda, con todas las
preguntas sin hacer.
“Esa mujer “digo.
Su cara es gris. Una muralla.
“Creo que la quemaron “dice.
“No la quemaron “fantaseo”. Está en un jardín, en una
embajada, de pie, una estatua bajo tierra, donde llueve
“digo. Llueve siempre, pienso, y ella se pudre.
“Puede ser "su cara es más remota que nunca”. Algún
día se sabrá.
“y los otros muertos “quiero saber”. Los fusilados, los
torturados.
Un ramaje de la vieja cólera circula por su cara,
relámpago entre nubes.
“El pueblo pedirá cuentas.
“¿Cuándo?
“Algún día. Saldrá a la calle, como el 56, el 57.“¿Por qué no ha vuelto a salir?
“Porque yo no he querido “dice.“¿Cuándo, general, cuándo?

GB