martes, 27 de noviembre de 2012

ALTOS HORNOS ZAPLA

Altos Hornos Zapla y SOMISA: del influjo estatista a la privatización

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En sus inicios Altos Hornos Zapla fue, junto con SOMISA, parte de un proyecto nacional de amplio alcance que sin embargo no logró concretarse en toda su extensión. Palpalá, la ciudad que contenía a la fábrica era identificada como “Ciudad madre de industrias”.
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Por Liliana Bergesio y Fernando Castillo* I Muchas veces se ha proclamado las virtudes de una sociedad industrial. Esta parece conformarse no de un conjunto de fábricas aisladas sino de un sistema social y económico. En él cobra un especial protagonismo la producción siderúrgica ya que es parte esencial del desarrollo industrial. En Argentina estas afirmaciones parecen haber regido el ideario que, en la década de 1940, culminaron con la formulación Plan Siderúrgico Argentino, liderado por el General Manuel Savio. El argumento central de Savio radicaba en dos elementos coadyuvantes: en la preponderancia de la siderurgia y la mutación de la situación preponderantemente agrícola-ganadera del país. Tales orientaciones se fundaban no sólo en motivos económicos y productivos sino también en una cuestión de soberanía nacional. La insistencia de Savio daría sus frutos desde los albores mismos del decenio mencionado: en 1941, mediante la ley 12.709, se instituiría la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM); en los años subsiguientes se constituiría Altos Hornos Zapla (AHZ) en la localidad de Palpalá (Provincia de Jujuy) y se formularía el Plan Siderúrgico Argentino, que sentaría las bases para la Sociedad Mixta Siderurgia Argentina (SOMISA).
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La historia de AHZ se inició en 1941. Luego de que se tomara conocimiento de la existencia de mineral de hierro en las Serranías de Zapla (próximas la capital de Jujuy), el yacimiento descubierto fue declarado zona de reserva, en virtud de decretos conjuntos de los gobiernos nacional y provincial. Durante el año siguiente, se aprobó para su explotación e industrialización el convenio celebrado entre la provincia y la DGFM, a la cual estaría institucionalmente vinculada la explotación del mineral de hierro y su procesamiento siderúrgico. Cumplidos los requisitos legales, el 23 de enero de 1943 se creó el establecimiento con el nombre de Altos Hornos Zapla. Realizados los estudios definitivos, proyectos y obras necesarias para el funcionamiento del nuevo organismo, el 11 de octubre de 1945 se efectuó finalmente allí la primera colada de arrabio argentino.
Cada uno de los momentos de la ulterior trayectoria histórica de AHZ no constituyó una serie de eventos azarosos, sino que fueron pautados en consideración de rigurosas evaluaciones y proyecciones. La constitución y ordenamiento del esquema productivo de AHZ se basó en los principios fundamentales del Plan Siderúrgico Argentino. El conjunto de sus prácticas ligadas a AHZ fueron planteadas así como una serie de programas articulados al diseño del plan. Esta última suponía en términos generales la constitución de las condiciones necesarias para el desarrollo y la consolidación de la industria siderúrgica nacional. Sus metas bosquejadas se asentarían y desplegarían sobre diferentes tipos de unidades fabriles, las cuales a partir de la división del trabajo habrían de desarrollar tareas específicas: las explotaciones de hierro y las plantas siderúrgicas estatales; los establecimientos industriales de SOMISA (cuyo objetivo apuntaría a la producción de arrabio y la elaboración de aceros semiterminados y terminados); y las fábricas de otras sociedades mixtas y las plantas dependientes del capital privado (estas últimas, con el fin de producir aceros terminados).
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Las proposiciones de la Ley Savio sugerían así una serie de pautas básicas sobre la articulación de las relaciones entre diferentes puntos del campo privado y del estatal. Al margen del marco reglamentario que en esta Ley se esbozó para regular las relaciones entre estas dos esferas en torno a SOMISA, se propusieron una serie de ciertos flujos hipotéticos que habrían de sostener la producción siderúrgica argentina en función de la integración de las dos esferas. En este esquema, el mineral de hierro se transforma en acero y realiza un pasaje hacia su terminación entre un establecimiento y otro. Este movimiento se desarrollaría partiendo de empresas estatales que abastecerían al final del ciclo del mineral a las empresas privadas. Como se pone de manifiesto, la producción de acero se sustentaría, entonces, en la unificación de los campos privados y estatales.
El devenir de AHZ se constituyó en función de varios y diversos itinerarios, articulados alrededor de la producción del acero. Sin embargo, la coexistencia de trayectorias disímiles de diversos actores sociales en su seno permite poner en evidencia no sólo el desbalance entre los recorridos de los centros productivos, sino también que la historia de AHZ no fue necesariamente lineal y progresiva. La construcción de múltiples identidades –vinculadas a las particularidades geográficas de los centros y las especificidades de las prácticas laborales–, y las relaciones complejas entre los centros y sus pobladores además de los procesos de diferenciación inherentes a la dinámica de la fábrica como las diversas trayectorias de género o las particularidades de las diversas barriadas, implican que el acopio de avances técnicos y el crecimiento de los volúmenes de acero elaborado no pueden dar cuenta por sí solos de la complejidad de la experiencia de AHZ.
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Todas estas diversas trayectorias, que giraban en torno a la producción siderúrgica, convergieron finalmente, luego que cesara la política expansiva, en el fatídico punto de la privatización del establecimiento. Ya desde la década de 1980 la empresa venia sobrellevando un proceso de desmantelamiento que colaboró con la rápida y poca debatida venta.
El proceso privatizador de AHZ comienza a poco de asumir el Gobierno Nacional el Dr. Carlos Menem. En ese momento, el trámite parlamentario para la ejecución de AHZ se destacó por su celeridad ya que solo demoró un mes. En octubre de 1991, un antiguo ingeniero de AHZ, eleva a la DGFM un informe de la “Situación actual y perspectivas futuras” de la fábrica. Allí afirma que: “La planta está prácticamente paralizada. Los centros 9 de Octubre y Puesto Viejo también desactivados. El Centro Forestal parado y sin realizar ninguna actividad significativa. El Centro Siderúrgico reducido a su mínima expresión. La totalidad de Altos Hornos parado y en condiciones variables de reactivación. (…) Las muy pocas instalaciones que esporádicamente se mueven, funcionan irregularmente, afectadas por inconvenientes técnicos, inadecuado mantenimiento de los equipos, dificultades ocasionadas por la mínima producción de aceros y escasez de insumos importantes, como ser mineral de hierro, carbón vegetal, chatarra, ladrillos refractarios, etc., cuyas existencias son nulas o mínimas”.(NICODEMO, Miguel: Mis primeros cincuenta años en la siderurgia del país. 2004:51)
Un mes después de ese informe, un diario jujeño, informaba en su portada: “Menem firmó el decreto para privatizar Altos Hornos Zapla” y en la nota se dice que: “Zapla, junto con SOMISA constituyen las dos grandes compañías siderúrgicas estatales, se encuentra actualmente en estado de mínima producción y en un proceso de racionalización de gastos que redujo el número de trabajadores de casi 8.000 que tuvo en sus mejores épocas a 2.560 obreros actuales”.(Diario Pregón, San Salvador de Jujuy, 8 de noviembre de 1991; pág. 1.)
Entre finales de 1991 y enero de 1992 se establecen las condiciones de adjudicación de la licitación que incluían la venta del 90% de los activos de la compañía, quedando el 10% restante para el programa de propiedad participada voluntaria de los trabajadores de la empresa (pago que aún se encuentra pendiente entre otros compromisos que se asumieron allí y tampoco se cumplieron). El 31 de enero de 1992 se conoció al único oferente que luego se convirtió en el adjudicatario, un consorcio formado por capitales argentinos, franceses y estadounidenses cuyo nombre es Aceros Zapla.
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Pero esto trajo grandes consecuencias para los ahora ex zapleros. La absorción de mano de obra de Aceros Zapla (entre 700 y 800 personas) fue en su mayoría de gente nueva, estimándose sólo en un 10% de esa cifra los ex-empleados reincorporados, cuyo mayor atractivo era su conocimiento específico del funcionamiento de determinadas maquinarias. La privatización implicó una reducción de más de dos mil puestos de trabajo en el lapso de un año, a lo que debe sumarse la paralización de las minas y los empleados que perdieron su trabajo en la empresa los años anteriores. La absorción de esta mano de obra es sumamente dificultosa en una ciudad de las dimensiones de Palpalá, teniendo en cuenta que los empleos eliminados en el breve período de un año representaban algo más de una décima parte de la población económicamente activa. En un contexto sin demasiadas alternativas ocupacionales, esto fue un golpe devastador para la economía local, y significó el fin de una inserción laboral estable para muchas familias.
Con posterioridad a la privatización, la ahora empresa Aceros Zapla S.A. introduce una serie de modificaciones en todos sus rubros. Todo ello cambió la relación de la empresa con los múltiples y diversos emprendimientos privados que por décadas trabajaron en vinculación con AHZ (ya sea como proveedores o con otros tipos de relación). La consecuencia fue el cierre de esas industrias menores vinculadas y la reconversión del perfil productivo de Palpalá.
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En sus inicios AHZ fue, junto con SOMISA, parte de un proyecto nacional de amplio alcance que, sin embargo, no logró concretarse en toda su extensión. En el caso de AHZ, éste constituyó en principio un centro neurálgico de desarrollo regional –que engarzado en el marco de un proyecto nacional, colaboró en el desarrollo de industrias no centralizadas en la pampa húmeda ni próximas al puerto de Buenos Aires e impactó a escala nacional– que devino luego en una empresa privada con poco impacto local tanto en el empleo directo como en el indirecto. Palpalá, la ciudad que contenía a la fábrica, y con la cual tenía una relación simbiótica, era identificada como “Ciudad madre de industrias”, porque allí se generaba el acero que alimentaba a las industrias de todo el país, pero además albergaba a numerosos establecimientos fabriles menores que se vinculaban con AHZ. Hoy poco queda de esa heredad y descendencia.

Liliana Bergesio es Licenciada en Antropología. Especialista en Docencia Superior. Mg. en Teoría y Metodología de las Ciencias Sociales. UNICCS-FHyCS-UNJu.
Fernando Castillo es Licenciado en Comunicación Social. CONICET/UNIRH-FHyCS-UNJu.

GB

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