viernes, 2 de noviembre de 2012

IDENTIDAD, POR SUSANA CELLA, OPINION, 1ra PARTE

Nos/ Otros

El tema del "otro" y del "otro semejante" interesa  en cuanto a las posibles formas de comunicación y de constitución del yo: ¿qué sería lo que el otro hace sobre la conciencia de sí mismo? Y a la inversa, ¿puede uno colocarse en el lugar de otro, en tanto una de las formas de la com-pasión, com-pañía, com-prensión? Las cuestiones referidas al encuentro con el otro, implican la consideración de una serie de posibilidades que van desde verlo como objeto del yo: objeto de deseo, como sea el que sea: conocerlo, sentirlo, entenderlo, tender a la identificación, o verlo como límite de las propias acciones, concebirlo como rival o enemigo. Se trata entonces de analizar tal lógica para mostrar la falacia e hipocresía que conlleva y para contraponerle una forma de relación interhumana, con el semejante, con el diferente, sustentada en la posibilidad del encuentro con el otro en una sociedad fracturada.

Por Susana Cella*
(para La Tecl@ Eñe)


Quisiera comenzar por una escena en un supermercado: entra un hombre muy lejos de toda traza de señorito, se acerca a la boliviana que vende las verduras y le pide manzanas, ella le contesta que se habían terminado, el agreste muchacho le dice: ¡Boliviana de mierda!  Y se va, furioso. Una chica que estaba haciendo la fila, se indigna por el insulto del tipo, y en solidaridad con su hermana latinoamericana a su vez le grita: ¡Andate, negro de mierda!  Otro episodio: dice una señora refiriéndose a un funcionario público de poco limpia trayectoria: ¡A ese negro no lo puedo ver! La hija de la señora, reprocha a su madre la expresión tan políticamente incorrecta, y la madre responde: Yo no tengo nada contra la gente negra [sic], que es toda muy buena, nada más que a ese le digo negro para insultarlo.

En nítidos colores, las anécdotas van hacia algo que anda circulando entre nosotros, en los discursos de todos los días, en una trama de vindicaciones pero sobre todo en manifestaciones de odio que pueden no alcanzar la dimensión del exabrupto pero que más o menos solapadas no dejan de percibirse, aun en detalles como una expresión facial, una frase en apariencia inocente pero altamente descalificadora, una ironía “risueña”, o gestos y dichos que evidencian desprecios y ninguneos. Desde luego nadie está pensando en un armonioso mundo, imposible por otra parte dada nuestra llamada naturaleza humana (baste aludir aquí a El malestar en la cultura para saber de qué hablo. Ni tampoco a esa escena desconflictuada y aséptica como quirófano, que David Viñas supo describir como “la comunión de los santos”, sin pólemos, sin debate, anodinamente siniestra.
 
Sin embargo, en este hoy, en la proliferación de expresiones diversas que remiten a un imaginario de jerarquías (imaginarias también), se evidencia un síntoma que remite como huevo de la serpiente, a posicionamientos en las relaciones sociales, mostradas en su desnudez en ciertos enunciados que sin tapujos sencillamente proclaman el aniquilamiento del otro. De ahí, ciertas reflexiones acerca de lo que se denomina "el otro" y que incluye al semejante. El tema del "otro" y del "otro semejante" interesa  en cuanto a las posibles formas de comunicación y de constitución del yo: ¿qué sería lo que el otro hace sobre la conciencia del sí mismo, sirve como medio o como obstáculo para capturar mi imagen, o mi ideal de imagen, y a la inversa, puede uno colocarse en el lugar de otro, en tanto una de las formas de la com-pasión, com-pañía, com-prensión, etc.?
 
 Las cuestiones referidas al encuentro con el otro, implican la consideración de una serie de posibilidades que van desde verlo como objeto del yo: objeto de deseo, sea el que sea: conocerlo, sentirlo, entenderlo, tender a la identificación, verlo como límite de las propias acciones, concebirlo como rival, enemigo. Una especie de fractura en el tejido de las relaciones interhumanas tendría como horizonte máximo las prácticas más aberrantes de la tortura tendientes a reducir al otro a lo no humano hasta llegar, incluso más allá de lo genérico, más allá de la animalidad, hasta la bestialidad que sin embargo se ejerce mediante procedimientos específicamente humanos: la lógica de la humillación, la tortura psicofísica. Pero más acá y cotidianamente, cuáles son las prácticas que se realizan cuando se conjugan sin contradicción aparente fórmulas como proclamación de ética o transparencia con toda clase de trampas y subterfugios "legales" o "legalizados". Se trata entonces de analizar tal lógica para mostrar la falacia e hipocresía que conlleva y para contraponerle una forma de relación interhumana, con el semejante, con el diferente, sustentada en la posibilidad del encuentro con el otro en una sociedad fracturada.
 
Me parece importante encarar la cuestión de lo que genéricamente podemos denominar "las relaciones con los demás" y que actúan no sólo en los ámbitos de lo cotidiano sino también en las prácticas relativas a lo que se vincula con lo político y social en un aspecto no restringido, sino amplio: en el marco de instituciones de todo tipo, en el interior de las mismas, en las acciones que se desarrollan, etc. tratando de ver cuáles son las situaciones intersubjetivas que se establecen en relación con rupturas de vínculos sociales y  modalidades de relaciones intersubjetivas.
 
Las reflexiones acerca de la otredad, ya sea teniendo en cuenta lo que difiere de un yo, como lo que difiere de un nosotros que nos induce a pensar en las posibles especulaciones acerca de ese nos-otros y los otros, se vinculan con lo que atañe a las formas de semejanza y al mismo tiempo nos llevan también a repensar el concepto de identidad.
Jean Marie Benoist señalaba, en ocasión del Seminario sobre la identidad convocado por Claude Lévi-Strauss en 1974:  “Ya vemos perfilarse los dos límites de una problemática de la identidad oscilando entre el polo de una singularidad desconectada y el de una unidad globalizante, poco respetuosa de las diferencias"
 
CONTINUA
 
Prof GB

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